jueves, 8 de octubre de 2020

"Hágase tu voluntad" (cfr. Mt 26, 39)

«Así también les digo a ustedes: Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá. Porque quien pide, recibe; quien busca, encuentra, y al que toca, se le abre» (cfr. Lc 11, 5-13). Estas palabras de Jesús a sus discípulos son un estímulo para que acudamos continuamente al Señor. Él lo desea. A continuación transcribo algunos párrafos en los que Romano Guardini nos explica en qué consiste la oración de petición. Espero que sean de provecho para todos (cfr. R. Guardini, Introducción a la vida de oración, pp. 92 y ss.).

Catacumbas de Priscila

«Lo que nosotros en nuestra oración pedimos no es propiamente una ayuda, esto es, algo añadido y supletorio. Nuestra vida toda descansa en Dios. Todo lo que hacemos depende de Dios y está encaminado a Dios (…). El sentido de la oración de petición en su significado más profundo, no es propiamente obtención de ayuda para solucionar alguna situación difícil, sino la consecución de la gracia en el sentido amplio y estricto de esta palabra. Constantemente debe brotar de nuestro corazón la petición, porque constantemente vivimos y actuamos sostenidos por el concurso divino. La oración de petición es por tanto tan necesaria como la respiración».

«Nuestra oración de petición no debe tampoco prescindir de los demás hombres (…). Debemos también presentar a Dios los grandes problemas de la comunidad humana, las decisiones de la historia, los problemas de nuestro pueblo, las dificultades de nuestro tiempo. Cada uno de nosotros es en cierto modo responsable de la totalidad de la comunidad humana».

«Constantemente debemos dirigirnos a Dios con nuestras peticiones. Nuestra oración de petición no debe brotar solamente en la necesidad. Debe ser la constante llamada de la creatura a su Creador en busca de fuerza creadora y gracia santificadora. De ahí que toda petición debe contener implícita la condición, pero no se haga como yo quiero, sino según tu voluntad (Mt 26, 39). Nosotros no sabemos si aquello que pedimos nos conviene. No sabemos si la solución, que buscamos para una situación, es la acertada (…). Nosotros solamente vemos y comprendemos una parte de nuestra vida; la otra parte —la mayor— queda en el misterio de Dios. Precisamente a esta parte se refieren fundamentalmente nuestras peticiones; debemos, por lo tanto, estar dispuestos a recibir lo que desde esta perspectiva —para nosotros desconocida— puede sernos conveniente (…). La petición fundamental, la petición de las peticiones debe ser: Hágase tu voluntad. No solamente porque esta voluntad es irresistible e ineludible, sino porque es verdaderamente santa y contiene todo lo que es digno de ser». 

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