martes, 28 de julio de 2020

El misterio del mal

«“En aquel tiempo, Jesús despidió a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron los discípulos y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo”». Entonces, Jesús les dice: “El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del demonio; el enemigo que la siembra es del demonio; el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles”» (cfr. Mt 13, 36-43).

Anton Raphael Mengs | Neoclassical painter | Tutt'Art@ | Pittura ...
Inmaculada Concepción. Antón Rafael Mengs (s.XVIII)

San Juan Pablo II, en una de sus catequesis, se refiere a la realidad del mal en el mundo, el pecado, al principio y a lo largo de toda la historia humana. Lo hace comentando una cita de la Gaudium et spes (n. 2) sobre el mundo: “fundado y conservado por el amor del Creador, esclavizado bajo la servidumbre del pecado, pero liberado por Cristo, crucificado y resucitado, roto el poder del demonio, para que el mundo se transforme según el propósito divino y llegue a su consumación”. Y continúa el comentario del Papa: “Al intentar reconstruir una imagen sintética del pecado, nos servimos también de todo lo que dice de él la variada experiencia del hombre a lo largo de los siglos. Pero no olvidamos que el pecado es en sí mismo un misterio de iniquidad [ver artículo], cuyo comienzo en la historia, y también su desarrollo sucesivo, no se pueden comprender totalmente sin referencia al misterio de Dios-Creador, y en particular del Creador de los seres que están hechos a imagen y semejanza suya. Las palabras del Vaticano II que acabamos de citar, dicen que el misterio del mal y del pecado, el "mysterium iniquitatis", no puede comprenderse sin referencia al misterio de la redención, al "mysterium paschale" de Jesucristo, como hemos observado desde la primera catequesis de este ciclo. Precisamente esta "lógica de fe" se expresa ya en los símbolos más antiguos” (Audiencia, 10-XII-1986).

Jesús es nuestra Esperanza: “pasó haciendo el bien” (cfr. Hch 10, 38) y, además, como dice J. Ratzinger, todo lo hizo según la “ley de la abundancia” (Introducción al cristianismo, Ed. Sígueme, p. 225). Dios hace todo bien y a lo grande. Tiene razón el refrán español cuando dice: “Lo que abunda no daña / si no es mal ni cizaña”. Sólo puede dañar la cizaña, el misterio del mal (“mysterium iniquitatis”, cfr. 2 Tes 2, 7), pero la gracia de Cristo es más fuerte: “donde abundó el pecado, superabundó la gracia” (Rom 5, 20). ¡Laus Deo!

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