«Esto es lo que el Señor me dijo: “Jeremías, ve a la casa del alfarero y ahí te haré oír mis palabras (…). Como está el barro en las manos del alfarero, así ustedes, casa de Israel, están en mis manos”» (cfr. Jer 18, 1-6).
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Vasija de barro egipcia |
Con frecuencia el Señor da lecciones a
Jeremías mediante imágenes. El profeta no habla. Sólo mira y medita.
Hay otras imágenes que emplea el Señor para
darnos a entender el gran peligro de la soberbia. Hace poco meditábamos la parábola del sembrador (cfr. Mt 13 3,
9)) El terreno menos apto para que crezca la semilla es el camino duro. Los
demás terrenos (el pedregoso y el que está lleno de malas hierbas) al menos
dejan penetrar la semilla. El terreno
duro del camino la rechaza por completo. Así son los corazones
empedernidos, indiferentes, endurecidos por la rutina y el desamor.
Ese endurecimiento se debe al amor propio, que es el origen de todos los pecados. ¡Qué
importante es desprenderse del propio yo! Es nuestro mayor enemigo.
En cambio, ser barro moldeable en las manos del Señor; desear vivir en su Voluntad;
estar dispuestos a que Él vaya guiándonos en el camino de nuestra vida a través
de su Providencia, ¡qué gozo y qué alegría!