viernes, 8 de enero de 2021

El valor de las revelaciones privadas

Como recordábamos en la última entrada, el mensaje de Garabandal tiene un contenido escatológico, que va unido al resto de lo que Nuestra Señora quería comunicar a las niñas.

Seguramente muchos de nosotros hemos conocido bien los detalles de las apariciones que tuvieron lugar en Garabandal hace casi 60 años, y estamos convencidos de que son verdaderas, de la verdad de su contenido, y también de su verdad profética y escatológica (el Aviso, el Milagro, el Castigo).

Las cuatro niñas de Garabandal

Además, nos damos cuenta del gran bien que ese mensaje ha hecho a muchísimas personas y de cómo nos impulsa a buscar la santidad con más decisión. Sin embargo, notamos, en muchos de nuestros conocidos, una resistencia a “creer” en ellas, o de al menos interesarse por conocerlas.

Por otra parte, en los últimos años, gracias a la facilidad para conocer lo que pasa en todo el mundo, hemos sabido de la existencia de muchas revelaciones privadas, del Señor o de la Virgen. Si quisiéramos hacer una lista de ellas, seríamos incapaces de abarcarlas todas.

Es frecuente que nos encontremos amigos que nos hagan las siguientes preguntas: ¿un buen cristiano, debe interesarse por las apariciones y revelaciones privadas pasadas y actuales?; ¿se puede tener una fe madura sin tener en cuenta esas revelaciones?; ¿hasta qué punto es obligatorio aceptar que el Señor desea que nos interesemos por ellas y que escuchemos lo que nos quiere decir a través de ellas?

Me parece que, para responder a estas preguntas, además tener en cuenta las Normas sobre el modo de proceder en el discernimiento de presuntas apariciones y revelaciones (1978), y el Prefacio a las mismas de la Congregación para la Doctrina de la fe (2011), de  es necesario recordar lo que escribió Benedicto XVI en 2010) [las negritas son nuestras]:

«De este modo, la Iglesia expresa su conciencia de que Jesucristo es la Palabra definitiva de Dios; él es “el primero y el último” (Ap 1,17). Él ha dado su sentido definitivo a la creación y a la historia; por eso, estamos llamados a vivir el tiempo, a habitar la creación de Dios dentro de este ritmo escatológico de la Palabra; “la economía cristiana, por ser la alianza nueva y definitiva, nunca pasará; ni hay que esperar otra revelación pública antes de la gloriosa manifestación de Jesucristo nuestro Señor (cf. 1 Tm 6,14; Tt 2,13)” (Dei Verbum, n. 4). En efecto, como han recordado los Padres durante el Sínodo, la “especificidad del cristianismo se manifiesta en el acontecimiento Jesucristo, culmen de la Revelación, cumplimiento de las promesas de Dios y mediador del encuentro entre el hombre y Dios. Él, 'que nos ha revelado a Dios' (cf. Jn 1,18), es la Palabra única y definitiva entregada a la humanidad”. (Propositio 4). San Juan de la Cruz ha expresado admirablemente esta verdad: “Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra... Porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado a Él todo, dándonos el todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra cosa o novedad” (Subida al Monte Carmelo, II, 22)» (Exhortación Apostólica Postsinodal Verbum Domini, n. 14).   

Teniendo presente todo esto, el Santo Padre Benedicto XVI destaca:

«El Sínodo ha recomendado “ayudar a los fieles a distinguir bien la Palabra de Dios de las revelaciones privadas” (Propositio 47), cuya función “no es la de... 'completar'  la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia” (Catecismo de la Iglesia Católica, 67). El valor de las revelaciones privadas es esencialmente diferente al de la única revelación pública: ésta exige nuestra fe; en ella, en efecto, a través de palabras humanas y de la mediación de la comunidad viva de la Iglesia, Dios mismo nos habla. El criterio de verdad de una revelación privada es su orientación con respecto a Cristo. Cuando nos aleja de Él, entonces no procede ciertamente del Espíritu Santo, que nos guía hacia el Evangelio y no hacia fuera. La revelación privada es una ayuda para esta fe, y se manifiesta como creíble precisamente cuando remite a la única revelación pública. Por eso, la aprobación eclesiástica de una revelación privada indica esencialmente que su mensaje no contiene nada contrario a la fe y a las buenas costumbres; es lícito hacerlo público, y los fieles pueden dar su asentimiento de forma prudente. Una revelación privada puede introducir nuevos acentos, dar lugar a nuevas formas de piedad o profundizar las antiguas. Puede tener un cierto carácter profético (cf. 1 Ts 5,19-21) y prestar una ayuda válida para comprender y vivir mejor el Evangelio en el presente; de ahí que no se pueda descartar. Es una ayuda que se ofrece pero que no es obligatorio usarla. En cualquier caso, ha de ser un alimento de la fe, esperanza y caridad, que son para todos la vía permanente de la salvación. (Cfr. Congregación para la Doctrina de la Fe, El mensaje de Fátima, 26 de junio de 2000: Ench. Vat. 19, n 974-1021)» (Ibidem).

Me parece que cabe destacar la siguiente frase: “Es una ayuda que se ofrece pero que no es obligatorio usarla. Y también la palabra “puede”, utilizada varias veces al final de la cita, para indicar que es opcional aprovechar la ayuda que prestan las apariciones privadas a nuestra fe, para hacerla más madura (de ahí que, de entrada, no se puedan descartar: es decir, tener un prejuicio sistemático hacia ellas).

Por lo tanto pienso que hay que distinguir entre 1) el contenido escatológico de la Revelación (Dios Cosumador), que todos debemos de conocer y aplicar a nuestra vida cristiana, y 2) las formas opcionales de entender  y vivir ese contenido escatológico, como son las que conocemos a través de las revelaciones privadas o de las diversas interpretaciones que se pueden dar al contenido de la revelación sobre el Fin de los Tiempos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario