El problema de la profecía cristiana (3)

Continuamos reproduciendo parte de la entrevista que el Cardenal J. Ratzinger concedió a Niels Christian Hvidt sobre “El problema de la profecía cristiana” —y que aparece en el Tomo X de sus Obras Completas—, el 16 de marzo de 1988 (cfr. solidaridad.net).


Mañana celebraremos la Solemnidad de la Sagrada Familia y pasado mañana la Maternidad Divina de María. Son dos fiestas en las que contemplamos a Jesús, Señor Nuestro, pero también a María y a José. Joseph Ratzinger afirma, en la entrevista que reproducimos, que el título por excelencia que dan los Padres de la Iglesia a María es el de profetisa, y no el de sacerdotisa.

“Es en María que el término de profecía en sentido cristiano se define mejor, por cuanto hace referencia a esta capacidad interior de escucha, de percepción y de sensibilidad espiritual que les permite [a las mujeres] percibir el murmullo imperceptible del Espíritu Santo, asimilándolo, fecundándolo y ofreciéndolo al mundo” (cfr. Entrevista, a continuación).

Teniendo esto presente, se puede comprender lo que dice Jesús a Marga el 21 de mayo del 2011 (ver Tomo II digital, p. 319; cfr. sitio de la VDCJ) (en todos los mensajes a Marga que copiamos, las negritas son nuestras):

“¿No notáis vosotras [las mujeres] que vuestra alma está en superioridad a la del hombre a la hora de comprender las realidades sobrenaturales y estar más cerca de Dios? No es mérito vuestro. Es, simplemente, naturaleza”.

Me parece que esto no significa que no haya una igualdad fundamental entre los dos géneros (iguales en dignidad: ambos hijos de Dios). Los dos tienen la misma capacidad de amar, aunque de manera diferente. Lo importante es la respuesta personal al don recibido, de amor a Dios y al prójimo: aquí se decide la mayor o menor santidad de cada uno, sea hombre o mujer.

Antes de pasar a la entrevista —como hicimos también en los dos posts anteriores— copiamos algunas frases del Tomo III (El Reinado Eucarístico) de los Dictados de Jesús a Marga, en los que Jesús o la Virgen le hablan del don de profecía (qué es, cómo hay que entenderlo, qué valor tiene, etc.).

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El 13 de junio de 2014, Jesús le pregunta a Marga:

“Marga, ¿qué necesito yo de un profeta? Que sea ella misma, en su sencillez, sin rebuscamientos. Y que esté siempre atenta a mi Voz”.

Y el 17 de julio de 2014, María le dice:

“Las gentes que estudian las Profecías pueden llegar a incurrir en la locura, sí, porque por sus deducciones llegan a veces a conclusiones absurdas, de las que Yo me asombro a veces”.

En ese mismo mensaje, la Virgen le explica a Marga que el secreto para acertar es ser personas de oración, como lo fueron los Reyes Magos:

“Llevad una vida pulcra a mi lado y no seréis llevados por “el viento de las Profecías”. Rezad y sed hombres de oración y de vida recta, y sabréis interpretarlas”.

Nuestra Señora se lamenta con Marga de que los hombres no escuchamos la Voz de Dios (Mensaje del 17 de agosto de 2014):
   
“No sé qué hacer ya, hija mía, no sé qué hacer para llamar a todos. No responden a ningún Llamamiento, han cerrado los oídos y, por más que les hago señas, tampoco interpretan el lenguaje de los signos… No hay manera de comunicarse con éste pueblo (cfr. Am 5, 1; Isa 1, 14). También les doy Profetas y los rechazan. Por eso, querida, quiere siempre sufrir todo lo que el Señor quiera enviarte para lograr salvar a esta generación, que se condena porque camina derecha a la gehena, sin enderezar sus caminos”.

        En los mensajes que recibe Marga encontramos muchas características de la verdadera profecía y de los verdaderos profetas.  
  
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Lo que sigue es la continuación de la entrevista al Cardenal J.  Ratzinger. Las negritas y lo que está entre paréntesis cuadrados [ ] es nuestro.

Pregunta: Cuando se lee la historia de la Iglesia, resulta claro que la mayor parte de los profetas místicos son mujeres. ¿Éste es un hecho muy interesante que podría contribuir a la discusión sobre el sacerdocio de las mujeres? ¿Qué piensa usted?

Cardenal Ratzinger: Hay una antigua tradición patrística que no llama a María sacerdotisa, sino profetisa. El título de profetisa en la tradición patrística es el título por excelencia de María. Es en María que el término de profecía en sentido cristiano se define mejor, por cuanto hace referencia a esta capacidad interior de escucha, de percepción y de sensibilidad espiritual que les permite percibir el murmullo imperceptible del Espíritu Santo, asimilándolo, fecundándolo y ofreciéndolo al mundo. Se podría decir, en un cierto sentido, pero sin ser categóricos, que de hecho la línea mariana encarna el carácter profético de la Iglesia. María ha sido vista siempre por los Padres de la Iglesia como el arquetipo de los profetas cristianos, es aquéllos que parte la línea profética que entra posteriormente en la historia de la Iglesia. A esta línea pertenecen también las hermanas de los grandes santos. San Ambrosio debe a su santa hermana el camino espiritual que ha recorrido. Lo mismo vale para san Basilio y san Gregorio de Nisa, como también para san Benito. Posteriormente, en el Medioevo tardío, encontramos grandes figuras místicas, entre las cuales es necesario mencionar a santa Francisca Romana. En el siglo XVI encontramos a santa Teresa de Avila, quien ha desempeñado un rol muy importante en la evolución espiritual y doctrinal de san Juan de la Cruz.

La línea profética vinculada a las mujeres ha tenido gran importancia en la historia de la Iglesia. Santa Catalina de Siena y santa Brígida de Suecia pueden servir de modelo como reja de lectura. Ambas han hablado a una Iglesia en la que todavía existía el colegio apostólico y donde se administraban los sacramentos. Es por eso que lo esencial todavía existía, aunque sin embargo corría de riesgo de decaer, a causa de las luchas internas. Esta Iglesia ha sido reanimada por ellas, remitiendo a su antiguo valor el carisma de la unidad e introduciendo nuevamente la humildad, el coraje evangélico y el valor de la evangelización.



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