Corpus Christi, 2013

Hoy, Solemnidad de Corpus Christi en muchos países del mundo, queremos transcribir un mensaje de Jesús a Marga de hace cinco años, en el que el Señor nos dice cosas preciosas acerca del Misterio de la Eucaristía. Nunca como en nuestros días es tan necesario adorar a Cristo delante de su Presencia Verdadera, Real y Sustancial en la Eucaristía. 


"La adoración es el reconocimiento, lleno de admiración, podríamos decir incluso éxtasis (porque nos hace salirnos de nosotros mismos y de nuestro pequeño mundo), el reconocimiento del infinito poder de Dios, de Su incomprensible majestad, y de Su amor sin límite que nos ofrece absolutamente gratis, de Su omnipotente y providente Señorío" (Guido Marini, ceremoniero de S.S. Benedicto XVI).

Mensaje del 17 de julio de 2008

Jesús:

     Podéis mirar el Rostro de Jesús. Podéis ver también mi imagen en mi Corazón. Esto simboliza más lo que Soy: El Amor de Dios. Por eso es más excelso.
     Mi Rostro simboliza a un Hombre. Mi Corazón simboliza a un «Hombre-Dios». Simboliza el Amor de Dios. El Amor. El Amor que ha bajado y ha tomado forma humana y se ha hecho Hombre, con un Corazón que es la fuente de ese Amor, la sede del Amor.
     Más que contemplando mi Rostro, es contemplando mi Corazón como llegaréis al conocimiento de Dios, que es Amor (cfr 1 Jn 4, 8.16).
     Y así como toda mi humanidad y mi deidad se condensaban en ese Corazón, se condensan ahora en la Eucaristía, Sacramento de Amor, de Común-Unión.
     Y es viviendo de la Eucaristía como vivís de mi Amor, para mi Amor y por mi Amor.
     * De mi Amor, porque Ella es la Fuente de todo Bien.
     * Para mi Amor, porque Ella es el sentido de vuestra vida, porque por Él te entregas y es en Ella como se hace efectiva esa entrega.
     * Por mi Amor, porque es Ella la que te da la Fuerza para realizar tu entrega.
     Idea de Dios para permanecer con vosotros.
     Idea de Dios para fortificaros.
     Idea de Dios para haceros uno con Él.
     Idea de Dios para transformaros en otros Cristos.
     Idea de Dios para comunicaros su Amor.
     En la Devoción a la Eucaristía no tanto os muestro mi Amor, como os lo comunico, os lo hago entender. Si por la imagen de mi Corazón Yo os muestro mi Amor, a través de la Comunión eucarística y de la vida eucarística os lo hago entender.
     Las Gracias que recibís y recibiréis en la Eucaristía y a través de Ella, tienen el poder de transformaros en otros Cristos. Y Yo, Dios, así os miro.
     Cuando la humanidad entera descubra el valor de la Eucaristía, la tierra será renovada. Cuando se me dé el verdadero valor en la Eucaristía. Cuando se me someta adoración, culto, devoción.
          ¿Por qué no le has dicho esto mismo otra persona que sepa más?
     Cuando te lo oigan a ti, pensarán que esto viene de Dios, porque sólo el Hijo es el que te lo puede revelar y porque tú, por ti misma, no alcanzas a lograr comprender su objetivo. Porque por ti misma no hubieras podido llegar a estas conclusiones. Y salta a la vista. Tranquila. Eso es una muestra de que viene de Dios. Y los que no quieran entender, no entenderán, porque rechazan todas mis obras y a todos mis arquitectos. Déjalos. Esos no nos ocupan.
     Hablo para las ovejas descarriadas de Israel. Hablo para que, conociéndome, vuelvan a Mí. Mis ovejas me conocen (cfr. Jn 10, 14), y ellas oyen mi Voz y la distinguen, y se mueven al son que las toco. Aunque descarriadas, volverán a Mí.
     «¡Venid a Mí todos los que estéis cansados y agobiados, que Yo os aliviaré! Cargad con mi yugo y aprended de Mí, que soy Manso y Humilde de Corazón. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera» (Nota de Marga: Era el Evangelio de hoy: Mt 11, 28).
     La bandera (ver nota 1 al final).
     Juan entendió la plenitud de la Revelación para estos Tiempos, y te vio a ti, como a todos los colaboradores de esta empresa.
     Vio cómo, llegada la plenitud de los tiempos, se entendería el Misterio de la Eucaristía mirado desde esa perspectiva del Corazón de Dios.
     Escuchó sus Latidos y vio cómo se perpetuaba ese Sacrificio por los siglos.
     Vio la formación de la Iglesia y los dones del Espíritu Santo a través de ese Corazón.
     Se vio a él mismo como depositario y custodio de esa Devoción. A través de la cual iban a basarse las generaciones para creer en El (ver nota 2 al final).

Nota 1 (de Marga): Me dice que la dibuje. Es una Eucaristía coronada, radiante. Meditaba tantas cosas sobre la Sangre de Cristo y la Eucaristía... que entraba como en un arrobamiento, así que le dije que parara la intensidad si es que quería que yo apuntara algo. Entiendo que para un hebrero, lo de comer la sangre de los animales, del Cordero Pascual, no se hacía, lo tenían prohibido. Hablar de sangre y de dar a beber la sangre estaba mal visto. Ni comer la víscera del cordero. Por eso hablar de eso a sus apóstoles era como decir que les daba su vida, el hálito de su vida, su aliento. Hablar de dar a beber su sangre, significaba que Él iba a vivir para siempre dentro de ellos. Que le iban a tener con ellos. Lo entendían bien. Juan entendió loo de comer su Corazón. Si alguien no tiene Corazón, no vive. Como que reside la fuerza, el amor, la voluntad, en el corazón. Junto con el Corazón, se nos daba todo su cuerpo. 

Nota 2 (de Marga): Miro al Sagrario, y es el momento de la Muerte de Jesús. Está oscuro, sopla viento que hace ruido y en el silencio de todo lo demás, se oyen como unos espasmos de gritos de Jesús, que no puede respirar. Son los estertores. Da el último. Son fuertes. Se acerca un soldado y le mete la lanza en el Pecho. Suena cómo la mete. Y Juan mira hacia arriba, como queriendo ver por la herida su Corazón o ver lo que Jesús le ha revelado en la Última Cena. Vio y creyó. Creyó todo lo que le había dicho Jesús: la constitución de la Iglesia, la venida del Espíritu Santo, cómo las gentes serían atraídas a través de esa Herida. Pueblos y pueblos, pueblos enteros dirigiéndose a Él. La Devoción al Corazón de Jesús empieza en el Calvario; empieza, más bien, con Juan en la Última Cena. La Redención copiosa. Aguas que manan como un Torrente  desde el Costado abierto de Cristo. 

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