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Marta y María

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La Primera Lectura de la liturgia de mañana, sobre los tres personajes que se encuentran con Abraham en el encinal de Mambré (cfr. Gen 18, 1-10), nos recuerda la presencia de los vestigios del misterio de la Santísima Trinidad que hay en el Antiguo Testamento.

Andréi Rublev (1360-1430) pintó en un ícono esta escena para el monasterio de la Santísima Trinidad y San Sergio, centro de la Iglesia Rusa.
Los hombres estamos hechos a imagen de Dios, Uno y Trino. En nuestra vida se manifiesta también este misterio, por ejemplo, en los tres trascendentales del ser (Verdad, Belleza y Bondad), que confluyen en la Unidad del Ser.
Todos estamos llamados a la unidad de vida, que tiene su fundamento en la oración filial —en la vida contemplativa—, imitando a Jesucristo: “sólo una cosa es necesaria” (Lc 10, 42); “conviene orar siempre y no desfallecer” (Lc 18, 1).
En el año 2010 el Papa Benedicto XVI estaba pasando unos días de vacaciones en Castelgandolfo. Se habían suspendido las audiencias de los mi…

El mandamiento está muy cerca de ti

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El Domingo XV del Tiempo Ordinario nos da la oportunidad para volver a reflexionar en el Mandamiento del Amor para implorar la gracia de Dios, abrirnos a ella y ensanchar nuestro corazón hacia las necesidades de nuestros hermanos.

En los Evangelios, los demás escritos del Nuevo Testamento, y a lo largo de toda la historia de la Iglesia, aparece con frecuencia la siguiente pregunta: ¿Maestro, qué debo hacer para salvarme?, o ¿para alcanzar la vida eterna? (cfr. Mc 10, 17-27; Hch 16, 30, etc.) En definitiva, se trata de la misma pregunta que todos los hombres tenemos en el interior: ¿cuál es la respuesta a las inquietudes, dudas, deseos y anhelos de mi corazón?
El Catecismo de la Iglesia Católica responde a esta cuestión de una manera clara y contundente:
“El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer hacia sí al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa…

La Ciudad de la Paz

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Las lecturas del Domingo XIV del Tiempo Ordinario nos sugieren reflexionar sobre la Iglesia como figura de la Jerusalén celestial, Ciudad de Paz que ya, aquí en a tierra, va surgiendo como un torrente en crecida.

Jerusalén ha sido siempre la “ciudad santa” por excelencia, desde los tiempos de Melquisedec (“rey de paz”).
Pero la Jerusalén terrena, la ciudad de la paz (“Shalom” en hebreo significa “paz”), también ha sido la ciudad de las disputas, la ciudad de la división. Actualmente se disputan el recinto en el que estuvo el Templo las tres principales religiones monoteístas.
La Jerusalén terrena es tipo o figura de la “Jerusalén celestial”, descrita por San Juan en el Apocalipsis (cfr. Apoc 21, 1 – 22, 5). También es designada como “Cielos nuevos y nueva Tierra”, “Nuevo Paraíso”, “Nueva Creación”...
De esa Ciudad Nueva nos habla el profeta Isaías en la Primera Lectura del Domingo XIV del Tiempo Ordinario.
“Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis; alegraos de su…

Llamados a la libertad

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Los textos de la Liturgia del Domingo XIII durante el año nos hablan de vocación y de libertad.

Todos los hombres tenemos una vocación, es decir, una llamada de Dios a la santidad; y también una misión que cumplir en esta tierra, íntimamente relacionada con nuestra vocación personal.
¿Cómo podremos descubrir esa vocación? Escuchando la Voz de Dios, que nos llama, a través de los acontecimientos de nuestra vida. Por ejemplo, si Dios quiere que un muchacho joven sea franciscano, indudablemente, de alguna manera, pondrá a ese joven en situaciones y acontecimientos que le señalen que esa es su vocación. Quizá será a través de sus padres, o de un amigo, o de algún evento en su vida que le lleve a descubrir ese camino.
Quienes ya estamos al final de la vida y hemos vivido muchos años siguiendo al Señor por un camino, podemos recordar cómo llegamos a descubrir la voluntad de Dios para cada uno. Todos tenemos nuestra historia. Una historia maravillosa en la que reconocemos la mano de Dios. U…

Un corazón grande que sepa amar

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En algunos lugares, como México, celebramos la Solemnidad del Corpus Christi el jueves pasado. En otros lugares la celebrarán mañana domingo.


En este post comentaremos brevemente las lecturas del Domingo XII del Tiempo Ordinario, con algunas referencias a la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús que celebraremos el próximo viernes.
La Primera Lectura está tomada del libro del profeta Zacarías (12, 10-11; 13, 1). Vamos a fijarnos en unas cuantas frases.
“Esto dice el Señor: Derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de perdón y de oración, y volverán sus ojos hacia mí, al que traspasaron” (Zac 2, 10).
Ya Isaías había profetizado: “Fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes” (Is 53, 2). San Juan, en su Evangelio, al comentar la crucifixión del Señor alude a la profecía de Zacarías: “Y también otra Escritura dice: «Mirarán a Aquel que traspasaron»” (Jn 19, 37).
El texto de Zacarías podría referirse a alguno de los reye…

La Santísima Trinidad

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La Trinidad no es un misterio lejano. Es muy cercano a nosotros. Son las tres personas más íntimas a cada uno de nosotros. Dios es “intimior intimo meo” (más íntimo que yo mismo) como decía San Agustín. Viven en nosotros como en un templo.


En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu fuimos bautizados, y en su nombre se nos perdonan los pecados; al comenzar y al terminar muchas oraciones, nos dirigimos al Padre, por mediación de Jesucristo, en unidad del Espíritu Santo. Muchas veces a lo largo del día repetimos los cristianos: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
San Josemaría, en los últimos años de su vida, leía con interés tratados sobre la Santísima Trinidad. Se lo pedía su alma, que quería conocer mejor este Misterio central de nuestra fe.
« - - Dios es mi Padre! - Si lo meditas, no saldrás de esta consoladora consideración. » - - Jesús es mi Amigo entrañable! (otro Mediterráneo), que me quiere con toda la divina locura de su Corazón. » - - El Espíritu Santo es mi …

Acción santificante del Espíritu

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En la víspera de la Solemnidad de Pentecostés, llegamos al tercer aspecto de la acción del Espíritu en la Iglesia. En esta ocasión nos referiremos a la acción santificante del Espíritu en las almas que son Templo del Espíritu Santo y preparan la Nueva Jerusalén.

Ahora, mientras vivimos en esta tierra, ya preparamos el Banquete celestial, las Bodas del Cordero. De hecho, cada vez que participamos en la Santa Misa, estamos metidos en la Liturgia celestial. Cada vez que comemos el Cuerpo del Señor, tenemos en nosotros una prenda de la vida futura.
En la Eucaristía, hecha posible por la invocación del sacerdote al Espíritu Santo durante la epíclesis de la Misa, es donde con mayor verdad y profundidad nos sumergimos en la Vida Eterna, la Nueva Vida que Cristo nos ha ganado con su Resurrección y Ascensión a los Cielos, y que nos otorga por la acción del Espíritu Santo.
El Cuerpo y la Sangre de Cristo, bajo las especies sacramentales del pan y del vino, nos proporcionan la Gracia del Espí…