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Misterios de dolor (5)

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María buscó a Cristo y se encontró con Él en el camino del Calvario (cfr. Cuarta estación del Via Crucis). Pero no sólo quiso consolar a su Hijo en la Vía dolorosa, sino que estuvo junto a Él a la hora de su muerte.

Eso es lo que contemplamos en el Quinto Misterio de dolor: Jesús muere en la Cruz.
“Los misterios de dolor llevan el creyente a revivir la muerte de Jesús poniéndose al pie de la cruz junto a María, para penetrar con ella en la inmensidad del amor de Dios al hombre y sentir toda su fuerza regeneradora” (San Juan Pablo II, Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, n. 22).
La mejor manera de contemplar a Cristo en la Cruz es ponernos junto a María, como San Juan y las santas mujeres.
San Juan Pablo II quiso convocar un año mariano para preparar el Gran Jubileo del Año 2000 de nuestra Redención. Ese año dedicado a contemplar el misterio de María tuvo lugar hace 30 años, del 7 de junio de 1987 (Solemnidad de Pentecostés) al 15 de agosto de 1988 (Solemnidad de la Asunción de…

Misterios de dolor (4)

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Después de haber sido flagelado y coronado de espinas, Jesús es sentenciado a muerte, “y muerte de Cruz” (Flp 2, 8). Jesús contempla por primera vez, de modo real y físico, su Cruz.

A los discípulos les había anunciado, al menos en tres ocasiones concretas, su Pasión y muerte de cruz. Él sabía claramente que tendría que morir en la Cruz para redimir a todos los hombres.
El Viernes Santo todos adoramos la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo porque representa al Crucificado y en Ella está Cristo. Y cantamos emocionados el himno Crux fidelis.
“Crux fidélis, inter omnes arbor una nóbilis, nulla talem silva profert, flore, fronde, gérmine! Dulce lignum, dulces clavos, dulce pondus sústinet! Pange lingua, gloriósi prœlium certáminis, et super crucis trophæo dic triúmphum nóbilem: quáliter Redémptor orbis immolátus vícerit. Crux fidélis, inter omnes arbor una nóbilis, nulla talem silva profert, flore, fronde, gérmine!”. “¡Oh cruz fiel, el más noble entre todos los árboles! Ningún bosque produ…

Misterios de dolor (3)

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Estamos terminando el mes del Corazón de Jesús (junio), y hoy reflexionamos sobre el Tercer Misterio de dolor: la Coronación de espinas.

San Josemaría Escrivá de Balaguer, a quien —como el lector habrá visto— citamos con frecuencia, porque nuestra familia le debe mucho, solía rezar una oración muy sencilla y breve, pero a la vez profunda, que dice así:
“Corazón de Jesús que me iluminas / hoy digo que mi amor y mi bien eres / hoy me has dado tu cruz y tus espinas / hoy digo que me quieres”.
En una ocasión, su segundo sucesor, Mons. Javier Echevarría, precisamente el día de su cumpleaños (el de don Javier, que nació el 16 de junio de 1932), decía que San Josemaría los consideraba “versos muy malitos” pero que a él le servían para ser piadoso, y que los repetía porque le salían del corazón. Son versos —continuaba don Javier— en los que cada uno también hemos de encontrar el ritmo de nuestra vida.
Es sabido que el Corazón de Jesús se suele representar como un corazón rodeado de una coro…

Misterios de dolor (2)

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El recuerdo de la Flagelación del Señor, en el segundo misterio de dolor del Santo Rosario, siempre ha sido, para los cristianos, una ocasión para revivir en nosotros la compasión por Jesús en su Sagrada Pasión.

Fray Justo Pérez de Urbel describe muy bien la flagelación del Señor en su “Vida de Cristo”. Aunque Poncio Pilato había tratado de salvar a Cristo, porque lo encontraba inocente, ante la presión de la multitud que pide su muerte, cede y, finalmente, opta por la flagelación, con la esperanza de que los judíos dejaran de pedir la crucifixión al ver a Jesús después del terrible tormento.
“Hace un signo al centurión y le dice estas palabras: Quaestio per tormenta. Era el suplicio de la tortura, destinado ordinariamente a arrancar revelaciones. Flagris, flagellis vel virgis?, debió preguntar al centurión. Flagellis. Las varas quebraban ocultamente el hueso, los azotes, las correas retorcidas que acababan con mendrugos de hueso, de álamo o de vidrio, rasgaban la carne y la destroz…

Misterios de dolor (1)

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La vida pública de Jesús, que contemplamos en los misterios de luz, culmina con la Institución de la Eucaristía, en la Última Cena.

El Señor, en esas pocas horas de la tarde del Jueves Santo, se reúne por última vez con sus discípulos para manifestarles el infinito Amor de Dios: “Cómo hubiese amado a los suyos los amó hasta el fin”. Este “fin” no es el fin de su vida terrena, sino el “extremo” al que llega su Amor hasta entregar su vida de derramar su sangre por todos nosotros.
En su Carta encíclica sobre el Rosario, San Juan Pablo II explica brevemente la gran importancia que tienen los misterios de dolor en la vida de Jesús.
“Los Evangelios dan gran relieve a los misterios del dolor de Cristo. La piedad cristiana, especialmente en la Cuaresma, con la práctica del Via Crucis, se ha detenido siempre sobre cada uno de los momentos de la Pasión, intuyendo que ellos son el culmen de la revelación del amor y la fuente de nuestra salvación” (RVM, 22).
La devoción del Via Crucis, con sus…

Misterios de Luz (5)

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Todos los años celebramos la Solemnidad de Corpus Christi. Es uno de esos jueves del año que relumbran más que el sol. Los otros dos son el Jueves Santo y el día de la Ascensión.

¿Por qué nos alegra tanto la llegada de ese día? Porque nunca podremos valorar suficientemente lo que significa ese Misterio de Amor. Jesús, su Corazón Sacratísimo, se nos da continuamente en su Sacrificio de Amor mediante el Sacramento de la Eucaristía. En el 5° Misterio de Luz del Santo Rosario meditamos la institución de este Sacramento en la Última Cena.
El siglo XIII es uno de esas épocas históricas en las que más resplandeció el culto a la Sagrada Eucaristía. La primera vez que se celebró esta fiesta fue el jueves siguiente a la fiesta de la Santísima Trinidad, en Lieja (Bélgica), el año 1247, y gracias a la devoción eucarística de Santa Juliana de Mont Cornillón.
El Papa Urbano IV, que había sido archidiácono en Lieja, a mediados del siglo XIII tenía su corte en Orvieto, cerca de Bolsena donde en 1263 un…

Misterios de Luz (4)

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En el Cuarto Misterio de Luz meditamos la Transfiguración del Señor en el Monte Tabor.

Jesús había estado hacía unos seis días en el norte del país. Se había reunido con sus discípulos en Cesarea de Filipo, una ciudad griega. Allí les había preguntado: “¿quién dicen la gente que es el Hijo del Hombre?”. Y luego: “y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” (cfr. Mt 16, 13-15). Era una pregunta directa. Jesús sabía lo que había en el hombre y en cada uno de sus discípulos. Pero desea que abran su corazón y digan lo que piensan con sinceridad.
Pedro, que era el más fogoso y decidido, contesta en nombre de todos: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 16). Jesús no niega lo que dice Pedro, sino que le llama bienaventurado porque el Padre celestial es quien le ha revelado esa verdad.
A partir de ese momento Jesús se dirige a Jerusalén. Faltan seis meses para su prendimiento, muerte y posterior resurrección. El Señor quiere preparar a sus apóstoles. Sabe que son débiles y comienza a a…