sábado, 26 de julio de 2014

Los valores del Reino

Mañana, Domingo XVII durante el año, en el Evangelio de la Misa meditaremos tres más de las Parábolas del Reino, que venimos leyendo desde hace varios domingos: la parábola del tesoro escondido, la de la perla preciosa y la de la red barredera.


Lecturas de la Misa:

1R 3, 5. 7-12. Pediste discernimiento.
Sal 118. ¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!
Rm 8, 28-30. Nos predestinó a ser imagen de su Hijo.
Mt 13, 44-52. Vende todo lo que tienes y compra el campo.

En la vida no se valoran las cosas de la misma manera. Hay una jerarquía de valores y cada hombre, libremente, tiene su propia escala de valores, que puede o no coincidir con la verdad. El rey Salomón valoraba especialmente el don de la sabiduría para gobernar a su pueblo (1ª Lectura). Jesús nos enseña a dar importancia primordial a los valores del Reino de los Cielos, por el que se sacrifica todo (Evangelio). San Pablo nos invita a amar el plan salvífico de Dios que nos escoge, justifica y glorifica (2ª Lectura).

¿Cuáles son para mí los principales valores de la vida? Escucho la voz de Cristo, a través de las Parábolas del Reino, para aprender su enseñanza invaluable. ¿Me doy cuenta de que cuando Jesús habla del tesoro escondido o de la perla preciosa, lo que nos quiere señalar es el amor que Dios nos tiene a cada uno de sus hijos. Ese es nuestro tesoro. “Donde está tu tesoro está tu corazón”. ¿Nuestro corazón está cada vez más puesto en Dios?

El ser humano tiene su origen en Dios y también su fin. Hemos sido creados para vivir en comunión con Dios. Desde nuestra creación estamos abiertos a Dios. Somos como una cerradura que sólo se abre con una llave, que es Jesucristo (Chesterton). Cristo es la clave para entender qué es el hombre y cuál es su sentido.

Al final de los tiempos, Dios echará su red barredera y recogerá a todo tipo de peces, separando los buenos de los malos, es decir, los que permitieron que Cristo entrara en su vida y los que lo rechazaron.

El Gran Valor del Reino es el mismo Cristo, perfecto Dios y perfecto Hombre. ¿Qué vemos en Jesucristo? ¿Qué Camino nos señala el Señor? El de la Cruz. Para vivir hay que morir. Para conseguir el tesoro de su amor, hay que vender todo, renunciar a todo (comenzando por nosotros mismos). Sólo quien muere a sí mismo puede ser su discípulo.

Reproducimos, a continuación, uno de los mensajes de Jesús a Marga (ver sitios sobre el Tomo Rojo y el Tomo Azul), en el que el Señor le habla de los valores cristianos. Además, copiamos trozos de mensajes en la que se habla del Reino Nuevo.

Mensaje del 11 de junio de 2006

Jesús:

"No os asustéis por el día de mañana. No temáis. Pero tenéis que saber que vuestros hijos se van a encontrar con todo esto: drogas, prostitución, violencia... porque son miembros de esta sociedad en la que viven, y esta sociedad está corrompida. De nada servirá ocultárselo. Otro, otra persona que no sois vosotros, se lo dará en algún momento a conocer, y no precisamente para «informarle», sino para su «deformación».

Cuidadlos. Cuidad los ambientes, sí. Pero dadles valores. Los principales valores se aprenden en casa de la mano de los padres. Con su ejemplo. Y de nada servirá «hablar» a un hijo si eso no va acompañado de su ejemplo de vida. Si le digo a un hijo que algo es bueno, debo quererlo y practicarlo yo también en mi vida.

¿Y si los padres no sois ejemplo? Entonces, hija mía, te digo que no tenéis absolutamente nada que hacer. Vuestro hijo quedará merced el ambiente que le rodea. Y sólo podrá salvarle la Gracia de Dios, si alguna vez la recibe.

El principal valor es el amor. Y su contrario el egoísmo. Y en una casa donde reine el amor, ¡qué difícil es que llegue la deformación del mundo exterior! Meditad esto. Examinaos en esto.

Estad muy anclados en María, en su Rosario y en su Corazón. Si la Consagración es sincera, Ella siempre se ocupará de ayudaros y os salvará. Dejadla cabida. Construid con Ella.

No viváis anclados en la materialidad. Quien tiene como dios a las riquezas no puede seguir el camino de Dios".

Otros trozos de mensajes de Jesús sobre el Reino nuevo:

— “Amadme, amad a Dios, vosotros, vosotros los elegidos, vosotros los escogidos. Construid el Reino Nuevo, trabajad para el Reino eterno, no perecedero, que perdurará por los siglos de los siglos. Amén” (Jesús, 20-X-2000).

— “Yo no os he dejado solos, tenéis al Paráclito, invocadle, llamadle y acogedle en vuestra vida. Tornará la dicha en gozo, la alegría en plenitud para mi Reino Nuevo. Nuevos amores, nuevo amor, amor renovado, grande, exultante, pleno de gozo, inundado de dicha, de dicha sin término, dicha sin fin.
Reino Nuevo del Amor Nuevo. Nuevo milenio en el que estamos, milenio de Amor. Acercaos entonces a la Purificación. Para entrar en él, se atraviesa el cancel del crisol, donde se funden vuestras buenas obras y son talladas por el Artesano realizando las obras para adornar su Trono” (Jesús, 27-IV-2001).

— “Sois la generación que ha de ver mi Reino Nuevo. Sois la generación del Amor, la que verá triunfar el Reinado de los Corazones de Jesús y María: «Cristo en todas las almas, y en el mundo la paz»” (Jesús, 30-IV-2002).

— “Apunta cómo será el Reino Nuevo: Ya no habrá más llanto ni dolor. La primera tierra ha pasado. Le sigue otra nueva, renovada. Donde los hombres aman a Dios y le alaban, donde se cumplen sin temor sus mandatos. Él habita con ellos, les ha cambiado el corazón. Arrancaré tu corazón de piedra y te pondré un corazón de carne: el Corazón de Jesús. Su Reino de Amor y de victoria sobre sus enemigos. El Amor de Dios con los hombres. Los hombres apegados a Dios y desprovistos de las cosas materiales. Relación íntima con Dios, como un hombre con su amigo. No más temor, no más llanto ni dolor. La primera tierra ha pasado. Reino Nuevo de Verdad, Justicia y Amor. A eso es a lo que os llamo, a lo que hoy os llamo. Venid a construirlo. Los pobladores de este Reino habrán sido sus arquitectos. Construid, desde ahora, los pilares de la Nueva Civilización. La civilización del Amor” (Jesús, 24-XI-2003).

— “Comenzaré a dictarte ahora la Devoción para el Reino Nuevo.
Cuando Yo haya transformado todas las cosas por mi Madre.
Cuando mi Madre instale su Reinado de Amor en los corazones.
Cuando encuentre corazones similares al de María en el mundo, abiertos y dispuestos a acogerme, puros y limpios de corazón.
Entonces vendré Yo a reinar entre vosotros.
Estableceré mi Reino en la tierra y vendré a morar verdaderamente con vosotros, en el Reinado Eucarístico de mi Sagrado Corazón, donde no habrá ya más odio y desamor, pecado y horror. Donde reinará la paz” (Jesús, 18-VI-2008).




sábado, 19 de julio de 2014

El Trigo y la Cizaña

La Liturgia de la Palabra de estos domingos durante el año (del XIV al XVII) nos presenta las distintas Parábolas del Reino, que predicó Jesucristo en Cafarnaúm. Mañana —Domingo XVI durante el año— escucharemos la Parábola del Trigo y la Cizaña.   


Los textos de la Liturgia de la Palabra de este domingo son los siguientes:

• Sb 12, 13. 16-19. En el pecado das lugar al arrepentimiento.
• Sal 85. Tú, Señor, eres bueno y clemente.
• Rm 8, 26-27. El Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables.
• Mt 13, 24-43. Dejadlos crecer juntos hasta la siega.

La realidad del mal en el mundo y, concretamente, del mal moral (el pecado), nos plantea preguntas que quedan sin resolver del todo, porque es un misterio: mysterium iniquitatis. También es un gran Misterio la Paciencia y la Misericordia de Dios ante el pecado.

Sobre esto nos dan pie, las lecturas de este domingo, para meditar y pedir al Señor luces, de modo que sepamos estar alerta, por una parte, para no permitir que la cizaña malogre la cosecha del amor de Dios en nuestras almas y, por otra parte, para que no nos “escandalicemos” de que existe la cizaña en el mundo, y sepamos que tenemos que convivir con ella (incluso dentro de nosotros mismos) y ser pacientes —como lo es Dios—, sin perder por eso la esperanza en el triunfo definitivo de la Verdad y el Amor.

Dios justo es paciente. Cuando constatamos el mal en el mundo —por ejemplo, las desgracias debidas a fenómenos naturales, o las guerra, debidas a la maldad del hombre, o las injusticias y discriminaciones…— nos preguntamos: ¿por qué permite Dios tanto mal? La respuesta está en las lecturas de hoy.

Dios gobierna con sabiduría y sabe esperar a que el pecador se convierta (ver la 1ª  Lectura). Por otra parte, da a todos —buenos y malos— la posibilidad de crecer. Él Intervendrá solo al final, aunque algunos quisieran que interviniera inmediatamente (ver el Evangelio).

La existencia del pecado, nos plantea la necesidad de la lucha cristiana contra el mal. No contra nuestros hermanos, sino cada uno contra sí mismo. Es decir, contra todo lo que nos aparta de Dios. 

El Señor nos da su gracia para que podamos vencer, pero nosotros necesitamos poner lo que está de nuestra parte: la lucha, el espíritu de mortificación y penitencia…; en definitiva, la Cruz de Cristo, que vence sobre la muerte, sobre el demonio y sobre el pecado.

Esta lucha cristiana es una “lucha contra el mal” y una “lucha por amor”. Por una parte necesitamos morir al hombre viejo (espíritu de mortificación): quitar todos los obstáculos que nos impiden vivir en plenitud las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad). Por otra parte, también es necesario convertirnos interiormente, y dirigirnos con todo nuestro corazón hacia Dios (espíritu de penitencia).

Y todo esto lo podemos practicar en la vida cotidiana. No es necesario desligarse de los quehaceres diarios de nuestra vida. Ahí nos espera Dios para que pongamos los medios de santificación, con perseverancia, diariamente (medios humanos y medios sobrenaturales: la práctica de las virtudes, la oración, la frecuencia de sacramentos…). La gracia de Dios nunca nos faltara para que Él lleve a cabo la obra que Él mismo ha comenzado en nosotros.

En la 2ª Lectura de la Misa, San Pablo nos recuerda, en la Carta a los Romanos, que la oración cristiana no debe ser impulsiva, sino llevada por el Espíritu, que tiene la iniciativa, en nuestra santificación, y nos guía por caminos espirituales.

Ahora, veamos algo de lo que nos dicen Jesús y su Madre, sobre la lucha contra el pecado, a través de Marga, en los Dictados que ella recibe para que los conozcamos todos los hombres de nuestra época (ver sitios sobre el Tomo Rojo y el TomoAzul).

En esta ocasión escogemos algunas frases aisladas de los mensajes:

Jesús (4 ene 1999): Si me amáis, venceréis sobre vuestros enemigos. Están las huestes prontas a la lucha, esperando su orden, ¿donde está el que debería ser mi Ejército? Ejército del Salvador: disponeos al combate. La batalla será cruenta. Sólo vencerán los que me amen.

Virgen (13 may 1999): El demonio pretende ahogarme, pero Yo me he preparado silenciosamente, sin que él lo sepa, un gran Ejército que mantendré en su lucha hasta el final. ¡¡Y Su Reino vendrá!!

Jesús (15 ago 1999): Por eso os digo: ¡Defendedme!, defendedme de mis opresores. Luchad por Mí, para que no sea derribado de mi Trono en la Iglesia, para que los corazones en gracia puedan recibirme.

Virgen (13 sep 1999): Unios y podréis vencerle. Los hermanos luchan juntos. Sí, esa desunión impide que os fortalezcáis en el Señor, impide la Gloriosa Venida del Espíritu Santo en plenitud.

San Miguel (3 jun 2000): El Señor ya ha vencido, pero debe vencer en vosotros. Batalla ganada, aunque aún no ha tenido lugar. Luchad, luchad hasta el final. Oh, final triunfante, final dichoso, final expectante de todo el Cielo, de toda la Creación.

Virgen (8 ago 2000): Se acerca el Día de Yahveh y sus huestes no están preparadas, su Ejército no está en formación de combate. Rezad, ayunad y disponeos, disponeos en torno a Mí. Formad Conmigo la «Coraza de Gloria», la Coraza que destruirá al enemigo. Pero antes, hacedle frente. Está Miguel y estoy Yo. Luchad, prietas las filas, con nosotros. Voy delante, seguidme. Da ahora la orden del Combate. Centinela, da ahora el aviso. Es el día, es el tiempo. Disponeos a luchar. Sed valientes, sed fuertes, no retrocedáis. Yo voy con vosotros, el Señor os protege y os protegerá. San Miguel ha sido enviado. Coge su espada y ve, ve tras él. Coge mi Arma (el Rosario) y embate contra el enemigo.

Jesús (25 oct 2000): Luchad, no temáis. Tenéis todo que ganar, nada que perder. El Todo es la Herencia Eterna, ansiada por los santos de todos los siglos. El Todo es el Reino Nuevo, del que a alguno os haré pobladores.

sábado, 12 de julio de 2014

La Palabra de Dios

Mañana, Domingo XV durante el año, la Palabra de Dios nos habla de ella misma. Con símiles y comparaciones, los profetas, los apóstoles y, sobre todo, el mismo Jesucristo nos invitan a tratar de comprender el gran tesoro que Dios nos ha concedido al comunicarnos su Palabra.


Los textos de la Liturgia de la Palabra de este domingo son los siguientes:

• Is 55, 10-11. La lluvia hace germinar la tierra.
• Sal 64. La semilla cayó en tierra buena, y dio fruto.
• Rm 8, 18-23. La creación expectante está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios.
• Mt 13, 1-23. Salió el sembrador a sembrar.

La Palabra germina en el corazón disponible. Como dice un viejo refrán latino “quidquid recipitur, ad modum recipientis recipitur”. “Lo que se recibe, se recibe al modo del recipiente”. Es decir, si tenemos buen vino en el alma, lo que recibamos se transformará en buen vino. Si tenemos vinagre, se transformará en vinagre.

Esto ocurre especialmente con la Palabra de Dios, que es una semilla de gran calidad siempre, pero necesita de una buena tierra para que dé fruto.

Por medio de la palabra, los hombres podemos comunicar a los demás nuestras ideas, nuestras opiniones, nuestras experiencias. De esta manera, expresamos lo que tenemos dentro.

La Palabra de Dios comunica los secretos divinos ocultos en el misterio de Dios. Dios nos habla, en la Sagrada Escritura, con lenguaje humano, pero nos comunica su Verdad. Quizá a nosotros nos parece imposible, pero Él es Omnipotente, y lo puede hacer.

La Palabra es siempre eficaz, poderosa y realiza lo que se propone. Por una parte tiene un contenido noético, de conocimiento, de Verdad. Pero también va acompañada de una fuerza, es dinámica y puede mover las conciencias y las voluntades.

Ciertamente, la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que un espada de doble filo: penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y descubre los sentimientos y pensamientos del corazón” (Heb 4, 12).

La comparación que hace Isaías, en la Primera Lectura, con la semilla, es muy acertada. Dios, a través de su Palabra en las Escrituras, pone una semilla de Verdad y Amor en nuestro corazón 

A veces no se escucha la Palabra porque los oídos están cerrados. Ante la Palabra, lo primero que hemos de hacer es mantener una actitud abierta: ¿qué me quieres decir Señor, a mí, ahora, a través de estas frases del Evangelio? La Palabra atraviesa el tiempo y la geografía del mundo, para llegar a nuestros oídos y producir, siempre, un gran bien: ilumina nuestro entendimiento y mueve nuestro corazón.  

La Parábola del Sembrador es una de las parábolas más hermosas de Jesús. Nos presenta la situación de cuatro tipos de hombres.

Los primeros, que se pueden comparar al terreno duro del camino, están cerrados a la Palabra y vienen los pájaros, y se la llevan. No queda nada. No crece nada en el camino duro. Es estéril.

Los segundos, que son como una tierra pedregosa, tienen cierta apertura a la Palabra, pero son superficiales y la Palabra no puede crecer, por falta de tierra. ¡Qué daño hace a los hombres la superficialidad, la falta de interés, la dispersión del corazón en mil cosas, que impide valorar lo que realmente vale la pena.

Los terceros, a los que Jesús compara con un terreno sembrado de malas hierbas, son los que escuchan y profundizan en la Palabra, pero las cosas de este mundo o su soberbia, que es la peor de las hierbas, les impiden dar fruto. El fruto se agosta por las malas disposiciones del corazón.

Por último, están los que son como la tierra buena y esponjosa, que da mucho fruto. El mejor ejemplo que tenemos es el de Nuestra Señora. Ella conservaba la Palabra y la meditaba en su corazón. Es profunda y reflexiva. Acoge la Palabra con ilusión y deseos de aprender. La recibe como una perla preciosa de gran valor. Sabe que, por la Palabra, vale la pena dejar todo lo demás. En definitiva, la Palabra que recibió María es su Hijo, Jesucristo.

En la Segunda Lectura, San Pablo nos recuerda que los trabajos que comporta recibir la Palabra, defenderla y buscar que dé fruto en nosotros y en los demás, no deben descorazonarnos sino estimularnos a esperar el premio de la gloria.

Ahora, veamos qué nos dicen Jesús y su Madre a través de Marga, en los Dictados que ella recibe para que los conozcan todos los hombres de nuestra época (ver sitios sobre el Tomo Rojo y el Tomo Azul).

Mensaje del 10 de enero de 2002

Jesús:

Amados hermanos, amados míos, escuchad, escuchad la Voz de Dios. Sabed leer en los acontecimientos los signos de los tiempos, porque Dios os habla también a través de ellos. No estéis como tontos, oyendo otras voces del mundo que os llaman sin cesar y vosotros os dejáis llevar gustosos por ellas. Os llaman, pero a la perdición. Escuchadme a Mí que Yo os llamo para la Salvación.

Ved, ved y oíd. No seáis como los ciegos que mirando no ven y los sordos que escuchando no oyen. Ved y oíd, ved y oíd la Palabra de Dios, el cumplimiento de sus Designios por sus Obras. Ved, ved y oíd.

Escuchad el clamor de las olas rugientes que se abalanzan sobre vosotros. Es la Gracia de Dios de conversión que lava, lava y arrasa, como lejía de lavandero, lava y arrasa lo sucio a su paso. Es necesario. Es necesaria la inundación que arrasa (Nota 1: Es el mar que se desborda con trepidantes olas y arrasa una ciudad marítima, la inunda y luego vuelve a su cauce y de la ciudad queda en pie muy poco)

Escucha, escuchad su rugido que de la tierra sale y rompe, y rasga los edificios con bajos pilares, rompe y destroza partiendo lo que el Juicio detuvo por su Amor (Nota 2: Es un terremoto que asola una ciudad).

Escuchad, escuchad su Palabra, que como fuego sale de su boca y aniquila cayendo sobre vosotros, aniquila la perdición y es purificado a fuego vuestro mundo, como oro en crisol, para que quede en pié sólo lo puro, lo bueno y santo.

Escuchad: muchos mártires vuelan al cielo cantando con los Ángeles. Escuchad su fuerte cántico, armonizad con ellos salmos de alabanza para vuestro Dios. Mirad, esos pequeños son los mártires de la barbarie, por ellos a vosotros os llega también más condenación, pero ellos son dichosos conmigo en el Cielo.

Escuchad, ved. Escuchad y ved los signos de los tiempos. Ved y tened pavor sólo de no estar convertidos a tiempo. Lo demás dejadlo a la Misericordia de Dios. Él sabe qué hacer. Poneos fielmente en sus manos, que determinará la suerte a seguir de cada uno de vosotros. ¿Alguno quiere ofrecerse antes? Si al Padre le ha parecido bien, tomará vuestro ofrecimiento para la Vida Nueva.

Gustad, gustad y ved. Gustad y ved qué bueno es el Señor que no quiere que toda la humanidad se pierda y ha dejado para sí un Resto, un Resto para la salvación. Alimentaos, alimentaos de su savia.

Venid, venid a ver qué bueno es el Señor. Venid. Dejad la lujuria y la pereza, vuestros pecados capitales y venid, venid Conmigo.

Aquí os dono a vuestro Ángel. Él os conducirá. Tenéis los vuestros particulares. Tenéis a Miguel. Labrad la batalla dura, cruenta, contra el Maligno.

Mensaje del 1 de marzo de 2005

Jesús:

Manifestaciones extraordinarias: Es el camino que Yo empleo para esta Hora, donde casi nadie me escucha ya. Manifestaciones extraordinarias, porque las ordinarias no las atienden. ¡No me escucháis! No me escucháis ya.

Os hablo a través de los libros, de las buenas lecturas que nadie compra.

Os hablo a través de la Biblia, la Palabra de Dios que nadie lee.

Os hablo a través de la Eucaristía que (casi) nadie recibe en Gracia.

Os hablo a través de la oración, que nadie hace.

Os hablo a través del silencio, que nadie emplea, a través de la pobreza y las privaciones voluntarias, que nadie busca.

Y finalmente os hablo a través de mi Madre, a quien ya nadie acude. ¡¡¿Cómo podréis escucharme?!!

¿Cómo podréis escucharme, oh, cruel generación que matáis a los profetas? Os envío profetas. Os envío el Don de profecía, que prolifera en estos Días y al cual no hacéis caso y al cuál perseguís hasta dar muerte.

Os envío mi Espíritu en gran profusión a través de mi Eucaristía, en las Adoraciones,, en los Sagrarios. ¿Cuántos acudís? ¿Cuántos acudís a recibirlo?

Me comunico a vosotros en vuestras comuniones, cuerpos a los que he de entrar con repugnancia, plagados como se encuentran de pecados. Aun así os hablo, ¿cuántos me escucháis?

Os hablo a través del remordimiento de vuestra vida pasada y de vuestra vida actual de pecado, ¡oh, cuántos me escucháis!

Aun así os digo Palabras de Amor, Palabras de Cariño... de las que huis con miedo. Os asusto. Os asusta mi Amor. ¡¿Por qué?!

Decidme, ¿por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Por qué os asusta mi Amor, el Amor de Yo, que Soy Dios... ¿por qué? Es un Amor Infinito. ¿Por qué tener miedo? Borrará todas tus culpas, si te arrepientes con corazón sincero. Ven a Mí. ¡Venid a Mí y lo experimentaréis! Arrepentíos por un solo segundo. ¡Jugad a eso si queréis! ¡Probad a arrepentíos una vez por un solo segundo! Veréis a mi Espíritu descender sobre vosotros y arrebataros en su Amor mostrándoos su Belleza, de la que ya no podréis huir, no podréis huir más, porque os habrá cautivado.

No queréis. Decidme, ¿por qué no queréis? No queréis cambiar de vida. Es eso. Pero, ¿por qué? ¿No veis cómo vuestra vida actual sólo os trae sufrimientos? ¿No queréis sufrir en esta hora actual con los santos?

¡Oh...! ¡Se acaba, se acaba el tiempo de salvación! ¡Ya no quieren ser salvados! ¡Los hombres no quieren ser salvados! Ya no.

¡Padre! ¡Padre! ¡Adelanta esta Hora! ¡Adelántala, pues los hombres ya no quieren ser salvados! Míralos, ¡no se cogen a mi Mano! No quieren... Caen en el abismo ¡¿Para qué me sacrifiqué?! ¡¡Para qué mi Sacrificio!!

Santos. ¡Santos de los Últimos Tiempos! Sabed que en vosotros pensé en aquella Hora de mi Pasión para tener cumplimiento en ésta de la Iglesia. Sabed que vuestros sufrimientos de esta Hora me dieron valor para continuar con la Mía. Que mereció la pena por la Gloria que me dais tan sólo uno de vosotros. Sabed, en el Cielo llevaréis esta inscripción: «Los Santos de los Últimos Tiempos» los que supieron sufrir, los que supieron morir en la Hora de la Pasión de la Iglesia por la salvación de sus hermanos.

Los Santos sobre los que se cebó el último ataque fiero del Maligno sobre mis hijos. Los Santos sobre los que se derramó el Espíritu Santo en efusión nunca conocida en el mundo. Son los Santos cuya Pasión es más semejante a la Mía, porque es una Pasión sobre todo moral. Es una ruptura del Corazón, es una ruptura interior. Y sobre algunos también exterior.

Pero Yo os digo: Sabed que Dios-Jesús, en su Hora de su Pasión pensó en vosotros y que por el más insignificante recibió el consuelo, el grande consuelo para que su Corazón no se rompiera y pudiera seguir hasta el final. Que por el amor de uno de vosotros, el más insignificante, le mereció la pena morir. Que fuisteis el Consuelo de Dios-Jesús en esa Hora y lo sois ahora para toda la Iglesia que agoniza en dolores de parto.

Daréis a Luz la Nueva Generación. La Iglesia no morirá, sino que, por vosotros, quedará nuevamente constituida. Quedará renovada y su Pasión llegará a su fin, alcanzando su Resurrección.

Esto es Doctrina de la Iglesia. Esto es Verdad de fe nuevamente revelada.

No añado nada nuevo. Lo especifico, lo aclaro para esta Hora.

Atended, escuchad el Don de Profecía, no lo desdeñéis.

Atended, escuchad a mis Profetas. Os hablan. Os hablan porque si callan estos, gritarán las piedras.

Cuando hayáis matado a todos mis profetas, entonces: ¡¡GRITARÁN LAS PIEDRAS!!

Nota: Se cierra con esa Voz potente de Jesús. Entiendo que desaparecerá el Don de Profecía y estallará el Reino Nuevo incluso con un estallido material de la Creación material en pleno. ¡Qué bonito! ¡Qué Mensaje más precioso! Lo leo ahora y ¡Dios mío! ¡no es exactamente así como me lo has dicho! Tu Palabra era distinta. Entendía más cosas de las que he puesto. Cfr. Le 19,40.

sábado, 5 de julio de 2014

La virtud cristiana de la humildad

Los textos de la liturgia de la Palabra de este Domingo XIV durante el año son los siguientes: Za 9, 9-10; Sal 144; Rm 8, 9. 11-13; Mt 11, 25-30. Todos, de una u otra forma, nos hablan de la virtud cristiana de la humildad. Hasta el domingo XVII los Evangelios presentan las parábolas del Reino. Y uno de los valores fundamentales del Reino es la humildad: “aprended de mí —nos dice Jesucristo—, que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11, 29).

Jesús entra en Jerusalén (Giotto, Capella degli Scrovegni)

Pero, antes de entrar el el tema de domingo, quisiéramos sugerir a nuestros lectores, a propósito del post de la semana pasada en el que comentábamos el fallecimiento de Joe Lomangino, que vieran el vídeo que ha preparado Antonio Yagüe: El Milagro de Garabandal tras la muerte Joey Lomangino.

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La virtud de la humildad es una virtud fundamental de la vida cristiana. Las mayores virtudes son las teologales (fe, esperanza y caridad). La humildad es una virtud humana, que no tiene como objeto al mismo Dios, pero que es imprescindible para vivir las virtudes teologales. Su misión es quitar los obstáculos que nos impiden creer, esperar y amar a Dios con todo nuestro corazón.

¿Dónde se encuentra esta virtud asentada? En el corazón del hombre, es decir, en lo más íntimo de su ser, en el yo profundo, en el lugar en el que se escucha la voz de Dios y se toman las decisiones.

Desde los primeros tiempos de la Iglesia, los Padres tuvieron la intuición de que la virtud de la humildad es decisiva para avanzar en la progresiva incorporación a Cristo. Informa a las demás virtudes humanas y morales (prudencia, justicia, fortaleza, templanza) y ”sin ella —como dice Miguel de Cervantes— no hay ninguna que lo sea” (Coloquio de los perros).

La humildad es la virtud de los pobres de espíritu, que se saben pequeños y necesitados, que cuentan para todo con la gracia de Dios.

Se pueden señalar como tres grandes ámbitos en los que se vive la virtud de la humildad: con Dios, con los demás y con nosotros mismos.

La humildad con Dios es reconocer, en todo momento, la grandeza de Dios y tener siempre una actitud de adoración, sumisión, acción de gracias y alabanza hacia nuestro Creador, Redentor y Santificador (Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo). Un hombre humilde es el que vive en la presencia de Dios y busca darle toda la gloria, sin quedarse él con ninguna. San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, solía expresar esa actitud con un deseo grabado profundamente en su alma: “¡Que sólo Jesús se luzca!”. Es decir: que sea el Señor quien aparezca en mi actuar, en mis palabras, en mis obras; que yo sea, sólo, un instrumento suyo, a través del cual Él actúe. Es también el lema de vida de San Juan Bautista: “Conviene que Él crezca y que yo disminuya” (Jn 3, 30).

La humildad con los demás la vivimos a través de la naturalidad. Se es humilde cuando sabemos ser flexibles para adaptarnos a las necesidades de nuestros hermanos, hacerles la vida agradable y facilitarles el camino de santidad en la tierra. Es la soberbia (vicio capital que se opone frontalmente a la humildad) la que estropea las relaciones entre los hombres y dificulta todo entendimiento y comprensión entre nosotros. Con una persona humilde se está a gusto porque sabe ocultarse y desaparecer; sabe estar en su sitio. De esta manera, la humildad —como decía San Agustín— viene a ser la morada de la caridad.

La humildad con uno mismo se puede expresar con la frase de Santa Teresa: “la humildad es la verdad”. Un hombre humilde es el que, al mismo tiempo, conoce su grandeza y su pequeñez. Por una parte, se sabe hijo de Dios, templo del Espíritu Santo, comprado a gran precio por la Sangre de Cristo. Pero también conoce su miseria, sabe que es como polvo elevado por el viento e iluminado por los rayos del sol, que brilla maravillosamente, pero con un brillo que procede de Dios. Este doble conocimiento permite al hombre situarse ante el mundo, con confianza y seguridad (porque es hijo de Dios) pero con desconfianza hacia sí mismo, porque reconoce que está hecho de barro y si se aparta de Dios es capaz “de todos los errores y de todos los horrores” (San Josemaría Escrivá).

Por último, señalamos tres virtudes que son como partes integrantes de la humildad: la sinceridad (reconocimiento de la verdad), la docilidad (obediencia a la verdad reconocida) y la sencillez (hábito de elegir el camino más derecho y simple entre los posibles para actuar según la verdad).

Estas consideraciones las hemos tomado de E. Burhart y J. López, Vida cotidiana y santidad en las enseñanzas de San Josemaría. Estudio de teología espiritual, Volumen II, pp. 383 ss.

No podemos terminar estas reflexiones sobre la humildad sin hacer una referencia a Nuestra Señora, Esclava del Señor. En Ella tenemos un modelo perfecto de la verdadera humildad (además de nuestro modelo supremo en todo, que es Jesucristo). «Porque vio la humildad de su esclava, he aquí que, por esto, me llamarán bienaventurada todas las generaciones» (Lc 1, 48).

Para finalizar, transcribimos, como ya va siendo habitual, algunos textos de los Dictados de Jesús a Marga, que tienen relación con la virtud cristiana de la humildad (cfr. ver sitios sobre el Tomo Rojo y el Tomo Azul).

Mensaje del 12 de junio de 2006

Jesús:

Hija querida de mi Corazón de Padre, Corazón de Dios.

¿Cómo me quieres tanto, Jesús? (palabras de Marga)

Llora, pero llora con paz y por alegría. Por alegría de saberte amada hasta la muerte, y muerte de Cruz.

Yo te amo, te amo por los que no te aman. Jamás os podéis sentir huérfanos y solos: ¡os ama Dios!

Yo preparo tu corazón. Déjate preparar. Mira cómo se le caen las escamas que lo protegen y le hacen duro. Con la humildad y la humillación hago a vuestro corazón semejante al Mío.

Mensaje del 2 de mayo de 2008 (última parte)
(Primer Viernes)

Virgen:

Mira, hija, Yo he querido purificaros muchísimo. Me sois necesarios en el estado más puro que podáis. Y para eso tenéis que desprenderos de muchas cosas.

¿De verdad sois todos esos «niños buenos» que aparentáis?

Hijo, refórmate, porque nada hay oculto que no llegue a descubrirse. Refórmate, porque Yo pido mucho de ti. No estés engañado sobre ti mismo. Conoce tu realidad y piensa: así me ama Dios, ¿no voy a amar yo igualmente a todos? Humildad. Humildad y paz.

Veréis qué bien se está. Qué bonitas las relaciones entre vosotros y cuánto amor.

Purificaos. Y humildad y paz. Así alcanzaréis la paz. Sacrificio y humillación. Es lo que hace al alma digna de Dios. ¿O es que queríais presentar al Señor una ofrenda no válida? Las ofrendas para Dios, son las mejores. El alma purificada es la mayor ofrenda y la mejor que le podéis dar.

Y  cuando Yo ya os haya purificado, porque os habéis puesto en mis manos, saldréis a convertir al mundo. No antes.



sábado, 28 de junio de 2014

Los Corazones de Jesús y de María

Ayer, la Iglesia celebraba la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Hoy, la memoria del Inmaculado Corazón de María. Las fiestas de los Dos Corazones se unen en el Año Litúrgico. Mañana, este año celebraremos la Solemnidad de los Apóstoles Pedro y Pablo. Por tanto, la Liturgia de la Iglesia nos ofrece un tiempo de intensa oración y meditación.


Por otra parte, hemos recibido con pena la noticia del fallecimiento, el 18 de junio, de Joey Lomangino (1930-2014). Quien conozca un poco la historia de las apariciones de la Virgen en Garabandal, sabe que Joey, desde 1963, has sido uno de los principales propagadores de los mensajes que la Virgen quiso dar al mundo para que se difundieran, en estos más de 50 años (cfr. entrada sobre Joey Lomangino en Ecos de Garabandal).

Es providencial que haya sido el 18 de junio, víspera de la Solemnidad del Corpus Christi, el día que escogió el Señor para llevarse a Joey a la Casa del Padre. Ahora ya puede ver con sus dos ojos la Gloria de Dios. Ha recuperado la vista de manera definitiva, justo en un aniversario de la primera aparición que hubo en Garabandal.

¡Los designios de Dios son insondables y sus caminos inescrutables! Muchos pensábamos que el Milagro de Garabandal sería en vida de Joey, pues la Virgen dijo a Conchita que ese día recibiría nuevos ojos. Conchita se lo trasmitió a Joey en una carta:

Día de San José, 1964. Querido Joey, Hoy en una locución en los Pinos, la Virgen me dijo que te comunicara que la voz que tú oíste era de ELLA. Que tú recibirás nuevos ojos en el día del gran milagro. También me dijo que el Hogar de Caridad que fundarás en Nueva York dará gran gloria a Dios. Conchita González”.

El 18 de junio de 2005, al cumplirse cuarenta años desde el día del Segundo Mensaje, en 1965, Joey escribió una carta en la que se hace eco de los correos que recibe de gente ansiosa por saber algo sobre la fecha del Milagro. Aclara lo siguiente: “Quiero asegurarles que lo comprendo y que creo realmente que el día del gran Milagro tendré nuevos ojos y que, como dijo Nuestra Señora, ‘Serán para Gloria de Dios’. Hasta entonces, esperemos, recemos y miremos a los Sucesos de Garabandal que están por venir”.

En la carta que Conchita le escribió, dice simplemente que tendrá nuevos ojos. En sentido parecido se pronuncia en una entrevista de 1973 cuando afirma que la Virgen “dijo que recobraría la vista el día del Gran Milagro”. Sin embargo, en otra entrevista posterior, en 1974, Conchita precisó más: “Acerca de Joey, todo cuanto recuerdo ahora es que la Santísima Virgen me dijo que en el momento del Milagro, Joey tendría nuevos ojos y que a partir de entonces vería permanentemente”.

Joey volvió regularmente a Garabandal después de 1963 y estuvo allí el 18 de junio de 1965, durante el Segundo Mensaje.

En 1968, Joey Lomangino fundó la asociación The Workers of Our Lady of Mount Carmel de Garabandal INC. (Los Trabajadores de Nuestra Señora del Monte Carmelo de Garabandal). Hoy día los trabajadores de Nuestra Señora por todo el mundo son testigos de ellos. Desde el año 2002, The Workers of Our Lady of Mount Carmel, Inc., inician la difusión de las apariciones a través de la red Internet y la difusión por este medio llega rápidamente a todo el mundo.

¿Qué decir ante la inesperada noticia del fallecimiento de Joey? La apertura del alma a Dios y a su acción en la fe, también incluye el elemento de la oscuridad. La relación del ser humano con Dios no anula la distancia entre el Creador y la criatura, no elimina lo que el apóstol Pablo dijo ante la profundidad de la sabiduría de Dios, “¡Cuán insondables son sus designios e inescrutables sus caminos!” (Rm. 11, 33) (cfr. Catequesis de Benedicto XVI, 19-XII-2012).

Podríamos rechazar aquellos supuestos mensajes del Señor o de su Madre, en los que encontremos contradicciones evidentes: ya sean internas o con la doctrina de la fe. Lo que no podemos es dudar de mensajes (o elementos que rodean una aparición mariana, por ejemplo), si los hechos que van pasando no coinciden con la idea que nos habíamos formado personalmente.

Nuestras interpretaciones son humanas y falibles. En este sentido es muy sensato el consejo que daba Joey en 2005: “creo realmente que el día del gran Milagro tendré nuevos ojos y que, como dijo Nuestra Señora, ‘Serán para Gloria de Dios’. Hasta entonces, esperemos, recemos y miremos a los Sucesos de Garabandal que están por venir”.

Esperemos, recemos y mantengámonos vigilantes, porque todo lo que dijo Nuestra Señora a las niñas de Garabandal se cumplirá, tal como lo tenga previsto Dios en su infinita sabiduría.

Y ahora, para finalizar, recogemos algunos mensajes de Jesús y de María a Marga (ver sitios sobre el Tomo Rojo y el Tomo Azul), sobre el Sagrado Corazón de Jesús:

Mensaje de la Virgen (30 de mayo de 2004)
(Pentecostés)
Virgen:
Mira, niña, que éstos son los pecados que más claman al Cielo: Asesinato de niños por aborto, asesinato de almas de los niños por la destrucción de la vida de la Gracia en ellos. El asesinato de inocentes, que tiene 2 vertientes, en sus cuerpos y en sus almas.
Por estos dos pecados, por ver cómo os matáis entre vosotros, mi Padre Dios ha determinado destruiros en los Castigos que envía a su humanidad. Porque ya no sois capaces de volveos solos hacia la Verdad, y el camino que habéis emprendido sin retorno, ha tomado ya esa dirección y no puede parar, salvo que Dios envíe el «¡Alto!» desde el Cielo.
Pensad, hijos: ¿qué os haría parar?... Nada, salvo un Castigo muy fuerte. Ése es el que recibiréis.
Pero antes, oh, niña, oh, hijos, mirad que vengo a advertiros: ¡Convertios! ¡Convertios! Antes de que llegue el día y que Dios pueda decidir no destruiros a vosotros, oh, hijos, mis ovejas, mis pequeñas ovejas. Que pueda decidir no destruiros, porque me ha concedido procurarme un Resto, el Resto de Israel. El que estará en pie para recibir al Cordero cuando vuelva, cuando Él vuelva...
Y mirad que se acercan esos días. Y mirad que Yo os aviso, que Yo os despierto.
Mirad, antes de que venga el Día Terrible, vendrán dos avisos:
El Aviso, el llamado Aviso por excelencia, que proclamé a mis niñas de Garabandal, y El Milagro, que será un segundo aviso.
Gracias a estas dos cosas podré impedir que una buena parte de la humanidad sea golpeada de muerte y muera. La otra buena parte, morirá castigada. Dios lo ha determinado así para poder salvar al hombre. La salvación quedará así concluida y el Señor vendrá renovando consigo todas las cosas. ¡Alegraos! ¡Alegraos con Dios por esto! ¡Se acerca vuestra liberación! Se acerca el fin que será el comienzo.
Y para eso yo hoy os suscito, para estos Últimos Tiempos, los Tiempos del Amor, los Tiempos de la Devoción al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María.

Mensaje de Jesús (7 de octubre de 2004)
Jesús:
He estado siete años contigo, no para dictarte unas bonitas Meditaciones. He estado, estoy y estaré para dar un Mensaje al mundo: ¡Convertios! Y creed en el Evangelio.
El Tiempo se acerca y está a las puertas. Creed en mi Amor. Este renovará al mundo.
Y después de la Purificación: el tiempo Nuevo. La era del Reinado Social del Sagrado Corazón de Jesús.
Para lo que os he estado preparando. Esto es lo característico de «tu» Mensaje.

Mensaje de la Virgen (17 de mayo de 2007) (principio del mensaje)
Virgen:
El Camino que debéis emprender ahora es un Camino de Cruz. Esa Cruz es de Alegría. Porque veis que están prontos los días, y se acercan, de vuestra liberación. ¡Alegraos y regocijaos! El Señor está próximo a venir. Se acercan los días, y en ellos estamos, de la Purificación. La Gran Purificación de la tierra, del hombre sobre la tierra. Permaneced muy unidos y todos en el redil. Afuera está el Lobo, hambriento, que busca el menor descuido de la oveja para hincarle el diente y, a grandes dentelladas, destrozarla.
No por eso tenéis que tener miedo a salir afuera y tratar con la gente para atraerlas a Mí. No estoy diciendo esto.
El Sagrado Corazón de Jesús es el Monte donde está mi Refugio, mi Inmaculado Corazón. Subid a este monte y permaneced en él. Es el Monte Carmelo. Vida de ascensión y sacrificio, de oración constante y contemplación, la más subida. Es la Vía Dolorosa, porque Yo he querido venir a compartir con vosotros vuestro camino al Calvario. La Madre Dolorosa está con vosotros: meditad en la Pasión de Jesús. Porque la Pasión es vuestras vidas. La Pasión se ha convertido en vida diaria. ¡Pero no quiero que sea una Pasión triste! ¡Vosotros sabéis que ha Resucitado y que os resucitará juntamente con Él! Sabéis que a su Iglesia, ¡Él la resucitará!  

Mensaje de Jesú (3 de julio de 2008) (principio del mensaje)
Jesús:
Apunta sobre la Devoción de los Últimos Tiempos: Es la Devoción del Amor, del Sagrado Corazón de Jesús.
En esta Devoción no cabe el odio. Y lo primero que tiene que hacer un alma es desprenderse de él para abrazarla. Por medio de María, por medio del Inmaculado Corazón de María. Que sea Ella la que triunfe primero verdaderamente en el alma.
Para eso, practicad mi Rosario todos los días, meditándolo y rezándolo con el corazón. Para los que se quieran dar más prisa o ser más avanzados, rezad las tres partes.
Consagraos enteramente a Ella. Vivid de Ella y para Ella. Todo lo vuestro en sus manos. Toda vuestra alma entregada y sencilla. Renunciando a los efectos del pecado, de la carne y del mundo en vosotros. Comprometiéndoos a vivir según el Evangelio. Y mi Reino podrá venir a vuestros corazones.

Primero, lo que quiero es un triunfo del Inmaculado Corazón de María en vosotros.  

sábado, 21 de junio de 2014

Corpus Christi 2014

En muchos lugares del mundo la Solemnidad del Corpus Christi se traslada del jueves al domingo. Antiguamente, existía la octava del Corpus, con Exposición Solemne del Santísimo hasta la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, que celebraremos el próximo viernes.


Por lo tanto, estos próximos días, son una magnífica ocasión para pedirle al Señor que nos conceda una fe mayor y más fuerte, para saber adorarle en la Eucaristía cómo Él se merece.

Siempre nos quedaremos cortos en el intento. La Eucaristía es un gran Misterio de Amor. ¡Qué pena que en tantos Sagrarios de la tierra el Señor se encuentre sólo! ¡Qué pena que seamos tan insensibles los hombres de nuestra época! Pero estos sentimientos, que es lógico que los tengamos al ver tanta indiferencia, a nuestro alrededor, por la Eucaristía, no se deben quedar en un lamento estéril. Cada uno de nosotros podemos tratar de suplir con más amor la carencia de fe que hay actualmente.

San Josemaría Escrivá de Balaguer, en febrero de 1932, cuando muchos se dedicaban a quemar iglesias y conventos en Madrid, él escribía el siguiente propósito: “Jesús, que cada incendio sacrílego aumente mi incendio de Amor y Reparación”.

En vez de quejarnos porque las cosas van mal, vamos a reparar con oración, adoración, amor cada vez mayor a la Eucaristía.

En estos días podemos repetir con frecuencia al Señor la cuarta petición del Padre Nuestro: “danos hoy nuestro pan de cada día”.

Benedicto XVI hace una interesante reflexión, al respecto. Nos dice que esa expresión —“pan de cada día”, en griego (epiousios)—, en realidad se debería traducir por “el pan del mundo venidero”, es decir, el pan eucarístico, pues a través de la Eucaristía, en la que recibimos a Cristo Glorioso, el Cielo llega a nosotros, por adelantado. El mañana de Dios viene hoy e introduce el mundo del mañana en el mundo de hoy.

Una antífona atribuida a santo Tomás de Aquino (O sacrum convivium) define la Eucaristía como el sagra­do convite, en el que «se recibe a Cristo, se celebra la memoria de su pasión, el alma se llena de gracia y se nos da a nosotros la pren­da de la gloria futura». Pasado, presente y futuro están igualmente representados en la Eucaristía.

La Eucaristía es el “Pan de los Ángeles” (panis angelorum), es “Pan de los que caminan” (cibus viatorum) (cfr. Secuencia del Corpus Christi). Desde el principio, los primeros cristianos la recibían con sumo respeto, con limpieza interior y exterior.

Por ejemplo, San Justino, mártir, en una de sus Apologías, escrita a mediados del siglo II, decía: “A nadie es lícito participar de la Eucaristía si no cree que son verdad las cosas que enseñamos y no se ha purificado en aquel baño que da la remisión de los pecados y la regeneración, y no vive como Cristo nos enseñó. Porque no tomamos estos alimentos como si fueran pan común o una bebida ordinaria; sino que, así como Cristo, nuestro salvador, se hizo carne por la Palabra Dios y tuvo carne y sangre a causa de nuestra salvación de la misma manera, hemos aprendido que el alimento sobre el que fue recitada la acción de gracias que contiene las palabras de Jesús, y con que se alimenta y transforma nuestra sangre y nuestra carne, es precisamente la carne, la sangre de aquel mismo Jesús que se encarnó”.

En estos días en que tratamos de descubrir, una vez más, la riqueza y el gran Don que hemos recibido en la Eucaristía, nos puede ayudar una consideración que hace Benedicto XVI a propósito de la cercanía de Dios con los hombres (cfr. Homilía durante la Misa con sus exalumnos, Castelgandolfo, 2 de septiembre de 2012).

“La Iglesia ha puesto las palabras del Deuteronomio —«¿Dónde hay una nación tan grande que tenga unos dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, siempre que lo invocamos?» (4, 7)— en el centro del Oficio divino del Corpus Christi, y así le ha dado un nuevo significado: ¿dónde hay un pueblo que tenga a su dios tan cercano como nuestro Dios lo está a nosotros? En la Eucaristía esto se ha convertido en plena realidad. Ciertamente, no es sólo un aspecto exterior: alguien puede estar cerca del Sagrario y, al mismo tiempo, estar lejos del Dios vivo. Lo que cuenta es la cercanía interior. Dios se ha hecho tan cercano a nosotros que él mismo es un hombre: esto nos debe desconcertar y sorprender siempre de nuevo. Él está tan cerca que es uno de nosotros. Conoce al ser humano, conoce el «sabor» del ser humano, lo conoce desde dentro, lo ha experimentado con sus alegrías y sus sufrimientos. Como hombre, está cerca de mí, está «al alcance de mi voz»; está tan cerca de mí que me escucha; y yo puedo saber que me oye y me escucha, aunque tal vez no como yo me lo imagino”.

El 6 de enero de 2010, el ceremoniero de Benedicto XVI, Guido Marini, escribía las siguientes palabras, en relación con la actitud de adoración que es necesario tener delante de la Eucaristía:

Todo en el acto litúrgico, pasando por la nobleza, la belleza, y la armonía del signo exterior, debe ser conducida a la adoración, a la unión con Dios: esto incluye la música, el canto, los periodos de silencio, la manera de proclamar la Palabra del Señor, y la manera de orar, los gestos empleados, las vestiduras litúrgicas y los vasos sagrados y otros accesorios, tanto como el sagrado edificio en su totalidad. Es bajo esta perspectiva que la decisión de Su Santidad, Benedicto XVI, debe ser tomada en consideración, quien, comenzando en la fiesta del Corpus Christi el año pasado, ha comenzado a distribuir la sagrada Comunión directamente en la lengua a los fieles arrodillados. Por el ejemplo de esta acción, el Santo Padre nos invita a hacer visible la propia actitud de adoración ante la grandeza del misterio de la presencia eucarística de nuestro Señor. Una actitud de adoración que debe ser nutrida tanto más al acercarse a la santísima Eucaristía en las otras formas permitidas hoy”.

La santa carmelita Edith Stein (Santa Teresa Benedicta de la Cruz), martirizada en el campo de concentración de Auschwitz, cuenta en El misterio de la Navidad la impresión que le produjo 
—cuando todavía era judía de religión— ver a una mujer sola, rezando en una iglesia católica. Después de recorrer con su amiga Pauline la parte vieja de Frankfurt, entraron en la catedral… “… y mientras estábamos allí en respetuoso silencio, llegó una señora con su cesta del mercado y se arrodilló profundamente en un banco, para hacer después una breve oración. Esto fue para mí algo totalmente nuevo. En las sinagogas y en las iglesias protestantes a las que había ido, se iba solamente para los oficios religiosos. Pero aquí, llegaba cualquiera, en medio de los trabajos diarios, a la iglesia vacía, como para un diálogo confidencial. Eso no lo he podido olvidar”.


En cierta ocasión, un periodista belga presentó a la Madre Teresa de Calcuta un cuestionario, para que lo contestara. Una de las preguntas era ésta: ‘¿Qué es lo más importante, a su juicio, en la formación de las monjas?’. “Lo más importante —respondió la Madre— es que tengan un amor hondo, personal, al Santísimo Sacramento, de tal forma que encuentren a Jesús en la Eucaristía. Así podrán encontrarlo también en el prójimo y servirlo en los pobres”.

En la cuarta visita de Juan Pablo II a México (1999), se colocó en la capilla de la Nunciatura un cuadro de Boticelli pintado en 1492 conseguido en préstamo por el nuncio mons. Justo Mullor. Al ver salir al Papa de la capilla, le preguntó si el cuadro que representaba a san Giovannino le había gustado. Juan Pablo II, casi extrañado, con una de sus sonrisas insinuantes, le dijo: “«No he entrado a la capilla por el Boticelli, sino por el tabernáculo, que es más valioso que cualquier museo!». Monseñor Mullor recuerda que fue una gran lección la que le dio en ese momento el Papa.

Y, para terminar, copiamos un mensaje de Jesús a Marga (ver página sobre el Tomo Rojo y el Tomo Azul):

Mensaje del 22 de junio de 2003

(Corpus)

Jesús: (Desde la Custodia en un Altar)

¡Magdalena!, ¡María!: Derrama tu aceite oloroso, derrama tu aceite y tu perfume a mis pies, porque mira al Dueño de la Casa expulsado de su Tabernáculo y que en su lugar levantan un templo al Impío. Derrama tú tus perfumes y tus aceites a mis pies, y consuélame de las ingratitudes de tantos y tantos pecadores. Especialmente de los que se acercarán hoy a comulgar y lo harán en estado de pecado, comiendo su propia condenación. De los que hoy me seguirán en procesión, pero su corazón está lejos de Mí, siguen su propia condenación.

Corpus Christi, Corpus Christi: el Cuerpo de Cristo. ¿Cuántos se acordarán de Mí? De honrarme y venerarme, de adorarme, ¿cuántos?

Caridad fraterna, «Día de la Caridad fraterna». Diles, niña, que esto es imposible si no se acuerdan de Mí, de la Caridad filial hacia Mí. Hoy tampoco se acordarán de ellos, puesto que no se acuerdan de Mí.

Empezad por lo primero (Yo), para poder llegar a lo segundo (ellos). ¿Cómo acordarse del hermano si no se acuerda uno de Dios?

Honradme, amadme, veneradme. Adoradme.

sábado, 14 de junio de 2014

La Santísima Trinidad

La Iglesia celebra mañana el misterio central de nuestra fe, la Santísima Trinidad, fuente de todos los dones y gracias, el misterio inefable de la vida íntima de Dios.


La liturgia de la Misa nos invita a tratar con intimidad a cada una de las Tres Divinas Personas: al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. La fiesta fue establecida para todo Occidente en 1334 por el Papa Juan XXII, y quedó fijada para este domingo después de la venida del Espíritu Santo, el último de los misterios de nuestra salvación. Mañana podremos repetir muchas veces, despacio, con particular atención: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

El domingo pasado meditábamos en la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, que representa, por decir así, lo más profundo de la vida intratrinitaria: «El Espíritu Santo es la persona misteriosa de la Santísima Trinidad que representa la vida íntima divina y al mismo tiempo el alma de la divinidad que expresa en profundidad la invisiblidad de Dios, su profundo secreto y su incomprehensibilidad. Precisamente en el Espíritu Santo nos encontramos con el misterio más profundo de la vida divina trinitaria, de la misma forma que nos topamos con el secreto del hombre cuando conocemos su espíritu y su alma» (L. SCHEFFCZYK, La encíclica sobre el Espíritu Santo. Balance  realista y mensaje  de esperanza para el  siglo que comienza, en «Scripta Theologica» 20 (1988/2-3) 569-586).

Mañana celebramos a la misma Vida Divina Trinitaria, al invocar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, para tratar de acrecentar nuestra devoción a Dios Uno y Trino, y pedir a las Tres Personas que nos introduzcan en su Amor.

La Trinidad no es un misterio lejano. Es muy cercano a nosotros. Son las tres personas más íntimas a cada uno de nosotros. Dios es “intimior intimo meo” como decía San Agustín. Viven en nosotros como en un templo.

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu fuimos bautizados, y en su nombre se nos perdonan los pecados; al comenzar y al terminar muchas oraciones, nos dirigimos al Padre, por mediación de Jesucristo, en unidad del Espíritu Santo. Muchas veces a lo largo del día repetimos los cristianos: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Reflexionemos sobre algunas consideraciones que han hecho los santos sobre este Gran Misterio de nuestra fe. Estos grandes maestros nos enseñarán a descubrir, ya desde aquí, en la tierra, cómo podemos vivir la Vida de Dios, en las circunstancias ordinarias y sencillas de nuestra vida. 

San Ambrosio de Milán: "Tú has sido bautizado en nombre de la Trinidad. Has profesado —no lo olvides— tu fe en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo. Vive conforme a lo que has hecho. Por esta fe has muerto para el mundo y has resucitado para Dios... Descendiste a la piscina bautismal. Recuerda tu profesión de fe en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo" (Sobre los Misterios, 21 y 38).

Santa Catalina de Siena: «Tú, Trinidad eterna, eres mar profundo, en el que cuanto más penetro, más descubro, y cuanto más descubro, más te busco» (Diálogo, 167).

Santa Teresa de Jesús: “No ha menester para hablar con su Padre Eterno ir al cielo, ni para regalarse con Él. Por poco que hable, está tan cerca que nos oirá, ni ha menester alas para ir a buscarle, sino ponerse en soledad, y mirarle dentro de sí, y no extrañarse de tan buen huésped, sino con gran humildad hablarle como a padre, pedirle como a padre, contarle sus trabajos” (Camino de perfección, c. 28).

Cuenta Santa Teresa que al considerar la presencia de las Tres divinas Personas en su alma «estaba espantada de ver tanta majestad en cosa tan baja como es mi alma» ; entonces, le dijo el Señor: « No es baja, hija, pues está hecha a mi imagen » (Cuentas de conciencia, 41ª,2) . Y la Santa quedó llena de consuelo.

Sor Cristina de Arteaga: “Océano sin fondo de la vida divina! // Me he llegado a tus márgenes con un ansia de fe. // Di, ¿qué tiene tu abismo que a tal punto fascina? // - Océano sin fondo de la vida divina! // Me atrajeron tus ondas... - y ya he perdido pie!” (Sembrad, Ed. Monasterio de Santa Paula, Sevilla 1982. LXXXV).

San Josemaría Escrivá de Balaguer: « — Dios es mi Padre! — Si lo meditas, no saldrás de esta consoladora consideración. » — Jesús es mi Amigo entrañable! (otro Mediterráneo), que me quiere con toda la divina locura de su Corazón. » — El Espíritu Santo es mi Consolador!, que me guía en el andar de todo mi camino. » Piénsalo bien. — Tú eres de Dios..., y Dios es tuyo » (Forja n. 2).

«El corazón necesita, entonces, distinguir y adorar a cada una de las Personas divinas. De algún modo, es un descubrimiento, el que realiza el alma en la vida sobrenatural, como los de una criaturica que va abriendo los ojos a la existencia. Y se entretiene amorosamente con el Padre y con el Hijo y con el Espíritu Santo; y se somete fácilmente a la actividad del Paráclito vivificador, que se nos entrega sin merecerlo: — los dones y las virtudes sobrenaturales!» (Amigos de Dios, 306 y 307).  

Y, para concluir, la Beata Isabel de la Trinidad:

Poco antes de ingresar al Carmelo de Dijon, luego de esperar, por deseo de su madre, su cumpleaños 21, Isabel Catez-Rolland (después beata Isabel de la Trinidad) escribe a su director espiritual lo siguiente:

“Llevo diez días sin poderme mover: tengo un pequeño derrame sinovial en una rodilla... No puedo ir a la iglesia ni a comulgar, pero ¿sabe? Dios no necesita del Sacramento para venir a mí. Pienso que lo poseo lo mismo. ¡Es algo tan bueno esta presencia de Dios! Allí, en lo hondo, en el cielo de mi alma, es donde me gusta encontrarlo, pues Él nunca me abandona. ‘Dios en mí y yo en Él’. ¡Sí, esto es mi vida...! Hace tanto bien, ¿no?, pensar que, salvo por la visión, nosotros lo poseeremos ya lo mismo que lo poseen los bienaventurados en el cielo..., que no podemos separarnos ni alejarnos de Él... Pídale mucho que me deje poseer por entero, arrastrar por entero...

¿Le he dicho ya cómo me llamaré en el Carmelo? “María Isabel de la Trinidad”. Me parece que ese nombre denota una vocación especial, ¿no le parece un nombre bonito? ¡Amo tanto ese misterio de la Santísima Trinidad! Es un abismo en el que yo me sumerjo...

Adiós, querido señor. Le envío una fotografía; mientras me la sacaban, pensaba en Él, así que es Él quien va en la foto” (Carta al canónigo Angles, 14 de junio de 1901).

Debemos tratar a quienes cada día encontramos y hablamos como poseedores de un alma inmortal, imagen de Dios, que son o pueden llegar a ser templos de Dios. Sor Isabel de la Trinidad, recientemente beatificada, escribía a su hermana, al tener noticia del nacimiento y bautizo de su primera sobrina: «Me siento penetrada de respeto ante este pequeño santuario de la Santísima Trinidad... Si estuviese a su lado, me arrodillaría para adorar a Aquel que mora en ella» (Carta a su hermana Margarita, en Obras completas, p. 466).

Oración de la beata Isabel de la Trinidad: “Dios mío, Trinidad que adoro, ayúdame a olvidarme enteramente de mí mismo para establecerme en Ti, inmóvil y apacible como si mi alma estuviera ya en la eternidad; que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Ti, mi inmutable, sino que cada minuto me lleve más lejos en la profundidad de tu misterio. Pacifica mi alma. Haz de ella tu Cielo, tu morada amada y el lugar de tu reposo. Que yo no te deje jamás sólo en ella, sino que yo esté allí enteramente, totalmente despierta en mi fe, en adoración, entregada sin reservas a tu acción creadora”.

Y ahora, meditemos en algunos textos recogidos de los mensajes que ha recibido Marga de Jesús y de la Virgen.

Mensaje del 25 de abril de 2001:
Virgen:
(A propósito del apostolado)
¡Ay hija! ¡Muchísima caridad, por favor! Hija, tratáis con almas, ¡muchísima caridad para ellas! Mucho cuidado con los caídos, mucho respeto por los pecadores. Condenad al pecado, no al pecador. Eso sólo le corresponde a Dios. Hija, sí, «entra en las almas como de puntillas», ahora que te concedo acercarte a su cancel, entra, pero haciendo reverencia. Es terreno sagrado, es el sitio de Dios, es la morada de Dios, de la Santísima Trinidad.

Del Mensaje del 30 de septiembre de 2002:
Virgen:
“¿Ves?, no quieren reconocer al Verdadero Dios. Quieren un Dios acomodado a ellos, no al Verdadero Dios, que se manifiesta a ellos en ti y en toda la historia de la Iglesia y del Pueblo de Israel tal cual es.
Yo no dejaré de ser quien soy por ellos, la gente que no me cree. Ni Dios dejará de ser Quien es. Ni Jesucristo, su Hijo, dejará de serlo.
Y  si Yo y la Trinidad decidimos manifestarnos más en esta hora de la historia. ¿Quién son ellos para decir: «Así no es Dios, así no es la Virgen. No son Mensajes Verdaderos. Dios nunca nos hablaría así?»
Que no corrijan a Dios. Dios sabe lo que hay que hacer. Y lo hará, mal que les pese”.

Del Mensaje del 19 de junio del 2003:
Jesús:
Jesús:
“Si corrijo es para bien.
Dile a la que enseña su cuerpo que el cuerpo no os es dado para lucimiento propio. El cuerpo es de Dios. El cuerpo, así como el alma, son de Dios, son Templos del Espíritu Santo, son habitación de la Santísima Trinidad, son parte del Hijo y del Espíritu Santo”.

Nota de Marga a la oración que hizo cuando recibía el Mensaje del 17 de septiembre de 2004, sobre la vida mística que Jesús quiere que tengamos, mientras realizamos los deberes de la vida ordinaria:
“En esta oración me estoy dando cuenta de una cosa: Jesús no sólo ama mi alma, sino que ama mi físico. Me ama completamente. Nosotros también debemos amarnos completamente y amar a los demás en toda su persona, pues somos hombres, compuestos de alma y cuerpo. Y el cuerpo será glorificado. Oh, el cuerpo humano: es bello, es hermoso, ¿por qué lo prostituimos? Con él se puede alabar a Dios. Seamos Templos de la Santísima Trinidad”.