sábado, 1 de agosto de 2015

Reflexiones sobre las "fechas de los Últimos Tiempos"

Una de las cosas que nos suelen “preocupar” a todos, en general, es el tema de “las fechas” en las que se cumplirán las profecías referentes a los Últimos Tiempos.

Cronograma detallado de los Últimos Tiempos (Antonio Yagüe)

Por una parte,  siempre solemos hacer una alusión a las palabras mismas de Cristo en Mt 24, 36-37: “Pero de aquel día y hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre. Porque como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre…”. O, en Mc 13, 32: “Pero de aquel día o de aquella hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre”. O también, a las que trasmite san Lucas en los Hechos de los Apóstoles 1, 7: “Y Él les dijo: No os corresponde a vosotros saber los tiempos ni las épocas que el Padre ha fijado con su propia autoridad”.

Por otra parte, en Mt 16, 4 (y Lc 12, 54-65), Jesús invita a los discípulos a estar atentos a los “signos de los tiempos”, y también, en general, a “orar y vigilar” para conocer los tiempos y los momentos.

La verdadera preparación para los “últimos tiempos” y para los años que preceden la Segunda Venida de Cristo, es la preparación espiritual, es decir, la disposición a vivir plenamente nuestra fe cristiana, unidos estrechamente al Señor y a su Madre, que también es madre nuestra.

¿Cómo? A través de una intensa vida sacramental (Eucaristía, Penitencia), la meditación diaria de la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura, y la decisión de vivir las enseñanzas de Cristo personalmente y de procurar que nuestro testimonio de fe y de amor irradie hacia nuestros hermanos lo más posible.

De esta manera, aunque no se conozcan los detalles acerca de la proximidad de los últimos tiempos, sabemos que estamos en el camino correcto y haciendo lo que Dios espera de sus hijos.

Sin embargo, como en la época de los profetas, Dios nuestro Padre, también desea que conozcamos sus planes, para que podamos estar mejor preparados, especialmente cuando lo que se acerca es un tiempo de Gran Tribulación y prueba para nuestra fe. Es lógico que nos brinde toda su ayuda y nos proporcione los medios necesarios para nuestra santificación y la salvación del mundo.

¿Cómo lo hace? En primer lugar, a través de las inspiraciones ordinarias del Espíritu Santo, que nos hace descubrir “los signos de los tiempos” de modo ordinario: cuando observamos lo que ocurre en el mundo, cuando llevamos a nuestra oración lo que vemos a nuestro alrededor, cuando escuchamos y meditamos la Sagrada Escritura, y escuchamos la voz de Dios que nos invita a estar alertas y en oración…

Es decir, los sucesos históricos, el estudio de la Sagrada Escritura, la oración y reflexión personal, nos indican que los tiempos en que vivimos son “especiales”.

Es muy llamativo el modo en que “se pone a Dios entre paréntesis” en nuestro mundo, cuando no se le rechaza abiertamente. Aunque, gracias a Dios, hay muchas personas buenas y con una gran fe, también hay que reconocer que el mal ha impregnado nuestro mundo como nunca antes lo había hecho.

A todos nos preocupa la situación de la humanidad y también la situación de la Iglesia, que es nuestra madre y a la que vemos en la actualidad tan atacada por fuera y por dentro.

A lo anterior, se une un hecho sorprendente: la insistente preocupación de Nuestra Señora en comunicarse con sus hijos, de mil maneras, para traernos sus palabras de consuelo, pero también de advertencia. Son numerosos los lugares donde actualmente se manifiesta la presencia maternal de María, por medio de apariciones, locuciones y mensajes a todo tipo de personas, ordinariamente a los más humildes, como ha sido la constante en las apariciones marianas a lo largo de la historia.

Muchos de esos mensajes, aunque no hayan sido aprobados aun oficialmente por la Iglesia, tienen características casi evidentes de veracidad, como los dados en las apariciones en Garabandal y Medjugorje.

Es importante, por lo tanto, no despreciar esas intervenciones de Nuestra Madre en el mundo actual, porque Ella desea comunicarse con nosotros. Lo hace de manera ordinaria (de modo espiritual, en la oración), pero también de manera extraordinaria (que, cada vez va siendo más “ordinaria”).

Desde que los apóstoles comenzaron a difundir el mensaje cristiano, hubo hombres que se preocuparon por investigar su coherencia interna y sus repercusiones en la vida. Los teólogos (los primeros fueron san Juan y san Pablo) tratan de “bucear” en la fe de Jesucristo.  Así, esta reflexión en la fe (intellectus fidei), ha producido frutos maravillosos en la historia de la Iglesia. Pensemos en la obra teológica de san Agustín o santo Tomás de Aquino. Pensemos también en la maravillosa síntesis de la doctrina cristiana que es el Catecismo de la Iglesia Católica.

Aunque la verdad revelada siempre permanece igual en su contenido esencial y en su sentido “eodem sensu eamdemque sententia”, como decía san Vicente de Lerins, el Espíritu Santo va llevando a la Iglesia hacia una mayor explicitación del depósito de la fe, de modo que entendamos con mayor profundidad el plan de Dios. 

Ahora, también hay teólogos (quizá en un sentido más amplio: hombres que buscan la verdad sobre Dios y sobre sus planes de salvación), que continúan reflexionando sobre nuestra fe y descubriendo nuevos matices del Designio de Dios para la salvación de los hombres.

En este sentido, cabe mirar la obra del Dr. Antonio Yagüe que, en los últimos años, ha llevado a cabo una investigación muy seria y abundante sobre los últimos tiempos, es decir, sobre los tiempos que precederán inmediatamente la Segunda Venida de Jesucristo al mundo.

Conoce a fondo muchas de las apariciones marianas de nuestra época (especialmente, quizá, las de Nuestra Señora de Guadalupe, en México; Garabandal, en Cantabria, España; y, más recientemente, las de la Santa Montaña, en Puerto Rico).

Tiene también un manejo excepcional de la Sagrada Escritura, particularmente de algunos de los libros ─Evangelios, Daniel, Ezequiel, Apocalipsis…─, que contienen los textos fundamentales sobre la Segunda Venida del Señor.

Además, es Doctor en Geología y gran conocedor de la Astronomía Sagrada, la ciencia que desarrollaron los antiguos y que, ahora, gracias a las tecnologías modernas, se puede utilizar como un instrumento muy valioso para conocer los designios divinos. La Sagrada Escritura enseña que “los cielos fueron dispuestos con inteligencia” (Prov 3, 19), de forma que “proclaman la gloria de Dios” (Salmo 19, 1). Hasta ahora se ha visto el cielo sobre todo desde la Astrología, que es una perversión de la Astronomía Sagrada. Pero hay que reconocer que se puede reconocer la sabiduría divina de las estrellas en sus nombres y en su disposición y orden en el firmamento.

Antonio Yagüe ha estudiado detenidamente el cielo (las constelaciones, las estrellas, las conjunciones planetarias…) que vieron los Magos de Oriente en el Nacimiento de Jesús y, como resultado de ese estudio, ha hecho hallazgos impresionantes en su precisión y coherencia, que llevan a concluir que la Sabiduría divina no sólo quiso que la Primera Venida de Cristo quedara impresa en el firmamento y anunciara el Nacimiento del Señor, sino que también ahora podamos predecir los sucesos que tendrán lugar en la Segunda Venida de Jesucristo, como Rey, para juzgar a vivos y muertos.

A partir de la pauta que siguieron los Reyes Magos, para conocer el Nacimiento de Cristo, podemos descubrir las señales celestiales que apunten a la próxima Venida de Nuestro Señor, pues Él mismo anuncio que, poco antes de su Venida, habrá “signos en el sol, la luna y las estrellas” (Lc 21, 25).   

Recientemente ha publicado en su página de internet unos cronogramas que son un resultado de las  “hipótesis proféticas” que ha establecido, fruto de sus investigaciones. Cualquier hipótesis es una aproximación a la realidad final. Desconocemos cuál sea, pero podemos aventurar hipótesis, que nos ayuden a “vigilar y orar” en continua confrontación con los datos de la historia real.

Antonio Yagüe sostiene que “las hipótesis proféticas son escenarios posibles y fundamentados de cumplimiento de las profecías sagradas. Para elaborar una hipótesis se parte de datos de la Sagrada Escritura, de las Apariciones Marianas contrastadas, de la Astronomía Sagrada, de profecías de santos o beatos, de hechos históricos y de mucha reflexión y oración sobre estos ingredientes”.

Los hechos básicos en los que se enmarcan los cronogramas no son “inventos” de Antonio Yagüe, sino “hallazgos” suyos. Si, finalmente, se cumplen esas hipótesis y cronogramas, no harán más que confirmar la Sabiduría Divina, que todo lo hace con admirable perfección y exactitud.

El que la Virgen haya dicho en Garabandal que el Milagro que tendrá lugar ahí será un jueves ─y no un miércoles o un lunes─ no da lo mismo. Tampoco es casual que la Virgen de Guadalupe tenga estrellas en su manto, ni que el Apocalipsis mencione como algo central, en los últimos tiempos, la “gran señal de la Mujer”.

De esta manera, Antonio Yagüe ha llegado a la conclusión de que la fecha del Aviso anunciado por la Virgen en Garabandal es muy probable que sea el jueves 13 de abril de 2017, y que el día de la Segunda Venida del Señor será uno poco antes del 21 de diciembre de 2020, que es el primer día del año 490 (70 semanas de año de la profecía de Daniel) desde el 12 de diciembre de 1531 (aparición de la Virgen de Guadalupe).  

El sorprendente encaje entre la profecía de Daniel, el día de la aparición de la Virgen en el Tepeyac, y las señales que vieron los Reyes Magos en el Nacimiento de Cristo, no es una mera casualidad: es parte de las señales claras que nos da Dios a través de la sintonía que hay entre la Palabra de Dios, las señales del firmamento y las apariciones de su Madre, para que conozcamos los tiempos y momentos que Él ha destinado a su próximo Retorno. Pero esta no es la única sorpresa, sino la primera de una larga lista. 

Todo se ajusta y se relaciona; todo tiene sentido cuando se saben leer los “signos de los tiempos” con fe y deseos de profundizar en los designios amorosos de Dios.



sábado, 25 de julio de 2015

Santiago Apóstol y Garabandal

Hoy, 25 de julio, celebra la Iglesia la fiesta del apóstol Santiago el Mayor, que es uno de los tres “santos guerreros” relacionados con las apariciones de la Virgen en Garabandal.



Reproducimos, a continuación, algunos párrafos sobre la relación de Santiago con Garabandal, tomados del libro de Antonio Yagüe, “Garabandal, 50 años después”.

----------------------------------------------

Garabandal está enclavado en una vieja nación cristiana del continente europeo que, aunque en los últimos siglos no había tenido apariciones marianas de mensaje universal como Guadalupe, la Medalla Milagrosa, La Salette, Lourdes o Fátima, si tiene una larga historia de manifestaciones de la Virgen que comienzan en el siglo I en el Pilar de Zaragoza ante el propio apóstol Santiago y continúan a lo largo de los siglos, dejando una siembra de centenares de santuarios, monasterios, iglesias y ermitas dedicadas a honrarla y venerarla en toda la geografía de modo que la devoción a María está íntimamente ligada a la geografía e historia de España. Que la Virgen se apareciera en el norte de España no era histórica ni geográficamente novedoso. En aquella región, algunas de las apariciones marianas de mayor renombre son Covadonga (722), la Bien Aparecida (1605) o Ezquioga (1931).

Cuando la Península Ibérica fue invadida por los musulmanes a principios del siglo VIII, la región cántabra, en la que se enclava la pequeña aldea, junto con la asturiana de los Picos de Europa fueron los últimos refugios de los cristianos. A unos 30 kilómetros de Garabandal se encuentra el Monasterio de Santo Toribio de Liébana al que el Obispo de Astorga envió por entonces la reliquia del Lignum Crucis que es el mayor  trozo que queda de la Santa Cruz.

Hacia el año 770 vivía allí San Beato de Liébana, un monje realmente sabio (…). El santo promovió la devoción al Apóstol Santiago reviviendo la tradición de su presencia evangelizadora en las tierras de España. Pocos años después (813), aparecía milagrosamente en Galicia el sepulcro del Apóstol. Cuando dos siglos más tarde comenzó la tradición de peregrinar a Compostela, por Cantabria, a pocos kilómetros del sepulcro de San Beato pasaba el camino más antiguo hacia Santiago. Fruto de la devoción al Apóstol predicada por San Beato, Santiago es hoy el patrón de España pero más  específicamente de Santander, la capital de Cantabria.

El 25 de julio de 1962 día de su fiesta, cerca de medianoche, el Apóstol quiso manifestarse cabalgando por unos minutos por el cielo nocturno de Garabandal [ver referencia de la nota 30], para mostrar su particular implicación con el mensaje que el Cielo enviaba. La imagen de Santiago sobre un caballo blanco es la expresión de una larga historia de protección visible en las batallas que los cristianos han librado para mantener la fe en la tierra que él había evangelizado [nota 31: Además de la Batalla de Clavijo (844) se cita la milagrosa intervención de Santiago en las batallas de Hacinas (931), las Navas de Tolosa (1212), Murcia (1228), Medina Sidonia (1268) contra los musulmanes, Brunete (1937) contra el ejército de la II República], contra distintos enemigos. Su origen comienza en la batalla de Clavijo (Rioja) a 200 km de Liébana, hacia el año 844, y tiene nuevos importantes episodios en casi todos los siglos. El Apóstol es patrón del Arma de Caballería, y los ejércitos españoles entran en batalla invocando su nombre al grito de “Santiago y cierra España”. Hace 300 años Francisco de Quevedo escribía al rey Felipe IV: “Dios hizo a Santiago, Patrón de España, que no existía entonces, para que cuando llegue el día pudiera interceder por ella y volverla otra vez a la vida con su doctrina y con su espada” [ver referencia de la nota 32].

El apóstol Santiago es el tercer guerrero que aparece relacionado con Garabandal, después de San Sebastián y San Miguel. En el Apocalipsis Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón. También lucharon el dragón y sus ángeles [nota 33: Apocalipsis 12, 7] y también el profeta Daniel señala que en aquel tiempo se levantará Miguel, príncipe grande, que es el defensor de los hijos de tu pueblo; porque vendrá un tiempo tal, cual nunca se ha visto desde que comenzaron a existir las naciones hasta aquel día [nota 34: Daniel 12, 1]. Esta presencia de tantos personajes guerreros y la mención repetida a los últimos tiempos sin duda tiene que ver con el mensaje de Garabandal que parece no ser contrario al hecho de desarrollarse en un ámbito geográfico apartado y de vida ordinaria. Podríamos decir que la lucha de los cristianos en el tiempo que anuncia la Virgen será a la vez intensa, pero dentro de ambientes propios de su vida ordinaria.

-----------------------------------------------------

A propósito de "guerras y guerreros" se puede ver el último vídeo de Antonio Yagüe: "Veo un rollo volando. La guerra nuclear".

sábado, 18 de julio de 2015

Aniversario 53° del "milagruco"

Hoy es un día muy especial: el 53° aniversario del “milagruco”. El 18 de julio de 1962 estuvimos en Garabandal varios miembros de nuestra familia (papá y mamá, q.e.p.d; y varios hermanos: los cuatro mayores, de 13, 12, 11 y 9 años de edad). 

Image:Garabandal-Message du 18-10-1961.jpg


Estuvimos esperando pacientemente durante todo el día (desde muy temprano), pues Conchita había anunciado, con varios meses de antelación, que ese día recibiría la Comunión de manos de San Miguel Arcángel. Era una prueba que quería dar la Virgen, de que era verdad que se aparecía Ella a las niñas de Garabandal.

Como sabemos, la niñas recibían con frecuencia la Comunión, que les traía San Miguel de algún Sagrario del mundo. Les traía formas consagradas por sacerdotes. Pero esas formas eran invisibles. La gente veía que las niñas abrían la boca y sacaban un poco la lengua, pero no se veía la forma consagrada. El día 18 de julio (en realidad ya era el día 19, hacia la una de la madrugada) sí se vio la forma blanca en la lengua de Conchita. La pudimos ver un buen grupo de personas (las que estuvimos ahí presentes haciendo varios círculos alrededor de la niña.

Algunos afirman que vieron la lengua vacía y, de pronto, aparecer la forma. Nosotros (los de nuestra familia) sólo vimos ya la forma en la lengua, que permaneció ahí algunos segundos (no sabría decir cuántos: no fue un tiempo largo). Después, Conchita cerró los labios y se quedó recogida, en oración, durante algunos minutos. Pasó aquel tiempo en el que todos guardábamos un respetuoso silencio, acompañando a la presencia eucarística de Jesús en Conchita. Luego continúo el éxtasis: ella se levantó y siguió caminando por las callejas del pueblo un buen rato más.

El “milagruco” no fue un milagro espectacular. Realmente, es necesario creer en la verdad de las apariciones para apreciar lo que ocurrió en Garabandal ese día como un gran don de Dios. No fue un “milagro” de los que manifiestan patentemente un orden preternatural (más allá de las leyes de la naturaleza) porque, como algunos que no creen afirman, la niña pudo haber tomado una forma en su casa, guardarla en la boca, y uno o dos minutos después pudo haber simulado la Comunión recibida del ángel. Es decir, no se puede “probar científicamente” (sólo racionalmente) que aquello fue un milagro. Pero si creemos en las apariciones, en la sencillez de Conchita, en su sinceridad y rectitud (que se podían comprobar, moralmente, en cuanto se la trataba un poco), entonces, todo aquello resultaba claramente sobrenatural y milagroso. Para creer en las apariciones de Garabandal hace falta tener una disposición abierta y sensible a las intervenciones de Dios en nuestra vida.

Nosotros, todos, estuvimos convencidos de que aquello fue algo de Dios. Era parte de lo que ya habíamos tenido la oportunidad de ver en aquel pueblo apartado del mundo en las ocasiones en que, anteriormente, habíamos estado ahí, presenciando los éxtasis de las niñas y hablando con ellas cuando estaban es sus casas, siendo chicas totalmente normales.

Siempre hemos dicho que no puede caber en la cabeza de una persona sensata que todo lo que sucedió en Garabandal, entre los años 1961 a 1965 haya sido un montaje, o fruto de una sugestión colectiva, o ─lo que es todavía más absurdo─ obra de Satanás.

Para una persona con un mínimo de fe y con sentido común, es claro que aquello fue obra de Dios. Todos los elementos concurren a afirmar esto. Además, están los cientos de testigos que podemos hablar de lo que vimos, porque estuvimos ahí.

Esto explica que algunos santos contemporáneos (principalmente el Padre Pío de Pietrelcina y la Madre Teresa de Calcuta) hayan creído en Garabandal y lo hayan manifestado abiertamente.   

Es verdad que aún los Pastores de la Iglesia no emiten su juicio definitivo. Todo está en estudio, y pueden tardar años antes de que se aprueben esas apariciones. Pero esto es algo con lo que tenemos que contar, pues la Iglesia es muy prudente en estos temas.

Lo importante es que no olvidemos los dos mensajes de Garabandal, que resumen con breves conceptos lo que la Virgen nos pide en estos momentos de la historia de la humanidad. Y que tengamos también presente lo que Nuestra Señora confió,  repetidamente, a las niñas sobre la necesidad de prepararnos para el Aviso, el Milagro y el Castigo. No sabemos cuándo tendrán lugar esos acontecimientos, pero sabemos al menos que los dos primeros tendrán lugar en vida de Conchita (ahora tiene 66 años de edad), pues ella tendrá que decir la fecha del Milagro (que ya conoce, pero no ha dicho a nadie) ocho días antes.

Algunos, como Antonio Yagüe (ver su página de internet y su canal de YouTube), han formulado hipótesis, muy bien fundamentadas (en la Sagrada Escritura, Apariciones Marianas, Astronomía Sagrada, Profecías de santos, Hechos históricos, Reflexiones y Oración), que apuntan a que esos eventos están ya a la vuelta de la esquina: el primero ─el Aviso─ podría ser en torno al 13 de noviembre del 2016.

Todos los que, de alguna manera, creemos en las apariciones de Garabandal (ya se sabe que no es propiamente una fe teologal, como la necesaria para creer en las Verdades de Fe), estamos a la espera, con la “expectación de los hijos de Dios” de la que habla san Pablo en Rom 18, 18-20: “Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada. Porque el anhelo profundo de la creación es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sometió, en la esperanza”.

Sí, es tiempo de esperanza, y también tiempo de lucha. Cada vez necesitaremos más fortaleza y fidelidad para perseverar en la fe hasta el final. Pero tenemos a Jesús en la Eucaristía, a quien hemos de adorar y amar cada vez más. Y también tenemos, junto a nosotros, a María, que nunca nos dejará solos. Ha venido al mundo en los últimos tiempos para consolarnos y asegurarnos que podemos contar con su protección maternal. Nos acogemos a Ella, bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen (16 de julio), que es como se apareció hace más de 50 años en San Sebastián de Garabandal.

Merece la pena recordar los dos principales mensajes que se dieron en Garabandal.

En el primero, la Virgen dijo: «Hay que hacer muchos sacrificios, mucha penitencia. Tenemos que visitar al Santísimo con frecuencia. Pero antes tenemos que ser muy buenos. Si no lo hacemos nos vendrá un castigo. Ya se está llenando la copa, y si no cambiamos, nos vendrá un castigo muy grande» (18 de octubre de 1961).

Cuatro años más tarde, el Arcángel San Miguel daba el segundo mensaje, de parte de María: «Como no se ha cumplido y no se ha dado mucho a conocer mi mensaje del 18 de octubre, os diré que este es el último. Antes la copa se estaba llenando, ahora está rebosando. Los sacerdotes van muchos por el camino de la perdición y con ellos llevan a muchas más almas. La Eucaristía cada vez se le da menos importancia. Debemos evitar la ira de Dios sobre nosotros con nuestros esfuerzos. Si le pedís perdón con vuestras almas sinceras Él os perdonará. Yo, vuestra Madre, por intercesión del Ángel San Miguel, os quiero decir que os enmendéis. Ya estáis en los últimos avisos. Os quiero mucho y no quiero vuestra condenación. Pedidnos sinceramente, y Nosotros os lo daremos. Debéis sacrificaros más. Pensad en la Pasión de Jesús» (18 de junio de 1965).


sábado, 11 de julio de 2015

Garabandal y los sacerdotes (1)

Es conocido que uno de los temas que más salen a relucir en el contexto de las apariciones de la Virgen en Garabandal es el de los sacerdotes. Aunque el mensaje de Nuestra Señora en la pequeña aldea cántabra, durante los años 1961 a 1965, está dirigido a todos los hombres, lo cierto es que, de un modo muy especial, María se dirige a los sacerdotes, como hijos muy queridos.


Veamos algunos ejemplos concretos, tomados del libro del P. Eusebio García Pesquera, Se fue con prisas a la montaña.

 «Que a los sacerdotes y a su situación se ha concedido atención relevante en Garabandal ─afirma el P. Pesquera─, está fuera de toda duda: Hay pruebas innumerables. También en este punto aquellos extraños sucesos venían "apuntando" a las tremendas crisis que pronto iban a estallar en la Iglesia».

─ Cuando Nuestra Señora dijo a las niñas que hicieran “sacrificios” (por ejemplo, en el Primer Mensaje del 18 de octubre de 1961), ellas no sabían el significado de esta palabra. Por encargo de la Virgen se lo preguntaban a los sacerdotes. El P. Pesquera dice que él mismo tuvo que darles explicaciones sobre este tema.

En repetidas ocasiones la Virgen pide a las videntes que sean obedientes a sus padres y a los sacerdotes.

─ Desde el comienzo de los sucesos han demostrado las niñas una especial predilección por los sacerdotes y religiosos. Con frecuencia contaban los que subían, se fijaban en sus hábitos y siempre en sus trances hablaban de ellos con la visión. Si se les preguntaba: "¿Quién queréis más que venga?", respondían siempre: Los sacerdotes. Y hablando de obediencia, la que de modo especial les inculcaba la Virgen, era la que debían a los padres y a los sacerdotes.

─ "Varias veces las niñas, en estado de trance, han dicho que había sacerdotes, cuando nadie les veía (por ir de paisano), o que había en mayor número de los que parecían.

─ "Un caso entre muchos: Acababa de marcharse un pequeño grupo de sacerdotes y quedaba sólo don Valentín [el párroco del pueblo], con bastantes otras personas seglares; las niñas entraron en trance, en la iglesia, y hablaron de que allí había dos sacerdotes: don Valentín y otro. Al oír tal cosa, don Valentín se puso a mirar hacia atrás para descubrir al posible compañero; pero en vano ... Poco después se le acercó un "señor", que luego de saludarle, se declaró sacerdote, que había llegado de paisano, por haber subido en motocicleta.

─ "Otro: Cierto día también andaban por San Sebastián varios sacerdotes en indumentaria civil... Durante el éxtasis oyeron que las niñas hablaban de su presencia, y entonces, por temor a ser descubiertos públicamente, se apresuraron a marchar."(De seguro que entre los habitantes de San Sebastián de Garabandal podrían recogerse multitud de datos que, añadidos a los del padre Andreu, dejaron bien ilustradas para la historia esas fechas del verano de 1961).

─ Del día 29 [de agosto de 1961] (De las notas de don Valentín Marichalar): "Entró en éxtasis Conchita a las once y le oí preguntar: "¿Todos los sacerdotes son buenos?"... Hizo un gesto de admiración. Yo le pregunté luego por aquel gesto, y me dijo que no lo podía decir. Pero al fin me explicó que le había dicho la Virgen que, efectivamente, no todos los sacerdotes eran buenos".

─ Del día 30 [de agosto de 1961]: "Salió (en éxtasis) Conchita de su casa a las 12,10; dio unas vueltas por el pueblo. Junto a la puerta de la iglesia le oí decir: "Yo creía que todos los jesuitas eran buenos"..." (De las notas de don Valentín Marichalar). Pienso que esta especial mención de los jesuitas se debió a su especial trato con los hermanos Andreu.

─ De una entrevista que la Madre Nieves [directora de colegio de Burgos en donde estuvo Conchita] hace a Conchita (29 de octubre de 1966): “Me gusta oír hablar de la Virgen; he oído a muy poco sacerdotes hablar de Ella; uno me dijo un día: "Si esto de Garabandal no es verdad, ya no tendré fe en nada". ¿Cree que esto está bien? A mí me da pena". (Anota la Madre [de Conchita]: "La expresión de ese imprudente sacerdote la preocupa de verdad, y lo recuerda con frecuencia").

─ De una entrevista que la Madre Nieves hace a Conchita (30 de octubre de 1966): "He aprendido mucho en mi pueblo, porque la gente me exponía sus problemas; algunos, ¡muy fuertes! Los que más me han impresionado, han sido los de los sacerdotes: ¡me hacían daño!".

─ De una entrevista que la Madre Nieves hace a Conchita (29 de noviembre de 1966):"Me gustaría tener hermanos sacerdotes. He conocido muchos... Recuerdo que un Padre joven, del Corazón de María, al querer darle yo a besar el crucifijo, lo rehusó, y llorando decía: "No soy digno, no soy digno"... Cuando terminé de ver a la Virgen, fui donde él y le comuniqué aparte lo que Ella me había dicho: "Es que quiere dejar el hábito y salirse de la Congregación". Al oír esto, se puso a llorar de nuevo. Nunca más le he vuelto a ver" (cfr. P. Pesquera, o.c.).

─ De una entrevista que la Madre Nieves hace a Conchita (2 de diciembre de 1966):"Antes de decírmelo la Virgen, yo creía que todos los sacerdotes eran buenos; jamás se me ocurrió que pudieran cometer también pecados mortales. He conocido muchos... Algunos me parecieron santos al principio; luego vi cosas que no me agradaban. He comprendido más tarde cómo las personas pueden engañar. Yo, primero, les trataba a todo de "tú"; pero al darme cuenta de que aquella mi confianza era mal interpretada, cambié. Algunas veces pienso si entre las personas que he conocido había alguna que me quisiera de verdad... Muchos mimos, muchas frases cariñosas; pero me querían para sí. Veía que hasta los sacerdotes se enfadaban unos con otros, por tener en mí más parte o intervención... Me da vergüenza que me alaben, y agradezco que me digan lo que hago mal".

─ De una entrevista que la Madre Nieves hace a Conchita (31 de diciembre de 1966): "No siento rencor ni odio hacia nadie. Cuando los sacerdotes de la Comisión [que examinó a las niñas], o los encargados por ellos, nos atacaban, y los demás se enfadaban por esto, yo no. Pensaba que debían obrar así; y los quiero. Amor mucho a la gente que parece buena, piadosa; y también a los que están enfermos, y a los que viven su vocación, o que, teniéndola, no la han podido alcanzar aún. A lo mejor, después del Milagro, yo también puedo ir monja. ¡Qué alegría!" (Conchita pasó las Navidades en el pueblo, con su familia).

─ En su “Diario”, Conchita, casi a final del primer año de apariciones, cuenta algo sobre las comuniones “místicas” que recibían: “"Cuando se lo decíamos a la gente (esto de las comuniones por mano del ángel), no lo creían algunos, sobre todo los sacerdotes, porque decían que el ángel no podía consagrar. Y nosotras, cuando volvimos a ver al ángel, le dijimos lo que decía la gente, y él nos dijo que las cogía (las formas) en los sagrarios, que las cogía de la tierra, ya consagradas. Y luego, se lo decíamos a la gente, y algunos lo dudaban. Y dándonos la comunión estuvo mucho tiempo".



sábado, 4 de julio de 2015

El don de fortaleza

Con el don de fortaleza termina Santo Tomás de Aquino su exposición sobre los dones del Espíritu Santo en la Suma Teológica.


EL DON DE FORTALEZA
(S. Th. II-II. q. 139)

Trataremos a continuación del don correspondiente a la virtud de la fortaleza (cf. q.123, introd.), es decir, del don de fortaleza.

Sobre esta materia planteamos dos problemas: 
  1. ¿La fortaleza es un don?
  2. ¿Qué es lo que le corresponde por parte de las bienaventuranzas y los frutos?

ARTÍCULO 1

¿La fortaleza es un don?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está el que en Is 11, 2  se menciona como uno más la fortaleza entre los dones del Espíritu Santo.

Respondo: Que la fortaleza, como hemos dicho antes (q.123 a.2; 1-2 q.61 a.3), implica una cierta firmeza de ánimo, requerida no sólo para hacer el bien, sino también para soportar el mal, principalmente si se trata de bienes o males arduos. Y que el hombre, según su modo propio y connatural, puede tener tal firmeza en lo uno y en lo otro, que no desfallezca en la práctica del bien a pesar de la dificultad que entrañe la realización de ciertas obras arduas o el aguante de ciertos males graves. Tal es la razón por la que a la fortaleza se la considera como virtud especial o general, como dijimos (q.123 a.2). Pero, a un nivel superior, el Espíritu Santo mueve interiormente al hombre para que lleve a término cualquier obra comenzada y se vea libre de cualquier peligro que le amenaza. Esto rebasa la capacidad de la naturaleza humana, ya que hay casos en que el hombre no puede llevar a cabo sus obras o escapar de los males o peligros, pues a veces le agobian hasta causarle la muerte. Ahora bien: esto lo realiza el Espíritu Santo en el hombre guiándolo en todo hacia la vida eterna, que es término de toda obra buena y la liberación de todos los peligros. Para ello infunde en el alma el Espíritu Santo una confianza especial que excluye todo temor contrario. Tal es la razón por la que la fortaleza es considerada como don del Espíritu Santo, pues ya dijimos antes (1-2 q.68 a.1) que los dones tienen por objeto la moción del alma por el Espíritu Santo.

ARTÍCULO 2

La cuarta bienaventuranza, que dice: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia", ¿corresponde al don de fortaleza?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está lo que dice San Agustín en el libro De Serm. Dom. in Monte: La fortaleza les viene muy bien a los hambrientos, ya que ellos sufren deseando gozar de los verdaderos bienes y queriendo apartar su amor de las cosas terrenas.

Respondo: Que, como hemos dicho (q.121 a.2), San Agustín relaciona las bienaventuranzas con los dones según el orden de enumeración, aunque teniendo en cuenta ciertas conveniencias. Por eso atribuye la cuarta bienaventuranza, la del hambre y sed de justicia, al cuarto don, o sea, al don de fortaleza. Porque, aunque parezca que no, hay entre ellos alguna conveniencia, ya que, como dijimos (a.1), la fortaleza tiene por objeto lo arduo. Y práctica muy ardua es no sólo el realizar obras virtuosas, sino el realizarlas con deseo insaciable, deseo que puede expresarse con los nombres de hambre y sed.


sábado, 27 de junio de 2015

El don de piedad

De los siete dones del Espíritu Santo, los que Santo Tomás trata de una manera más suscinta son los dones de piedad y fortaleza. El de piedad se relaciona con la virtud de la justicia.


EL DON DE PIEDAD
(S. Th. II-II. q. 121)

Vamos a tratar a continuación del don correspondiente a la justicia, que es el don de piedad (cf. q.57, introd.).

Sobre esta materia planteamos dos interrogantes: 
  1. ¿Es un don del Espíritu Santo?
  2. ¿Qué es lo que corresponde a este don por parte de las bienaventuranzas y los frutos?

ARTÍCULO 1

¿La piedad es un don?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está el que en Is 11, 2  se cita entre los dones.

Respondo: Que, como quedó antes explicado (1-2 q.68; q.69 a.1), los dones del Espíritu Santo son ciertas disposiciones habituales del alma que la hacen ser dócil a la acción del Espíritu Santo. Ahora bien: entre otras mociones del Espíritu Santo, hay una que nos impulsa a tener un afecto filial para con Dios, según expresión de Rm 8, 15: Habéis recibido el Espíritu de adopción filial por el que clamamos: ¡Abba! ¡Padre! Y, como lo propio de la piedad es prestar sumisión y culto al Padre, se sigue que la piedad, por la que rendimos sumisión y culto a Dios como Padre bajo la moción del Espíritu Santo, es un don del Espíritu Santo.

ARTÍCULO 2

La segunda bienaventuranza, que dice "Bienaventurados los mansos", ¿corresponde al don de piedad?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está el que San Agustín dice en su libro De Serm. Dom. in monte: que la piedad es propia de los mansos.

Respondo: Que al adaptar las bienaventuranzas a los dones se puede atender a una doble conveniencia. La primera, según la razón de orden, que fue al parecer la que siguió San Agustín. Es por lo que atribuye la primera bienaventuranza al don último, o sea, al don de temor; y la segunda bienaventuranza: Bienaventurados los mansos, al don de piedad, y así sucesivamente.
La segunda conveniencia, si atendemos a la propia naturaleza del don y de la bienaventuranza. Y según esto, se deberían adaptar las bienaventuranzas a los dones según los objetos. Así, a la piedad corresponderían la cuarta y la quinta más que la segunda. No obstante, la segunda bienaventuranza tiene una cierta coincidencia con la piedad, en cuanto que por la mansedumbre se quitan los obstáculos para los actos de piedad.

sábado, 20 de junio de 2015

El don de consejo

Santo Tomás de Aquino trata sobre el don de consejo en quinto lugar, después de los dones de entendimiento, ciencia, temor y sabiduría.


EL DON DE CONSEJO
(S. Th. II-II. q. 52)

Viene a continuación el tema del don de consejo, correspondiente a la prudencia. Sobre ello se formulan cuatro preguntas: 
  1. El consejo, ¿debe incluirse entre los siete dones del Espíritu Santo?
  2. El don de consejo, ¿corresponde a la virtud de la prudencia?
  3. El don de consejo, ¿permanece en el cielo?
  4. Al don de consejo, ¿corresponde la bienaventuranza bienaventurados los misericordiosos?

ARTÍCULO 1

¿Debe incluirse entre los siete dones del Espíritu Santo el don de consejo?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está el testimonio de la Escritura: Reposará sobre él el espíritu de consejo y de fortaleza (Is 11, 2).

Respondo: Los dones del Espíritu Santo, como queda expuesto (1-2 q.68 a.1), son disposiciones que hacen al alma apta para ser movida por el Espíritu Santo. Ahora bien, Dios mueve a cada criatura según su modo propio de moverse. En expresión de San Agustín en VIII De Gen. ad Litt., mueve a la criatura corpórea a través del tiempo y del lugar: a la criatura espiritual, en cambio, a través del tiempo, no del lugar. Pero lo propio de la criatura racional es moverse a la acción a través de la indagación de la razón, y a esa indagación la llamamos consejo. En consecuencia, el Espíritu Santo mueve a la criatura racional por medio del consejo, y por eso está incluido entre los dones del Espíritu Santo.

ARTÍCULO 2

¿Responde el don de consejo a la virtud de la prudencia?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está el hecho de que el don de consejo versa sobre los medios para el fin. Ahora bien, la prudencia versa también sobre los medios. Luego se corresponden mutuamente.

Respondo: El principio inferior del movimiento es ayudado y perfeccionado por el principio superior, como el cuerpo es movido por el alma. Ahora bien, resulta evidente que la rectitud de la razón humana se relaciona con la razón divina en la línea de relación de movimiento entre el inferior y el superior, ya que la razón divina es la regla suprema de toda rectitud humana. De ahí que la prudencia, que implica rectitud de la razón, es perfeccionada y ayudada al máximo en cuanto es regulada y movida por el Espíritu Santo, y esto es propio del don de consejo, como ya hemos dicho (a.1 ad 1). En consecuencia, el don de consejo corresponde a la prudencia ayudándola y perfeccionándola.

ARTÍCULO 3

¿Permanece en el cielo el don de consejo?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está el testimonio de San Gregorio en XVII Moral. : Cuando llegan al Consejo del tribunal del cielo las culpas o la justicia de cada pueblo, aparece si el que ha sido puesto al frente de él ha obtenido el triunfo en la lucha o no lo ha obtenido.

Respondo: Como queda dicho (a1; 1-2 q.68 a1), los dones del Espíritu Santo se ordenan a que la criatura racional sea movida por Dios. Ahora bien, en la moción del alma por Dios hay que distinguir dos cosas. Primera, que la disposición del móvil es distinta mientras está en movimiento que cuando ha llegado a su término. En efecto, cuando el motor es sólo principio de movimiento, al cesar éste cesa también la acción sobre el móvil, una vez que llegó al término: cuando la casa está terminada ya no se continúa edificando. Mas cuando el motor, además del movimiento, causa también la forma a la que llega el móvil, su acción no termina cuando éste alcanza su forma: el sol continúa iluminando la atmósfera aun después de ser ésta iluminada. Pues bien, Dios causa en nosotros tanto la virtud como el conocimiento, no sólo para adquirirlos, sino también para perseverar en ellos. Así, en los bienaventurados Dios sigue dando el conocimiento de las acciones, no en el sentido de que antes lo ignoraran, sino en el de que les conserva en el cielo el conocimiento de lo que debe hacerse. Hay, sin embargo, cosas que los bienaventurados, sean ángeles, sean hombres, no conocen. Se trata de cosas que no pertenecen a la esencia de la bienaventuranza, sino al gobierno de las cosas según los planes de la providencia divina. También en este caso es menester considerar que la inteligencia de los bienaventurados y la de los viadores es movida por Dios de manera distinta. En efecto, la de los viadores es movida en el plano de las cosas prácticas, calmándoles la ansiedad de la duda que había antes en ellos; en los bienaventurados, en cambio, se da simple ignorancia de lo que no conocen, de la cual son purificados incluso los ángeles, según Dionisio en el c.6 De eccl. hier.; pero no precede en ellos la indagación, que implica duda, sino simple conversión hacia Dios. Tal es el sentido de la expresión consultar a Dios, de que habla San Agustín en V De Gen. ad litt., al escribir que los ángeles consultan a Dios sobre las cosas inferiores. Según eso, existe el don de consejo en los bienaventurados en cuanto que, por la acción de Dios, continúa en ellos el conocimiento de lo que saben y en cuanto que son iluminados para conocer lo que ignoran sobre el orden práctico.

ARTÍCULO 4

¿Le corresponde al don de consejo la quinta bienaventuranza, la de la misericordia?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está el testimonio de San Agustín en el libro De Serm. Dom. in Monte : El consejo es propio de los misericordiosos, porque el único remedio para librarse de tantos males es perdonar y dar a los demás.

Respondo: El consejo se ocupa propiamente de las cosas útiles para el fin. Por eso al consejo deben corresponder de modo especial las cosas más útiles para el fin. Entre ellas está la misericordia, a tenor de las palabras del Apóstol: La piedad es útil para todo (1Tm 4, 8). Por eso la bienaventuranza de la misericordia debe corresponder de manera especial al don de consejo, no como eficiente del mismo, sino como dirigente.