La Asunción de la Virgen

Mañana celebramos la Solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora. "Assumpta est Maria 2 in coelum: gaudent angeli! –María ha sido llevada por Dios, en cuerpo y alma, a los cielos: ¡y los Ángeles se alegran! (Josemaría Escrivá de Balaguer, Santo Rosario, 4° misterio glorioso).


Los teólogos discuten sobre si María murió o sólo "se durmió" antes de ser llevada por los ángeles a los Cielos en cuerpo y alma. Juan Pablo II dice que "cualquiera que haya sido el hecho orgánico y biológico que, desde el punto de vista físico, le haya producido la muerte, puede decirse que el tránsito de esta vida a la otra fue para María una maduración de la gracia en la gloria, de modo que nunca mejor que en ese caso la muerte pudo concebirse como una 'dormición'" (Audiencia del 25 de junio de 1997).

Aprovechamos esta fiesta para transcribir dos mensajes de la Virgen a Marga, el 15 de agosto de 2002 y 2003.

Mensaje del 15 de agosto del 2002
(La Asunción)

Virgen:

          María, no me atrevo a llamarte.
     ¿Por qué no?, ¿me tienes miedo? Sí.
     Me respetas. Y eso está bien. Pero no me tengas miedo. Soy tu Madre que te ama.
     ¿Para qué el sacrificio sino para unirse al de Cristo hasta dar la propia vida? Único Sacrificio Válido y Verdadero.
     La Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, de ahí toman forma todos los vuestros, porque están unidos al Suyo.
     ¡Y necesito víctimas puras que se entreguen en holocausto por sus hermanos! Porque Dios viene ya a buscar a las víctimas. Ha vuelto ya su mirada sobre la tierra para ir a por ellas, para aniquilarlas en Sí, y ¿qué encuentra? No encuentra. Encuentra pocas, muy pocas... son demasiado pocas. Y su Ira no puede ser aplacada por completo.
     Mi Llanto no ha bastado. Muy pocos se han unido a Mí, a las súplicas de una Madre.
          Pero María, Tú eres la Madre de Dios, Tú lo puedes todo.
     No, hija, no lo puedo todo. Es más grande vuestro pecado, más la falta de arrepentimiento de los hombres y su cerrazón de oídos a Dios. No puedo nada, hija. ¿Comprendes mi Dolor?
          Oh María, en el día de la Asunción, eres la Madre Dolorosa.
     Sí, hija mía, hoy más que nunca. ¡Pero si Conmigo hicierais fuerza más almas víctima! No sois vosotras. Cogeríais la fuerza de Dios porque cogeríais el Sacrificio de Cristo y se lo volveríais a presentar, tan Puro e Inmaculado. Y El no os vería a vosotras, sino a Cristo su Hijo.
     ¿Comprendes, hija? Que cuanta más gente acepte el Sacrificio de Cristo como propio y lo haga suyo, lo haga vida, pasando a ser otros Cristos a los Ojos de Dios. Que si quiere, aplacará su Ira en ellos en vez de hacerla caer sobre sus hermanos. Y les alcanzarán la Gracia y la Plenitud, la Vida perdida.
     Que Cristo muera en vosotros, muera y resucite en vosotros.
     ¿Venís, valientes? Los valientes en Cristo Jesús: ¿venís para el holocausto final? 
          Sí. Se lo diré a todos.
     Díselo. Y que algunos, los que se sientan llamados, oigan mi llamamiento y vengan a mis filas. Las filas de combatientes, de valientes por Cristo Jesús. Para que se pueda llevar a cabo la batalla contra el pecado. Para que arranquéis a vuestros hermanos de las garras del pecado que les atenaza y no les deja ver claro y volverse a Dios.
     Más sacrificio, más, más sacrificio. Oración y sacrificio. No vuestra oración, sino Su oración. No vuestro sacrificio, sino Su Sacrificio. Para que podáis ser salvos. Vosotros y vuestros hermanos.
     ¿Existe otro Camino mejor? ¡Oh no! Yo os digo que no existe otro mejor. Habéis sido llamados para asemejaros más y más a la Víctima. ¿Qué Camino?, decidme, ¿qué Camino puede ser mejor que llegar a ser en la tierra otros Cristos?
     Yo os digo que ninguno, ninguno es mejor que llegar al Padre por medio de la semejanza victimante con su Hijo a través del Espíritu Santo.
     Volad ya sin pensarlo más. Volad ya si os sentís llamados. Yo os espero, hijos, para haceros Uno con Cristo. Y El retribuirá a cada uno según lo que le haya dado.
     ¡Oh Beneficio Grandioso de Alegría y Plenitud por los siglos! Por los siglos de los siglos. Amén. ¿Sabéis?, los siglos de los siglos, esto es: La ETERNIDAD. Eternamente felices junto al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. ¡Sólo por un poco de sufrimiento aquí!, unido a Cristo, unido al de Cristo.
     ¿Verdad que éste -que es el Camino que hoy os propongo- verdad que éste es el Camino mejor? Venid a pasarlo Conmigo.
     Vuestra Madre os enseñará. Porque Ella lo ha sido antes: Víctima con la Víctima. Corredentora. Co-salvadora del género humano. Porque pasó su Pasión, Muerte y Resurrección con El, por El y en El.
     Porque éste es el Camino del cristiano, ¡y qué pocos lo aceptan! Y es por miedo, por miedo a sufrir.
     Pero decidme: ¿Qué os pueden quitar aquí los poderes del mal?, ¿la vida del cuerpo?... pues Yo os aseguro que ésta, la Vida del alma, no os será jamás arrebatada, porque estaréis unidos a Mí. Y la Madre de la humanidad aplasta la cabeza de la Serpiente que se quiere cernir sobre sus hijos. La aplasta y les defiende del mal.
     Permaneced siempre muy unidos a Mí: éste es el Secreto para ser fieles, muy fieles a Dios, y lograr cumplir a término vuestra santa misión: Salvadores de vuestros hermanos. Portadores de la paz.
     En espera de que todo eso se realice en vosotros, os espero en el día de vuestro ofrecimiento en holocausto al Padre a través de Mí. ¿Sabéis cómo estaré Yo de contenta, de contenta y radiante y feliz?
     Aunque sólo vengáis uno -que seréis más, pero os lo digo para que veáis el valor que tiene un alma víctima-, aunque sólo seáis uno, Yo habría dado por bueno mi esfuerzo.
     Como seréis más: ¡VENID A MI!, en el día de vuestro ofrecimiento. Venid a Mí en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Mensaje del 15 de agosto del 2003 
(La Asunción)

Virgen:

     Mis manos permanecen siempre firmes sobre vosotros, mi bendición jamás os será retirada. Siempre contaréis con mi ayuda, siempre, ¡siempre! Ninguno se sienta huérfano. Sois los hijos predilectos del Rey. ¡Oh! ¡Qué mal han entendido algunos esa predilección!
     Mirad, hijos, os llamo ahora, urgentemente, porque se está llevando a cabo una masacre ¡una masacre en mis filas! Y yo tengo el rostro serio y grave. Una masacre. ¡Miradles! Todos vuestros hermanos muriendo, muriendo y muriendo...
     Hay muchas muertes en el campo de batalla. Aunque todo esté aparentemente tranquilo. Aunque vosotros aquí estéis como en un remanso de paz, allá, en el campo de batalla, muchos de los míos están pereciendo a manos de sus enemigos. ¡Sí! ¡Los míos! Hija, se diezma mi Ejército.
     El estandarte de vuestra salvación es la Eucaristía. Aquel que porte la Eucaristía, que sea persona eucarística, hará retroceder a las hordas del Maligno.
     Sed Eucaristía. Yo también era Eucaristía. Imitadme.

Nota (1) La Virgen se me aparece como una gran Mujer que viene del Campo de Batalla de atender a los suyos. Está cansada. Ha hecho una parada para venir a contarme esto. Es como si nosotros estuviéramos ajenos a una gran guerra que está ocurriendo a nuestro alrededor. Como si estuviéramos en un remanso de paz, y afuera todo es violencia. La Virgen viene a decírnoslo. Y a requerir nuestra ayuda. Allá afuera se necesita gente. El ejército del mal va diezmando la población. Oigo aves, gritos, ruido de cruel matanza. Puedo sentir cómo están matando a los nuestros. La Virgen ha entrado y se ha apoyado descansando, aunque sigue de pie. Estoy en una tienda de campaña y la tela que hace de puerta se ha corrido y puedo ver un poco de la batalla. La Virgen no está radiante sino que está cansada, y sus ropas no rotas pero sí como de alguien que viene de trabajar y moverse mucho. Tengo que salir de la tienda pues me están llamando con premura. Entonces veo como un caballo sin jinete que me está esperando. Subo y cojo un estandarte ante el cual, los enemigos se abajan hasta el suelo, inclinan la cabeza. El estandarte es la Eucaristía.

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