Un gran bien para la Iglesia


Comenzamos un nuevo año. El panorama mundial no es nada claro, ni alentador. Ahora, más que nunca, necesitamos estar bien orientados hacia lo realmente importante: cumplir la voluntad de Dios, buscar seriamente la santidad, amar a Dios y a nuestros hermanos con todo el corazón, ser fieles a la vocación cristiana que hemos recibido...  

 

Mañana es la Solemnidad de la Epifanía, la Revelación de Jesús a todos los pueblos. El Señor no deja de revelarnos sus planes, también a través de las revelaciones privadas, que son un gran bien para la Iglesia.  

Sabemos que sólo podremos colaborar con el Plan salvífico del Señor si estamos unidos a Jesucristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Sin Él, no podemos nada.

El Señor nos ha dejado todos los medios para poder conocerlo y amarlo en esta vida. Los fundamentales son su Palabra y sus Sacramentos (el principal: la Eucaristía). Tenemos la Tradición y el Magisterio perenne de la Iglesia para guiarnos en la Verdad, señalarnos el Camino y proporcionarlos la Vida.

Sin embargo, Dios puede actuar (y así lo ha hecho a lo largo de la historia de la humanidad) por medio de otros instrumentos, escogidos por Él, como lo fueron los profetas en el Antiguo Testamento, y como lo son los nuevos profetas que ha suscitado en el Tiempo de la Iglesia (Bernardette de Lourdes, Pastorcitos de Fátima, Niñas de Garabandal, Videntes de Medjugorge, Marga, etc.).

El Concilio Vaticano II nos recordó que la Iglesia es jerárquica (los Pastores) y carismática (los santos, etc.). Todos los fieles podemos recibir carismas, es decir, gracias especiales, que hay que poner al servicio de los hermanos.

El Espíritu Santo “concede también dones peculiares a los fieles (Cf. 1 Cor., 12,7) "distribuyéndolos a cada uno según quiere" (1 Cor., 12,11), para que "cada uno, según la gracia recibida, poniéndola al servicio de los otros", sean también ellos "administradores de la multiforme gracia de Dios" (1 Pe., 4,10), para edificación de todo el cuerpo en la caridad (Cf. Ef., 4,16)” (cfr. Apostolicam actuositatem, n. 13).    

“De la recepción de estos carismas, incluso de los más sencillos, procede a cada uno de los creyentes el derecho y la obligación de ejercitarlos para bien de los hombres y edificación de la Iglesia, ya en la Iglesia misma., ya en el mundo, en la libertad del Espíritu Santo, que "sopla donde quiere" (Jn., 3,8), y, al mismo tiempo, en unión con los hermanos en Cristo, sobre todo con sus pastores, a quienes pertenece el juzgar su genuina naturaleza y su debida aplicación, no por cierto para que apaguen el Espíritu, sino con el fin de que todo lo prueben y retengan lo que es bueno (Cf. 1 Tes., 5,12; 19,21)” (cfr. ibídem).

A continuación, transcribimos algunos párrafos del largo mensaje que Jesús comunicó a Marga el 22 de septiembre de 2015, que nos orientan en este tiempo. En esos textos, el Señor nos señala la importancia que esos mensajes extraordinarios tienen, en la actualidad, para no descaminarnos. Vale la pena meditarlos con calma. Cfr. Página de la Verdadera Devoción al Corazón de Jesús (www.vdcj.org).

Entre paréntesis [ ] ponemos algunos comentarios nuestros. Lo demás es el mensaje de Jesús. En cursiva va lo que dice Marga. Las negritas son nuestras.

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Jesús:

Existen almas en estos últimos tiempos destinadas a ser guías de las gentes, y tú eres una de ellas. (…).

[El Señor hace ver a Marga que muchos —incluidos los pastores en la Iglesia— no escuchan sus Mensajes —entre ellos, los que recibe Marga—, que son necesarios para orientarse en esta época]

Es deber de los que veis que todas estas cosas vienen de Dios defenderlas ante la autoridad que las desacredita. Es deber de todos vosotros, que habéis sido ayudados o convertidos por los Mensajes, ir a defenderlos ante quienes lo prohíben.

Quisiera que, si en la Iglesia se desautoriza Medjugorje, hubiera un aluvión de peticiones y de mensajes insistentes de los seglares para que se quitara la desautorización.

No, no digas: «Bueno, da igual, nosotros sabemos que es cierto», porque no da igual que se apruebe oficialmente o que no. Si no se hace, se dejará de hacer mucho bien, un gran bien a la Iglesia. Muchos dejarían de ir. (…).

[Algunos se oponen a estos mensajes y no les gusta que la gente los aproveche y hagan mucho bien. Muchas veces no hacen nada ni dejan hacer]

Les da rabia que la gente «resucite» con estos Mensajes especiales. ¡Si no hicieran falta, Yo no los enviaría! (…).

[El Señor desea que seamos humildes y sencillos; que seamos almas ardientes que le amen de verdad. No quiere que tengamos un corazón frío, indiferente a su Amor. Especialmente se dirige a los sacerdotes]

No os comportéis con Jesús como si fuerais un desierto, sin agua. No os comportéis como un pozo seco, no como tierra árida. No seáis como esos falsos samaritanos, que dicen darme agua, y no me dan.

Yo veo vuestro interior, y vuestro interior, me duele.

Pensad que Yo también necesito Amor, y Confianza,  y entrega, y fe.

¿Vosotros lo necesitáis? ¿Necesitáis Amor y muestras de cariño? Pues ved si no cómo las necesita Dios, que la necesidad de Dios es Infinita.

Y si estáis tan secos que no sacáis de la árida tierra de vuestro corazón nada, hacedlo al menos con estos Mensajes. ¡Para eso os los entrego! Porque no sabéis amar, hijos míos, servidores míos, que os habéis comprometido a una entrega crucial. ¡Sed fieles a ése vuestro compromiso! Para eso os dono este Mensaje. No lo desdeñéis. No digáis: «Yo, con lo que tengo, ya me basta», porque hijos míos, no tenéis nada. Y si a Mí me bastara, no os los habría dado.

¡Oh, amo a la gente sencilla que los estudia y medita y no piensa que ya lo sabe todo y que no necesita más de Dios!

¿No veis, hijos, que me servís como fríos funcionarios sirven al Estado o a su empresa?: Sin implicación, sin cariño, sin caridad, ¡y no digamos ya sin amor esponsal! ¡¡No sabéis lo que eso es!!Por eso os lo digo aquí.

A pesar de llamaros los míos y decir que sois mis esposos, a pesar de vuestros votos, a pesar de vuestro compromiso, a pesar de vuestro sello sacramental indeleble, a pesar de eso, no me conocéis.
Ni me conoces ni me quieres conocer. (…).

[Aunque estas palabras fuertes las dirige el Señor especialmente a los sacerdotes, podemos aplicárnoslas a nosotros mismos, para agradecer que nos revele lo más íntimo de su Corazón enamorado]



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