Sin la Virgen no hay salvación


En el Tercer Domingo del Tiempo Ordinario meditamos sobre la fuerza de la Palabra de Dios leída y meditada en la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo.

Estambul, Turquía - 28 de mayo de 2016: Icono de la Virgen María y los Santos en el Interior de la iglesia de Santa Sofía — Foto de Stock 

El Señor, la meditación de su Palabra, es nuestra fuerza: «¡No os pongáis tristes; el gozo del Señor es vuestra fuerza!» (Ne, 8, 10; 1ª Lectura). Una de sus palabras es, referida a Nuestra Madre: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2, 5).

Aunque es verdad que en el cuerpo hay muchos miembros, todos bebemos de un mismo Espíritu (cfr. 1 Cor 12, 12-30; 2ª Lectura)).

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4, 18; Evangelio).

Es el mismo Espíritu el que, ahora, también ayuda nuestra debilidad para que comprendamos lo que el Dios desea que conozcamos sobre los tiempos en que vivimos, que son como un año de gracia del Señor. Y uno de los puntos principales es este: “Sin la Virgen no hay salvación”, porque así lo ha querido Jesús.

Ofrecemos la 4ª parte del mensaje de Jesús a Marga que hemos meditado en los tres posts anteriores. Las negritas y lo que está entre corchetes [ ] es nuestro. Lo que está en cursivas es de Marga. Todo el resto es de Jesús.

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Mensaje de Jesús a Marga (22 de septiembre de 2015) (4ª parte)

¿No hay salvación? ¿Tajante? [se refiere a lo que Jesús le había dicho: sin la Virgen no hay salvación en estos tiempos]

Es más difícil salvarse, muchísimo más. El camino se le vuelve sencillo a los hijos de María. Ellos serán sólo los únicos garantes del Catolicismo. (Ellos serán) los que que­darán. Después de la «debacle», ninguno de los que no sea hijo de María, resistirá.

Pero no quiero «hijo de María» sólo de nombre. «Hijo de María» con todo lo que eso conlleva.

Os doy la clave para estos Tiempos: estar entregados a María. Ella, Arca de la Salvación segura, Puerta del Cielo. Quien pasa a sus atrios, ya es salvo, ¡imaginaos quien entra por Ella! Quien entra por Ella consigue las más altas cumbres  de la santidad.

¡Pobres ilusos los que creen salvarse prescindiendo de Ella! Pueden, incluso, condenarse.

¡Venid por el Camino fácil!, ¡por el Camino sencillo! No busquéis otros, pues éste se os regala. Es el que Yo os he dado desde mi Nacimiento. Aunque os la entregué «oficialmente» en la Cruz (Nota 303: Cfr. Jn 19,26s). «El culto que la Iglesia rinde a la Virgen no es sólo fruto de una iniciativa espontánea de los creyentes ante el valor excepcional de su persona y la importancia de su papel en la Obra de la salvación: se funda en la voluntad de Cristo». Juan Pablo II, 09-12-98).

[Esto nos recuerda lo que escribió San Josemaría en el prólogo de su obra Santo Rosario: “El principio del camino, que tiene por final la completa locura por Jesús, es un confiado amor hacia María Santísima”].

Todos sois hijos de María por nacimiento, sin hacer nada especial. Pero debéis quererlo, debéis querer asumir esa condición para que tenga efecto en vosotros.

Entregaos a María, y todo se os volverá más sencillo. Hacedlo con una fórmula solemne, y vivid  esa  Consagración en vuestras vidas.

A partir de ese momento, todo cambiará en vuestra exis­tencia, e iréis notando cómo el cumplir con la Voluntad de Dios en vuestras vidas se os hace más liviano. Iréis viendo cómo ya no os cuesta tanto ver cuál es, discernir entre el bien y el mal, ver cuál es lo bueno, lo perfecto, lo que Le agrada (Nota 304: Cfr. Rm 12, 2), tener un corazón totalmente dispuesto a Mí.

Veréis cómo confiaréis abiertamente en Mí y en mi Pro­videncia, y no existirá la preocupación en vuestras vidas (Nota 305: Cfr. Mt 6, 25-34). Veréis cómo vuestros asuntos prosperan. Y si no prospe­ran, no sucumben en esta era diabólica del desastre, donde lo normal será sucumbir. Veréis cómo gozáis de mi Paz en todos y cada uno de los acontecimientos que os sucedan, sean como sean.

Os parecerá mentira haber estado alguna vez inquietos y sin paz. Será como si gozarais del Cielo en la tierra, el Cielo ya adelantado. Todas las bienaventuranzas que se vivirán en él, gozándolas ya desde ahora en la tierra.

Y tú, mi última, no te agotes ahora escribiendo todo esto.

Piensa que es por el bien de la Iglesia.

(Apuntar tanto, agota. Sobre todo mentalmente)

Déjate llevar, y disfruta también de estos ratos y estos coloquios. No estés en tensión, pues es Obra del Espíritu Santo.

«Toda carne profetizará» (Nota 306: Cfr. J1 3,1; Hch 2,17). Estad atentos a los signos de  los Tiempos (Nota 307: Cfr. Mt 16, lss).

Con María también es más fácil distinguir las verdade­ras profecías de las falsas. Con María, no os iréis tras otros dioses. Con María llevaréis a cabo las grandes obras, y a veces muy en lo escondido. Y si es hacia afuera, no os en­greiréis, conservándoos  siempre en la humildad.

¿Qué mejor Regalo pude haceros que María? Por eso: sed hijos de María.

Cuando mi Corazón ve en la tierra un corazón que es hijo de María, se regocija. Mi Corazón viene a complacerse en él.

¡Oh!, ¡si encontrara en la tierra tantos hijos de María! ¡Mi Corazón pudiera venir a Reinar!

No vengo y no reino porque no encuentro en la tierra suficientes hijos de María.

Esforzaos, día a día, por ser hijos Suyos. Caminad con Ella por las virtudes excelsas de la Hija Predilecta de Dios, su Preferida. Meditad en ellas. No es nada complicado. Es simple. Implementadlas en vuestro corazón. Así, vuestro Maestro mirará a la tierra y podrá complacerse en  ella.

¿Cómo lograr estos hijos de María de vosotros, que os encontráis tan alejados? Queridos, haced el cambio de co­razón (Nota 308: Cfr. Ez 11,19; 18,31;36,26; Sal 51,12-14), la conversión (Nota 309: Cfr.Ez 33,11;J12,12s; Is 45,22; Mt 3,2; Le 3,7-14; Me 1,15;Le 13,3.5; Hch 2,38; 3,19; 17,30; 26;20; Ap 2,5.16.21; 3,3.19). Si no sabéis el Camino de la con­ versión, mirad estos Libros.

Yo he iniciado y he forjado un Camino con ésta mi profeta, de conversión, punto por punto, minucia por minucia, durante largos años y para que todos tuvierais dónde aprender y copiar sus pasos. ¡Así nadie podrá decirme que no sabe cómo!

Yo, con ella, he ido recorriendo, paso por paso, casi todos los pasos que debe dar mi humanidad  hacia Mí.

Cuando termine la Obra, en ella estarán compendiados todos. Todas, ¡la mayoría!, de las preguntas que se hace esta mi humanidad actual alejada de Mí, se encuentran compendiadas en estos Libros. Yo no seré más exhaustivo, porque más exhaustivo, prácticamente, no se puede, no os alcanzaría a vuestra actual inteligencia. Ahondar ahora mismo más que Yo lo haré con ésta, en esta Revelación, no os conviene, de momento.

Yo me os iré revelando más, poco a poco. Pero para ahora, bástase/ os con esto.

Luego, en el Cielo, también sigo. También seguiré.

Este es un adelanto de la Revelación total, que es la que tendréis en el Cielo, en las Bodas del Cordero.


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