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"Quédate con nosotros"

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El fundamento del mensaje cristiano en su conjunto es la fe en la Resurrección de Jesucristo.

San Pablo lo resalta de manera tajante con estas palabras:
«Si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación carece de sentido y vuestra fe lo mismo. Además, como testigos de Dios, resultamos unos embusteros, porque en nuestro testimonio le atribuimos falsamente haber resucitado a Cristo» (1Co 15, 14s).
Todo lo que Cristo hizo y enseño encuentra su justificación en su Resurrección, con la que da prueba definitiva de su autoridad divina, como lo había prometido (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 651).
Romano Guardini escribe en su libro “El Señor” que, después de la Resurrección, Jesús, indudablemente, ha cambiado:
«Ya no vive como antes. Su existencia... no es comprensible. Sin embargo, es corpórea, incluye... todo lo que vivió; el destino que atravesó, su pasión y su muerte. Todo es realidad. Aunque haya cambiado, sigue siendo una realidad tangible».
Por eso, Jesús, desde el primer dí…

"Jesús, confío en ti"

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Este próximo domingo, Segundo de Pascua, celebraremos, en toda la Iglesia, el Domingo de la Misericordia Divina. Así lo dispuso San Juan Pablo II con ocasión de la canonización de sor María Faustina Kowalska(1905-1938), el 30 de abril de 2000, para que todo seamos conscientes de las inmensas gracias que el Señor quiso derramar sobre la humanidad con motivo de las revelaciones recibidas por esta santa polaca.

Durante nueve días, desde el Viernes Santo pasado, nos hemos preparado para esta gran fiesta del Amor de Dios por los hombres. Se puede decir que es una fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, porque de él surgen esos rayos rojos y blancos, representados en la imagen del Señor de la Divina Misericordia, que significan la sangre y el agua que brotaron del Costado abierto de Jesús en la Cruz.
Jesús reveló a Santa Faustina, sobre el día de la Fiesta de la Divina Misericordia que “quien se acerque ese día a la Fuente de Vida recibirá el perdón total de las culpas y de las penas” (Diario…

El lenguaje de los símbolos pascuales

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En esta noche santa de la Resurrección de Cristo, podemos meditar algunos párrafos de un escrito antiguo del Cardenal Joseph Ratzinger, en el que comenta los tres símbolos que la liturgia de la Iglesia nos presenta hoy: la luz, el agua y el nuevo canto (cfr. J. Ratzinger, Palabra de Dios en la Iglesia, Sígueme, Salamanca 1976, pp. 247-252).

Mañana, 16 de abril, el Papa Benedicto XVI cumple 90 años de edad. ¡Cuánto le tenemos que agradecer! Es una buena ocasión para tenerlo muy presente en nuestra oración. Como él mismo lo ha contado, nació el sábado de gloria, en la madrugada, y ese mismo día recibió el agua del bautismo, recién bendecida.  
«En esta santa noche —dice el Papa emérito— la iglesia intenta decirnos en su lenguaje —el lenguaje de los símbolos— cuál es el significado de la noche pascual, el misterio de la resurrección del Señor. Tres grandes símbolos dominan la liturgia de esta celebración: la luz, el agua y el “cántico nuevo”, el aleluya» (p. 247).
1. La Luz
«La luz siempr…

Domingo de Ramos, "De la Pasión del Señor"

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En dos días del Año litúrgico se lee el relato de la Sagrada Pasión: el Domingo de Ramos “De la Pasión del Señor” y el Viernes Santo. Mañana, conmemoramos la entrada de Jesús a Jerusalén, y leeremos la Pasión según San Mateo.

En Garabandal, la Virgen les dijo a las niñas, el 18 de junio de 1965, lo siguiente: “Yo, vuestra Madre, por intercesi6n del Ángel San Miguel, os quiero decir que os enmendéis. Ya estáis en los últimos avisos. Os quiero mucho y no quiero vuestra condenación. Pedidnos sinceramente y nosotros os lo daremos. Debéis sacrificaros más, pensad en la Pasión de Jesús»”.
Por lo tanto, tenemos mañana, y durante toda la Semana Santa, una oportunidad inmejorable para meditar despacio, en silencio, sobre la Pasión del Señor.
San Pablo escribe a los Colosenses: “Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos [a la Pasión] de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1, 24). Es decir, el Señor quiere qu…

"Yo soy la resurrección y la vida" (Jn 11, 25)

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En estos domingos de Cuaresma, a través de los pasajes del evangelio de san Juan, la liturgia nos hace recorrer un verdadero itinerario bautismal.


El domingo tercero de Cuaresma, Jesús prometió a la samaritana el don del “agua viva”; el domingo pasado, curando al ciego de nacimiento, se revela como la “luz del mundo”; mañana, resucitando a su amigo Lázaro, se presentará como “la resurrección y la vida”. Agua, luz y vida, son símbolos del bautismo, sacramento que “sumerge” a los creyentes en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, liberándolos de la esclavitud del pecado y dándoles la vida eterna (cfr. Benedicto XVI, Ángelus del 2 de marzo de 2008).
Mañana, domingo quinto de Cuaresma, se caracteriza por el evangelio de la resurrección de Lázaro, que es el último gran “signo” realizado por Jesús. Después de que Jesús realizó este milagro, los sumos sacerdotes reunieron al sanedrín y decidieron matar a Jesús e incluso a Lázaro.
San Juan insiste en que Jesús amaba a los tres her…

María, a la escucha de la Palabra

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El sábado pasado meditábamos en dos temas de reflexión: el Agua Viva que Jesús promete a la samaritana y la figura de San José. Ahora, en este post, también consideraremos dos misterios de nuestra fe cristiana.

En primer lugar dedicaremos un espacio a meditar en un aspecto de la Solemnidad de la Anunciación del Señor, que celebramos hoy: la escucha de la Palabra por parte de María. Después trataremos de sacar algún provecho espiritual de las Lecturas de la Misa de mañana, Cuarto Domingo de Cuaresma, en el que la Iglesia nos presenta el problema de la ceguera espiritual.
La Anunciación del Señor es el primer misterio gozoso del Santo Rosario. En él contemplamos el comienzo de nuestra redención. El ángel llega donde está María. Con este evento se da inicio a la plenitud de los tiempos. Es un kairos o tiempo de gracia.
Todo ocurre en silencio, en un clima de oración. Dios revela el misterio escondido desde todos los siglos. En el Antiguo Testamento se había anunciado en imágenes este m…

El Agua Viva

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Hay dos temas que sobre los cuales nos gustaría reflexionar en este post: 1°) el que nos sugieren las lecturas del Tercer Domingo de Cuaresma y 2°) la figura de San José, que celebraremos este año el día 20 de marzo.

En el Tercer Domingo de Cuaresma ocupa un lugar central la acción del Espíritu Santo en nuestras almas. La Iglesia, después de habernos señalado la necesidad de la lucha (Primer Domingo de Cuaresma: Jesús lucha contra las tentaciones del demonio) y de la oración en nuestro camino hacia la santidad (Segundo Domingo de Cuaresma: la Transfiguración, acontecimiento de oración), nos presenta la necesidad ineludible del Don de Dios, el Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida.  
“La petición de Jesús a la samaritana: "Dame de beber" (Jn 4, 7), que se lee en la liturgia del tercer domingo, expresa la pasión de Dios por todo hombre y quiere suscitar en nuestro corazón el deseo del don del "agua que brota para vida eterna" (Jn 4, 14): es el don del Espíritu Sant…

"Este es mi Hijo amado..., escúchenlo"

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En el domingo pasado meditábamos el comienzo de la vida pública de Cristo, que es llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el demonio.

Jesús dedica los 40 primeros días de su misión evangelizadora a la oración y al ayuno. Antes, había sido bautizado por Juan en el Jordán, y se había escuchado la voz del Padre que daba testimonio de Él: “Este es mi hijo en quien tengo mi complacencia” (Mt 3, 16-17).
Mañana, en el Evangelio del Segundo Domingo de Cuaresma, escucharemos nuevamente las mismas palabras del Padre, pero esta vez su testimonio del Hijo es al final de la vida pública, cuando faltan sólo seis meses para su pasión y muerte en Jerusalén.
Jesús había estados unos días antes con sus discípulos en Cesarea de Filipo. Ahí les había anunciado claramente que tendría que padecer, morir y resucitar al tercer día.
“Y comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, por los príncipes de los sacerdotes y por los escribas, y s…

La lucha cristiana

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Los cuarenta días del tiempo litúrgico en que nos encontramos se cuentan desde el Miércoles de Ceniza hasta el Sábado Santo, sin incluir los seis domingos de Cuaresma (en ellos se celebra el Día del Señor y, por lo tanto, son penitenciales pero también festivos: especialmente el 4° domingo, “Laetare”, y el Domingo de Ramos).

En uno de sus mensajes de Cuaresma (año 2011) Benedicto XVI explica cómo la Iglesia nos va a preparando durante este tiempo del año para celebrar el Misterio Pascual (Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión del Señor a los Cielos). Y lo hace mediante un “itinerario cuaresmal” que podemos seguir en la liturgia, especialmente los domingos.
Al comenzar la Cuaresma, puede ser muy provechoso para nuestras almas proponernos seguir de cerca este “itinerario” que, paulatinamente —como por un plano inclinado— nos va llevando hacia la Pascua, que es la Solemnidad más importante del Año litúrgico.
En los siguientes “posts” iremos reflexionando sobre el “itinerario” que pr…