Se acerca el día feroz de la batalla

Continuamos reproduciendo algunos textos que nos preparan a la Gran Batalla que se ha establecido entre los seguidores de Cristo, teniendo como Capitana a Nuestra Señora, contra el ejército de Satanás.


Jesús a Marga (20 oct 1999)

Avanzan las huestes enemigas ganando posiciones al Ejército de Dios. Numerosas bajas pueblan ya los Campos de Batalla; todavía habrá más muertos, y tantos, que creerán que nos han derrotado finalmente. Y cuando menos se lo esperen, vendrá mi Mano Poderosa, y reviviré a los muertos del Campo de Batalla, abasteceré de nuevo a mi Ejército, y venceré sobre mis enemigos.
¡La Iglesia revivirá! Reconstruiré los Muros de mi Templo, los Muros que fueron derruidos, echados por tierra, convertidos en escombros. Yo mismo lo haré.
La Nueva Jerusalén vendrá desde el Cielo, y no habrá más llanto ya, ni dolor, sólo felicidad.
Y Gloria y Alabanza a mi Nombre Santo por parte de toda criatura de mis manos. 

Jesús a Marga (29 oct 1999)

¿Qué hacen unos soldados cuando van a ir al combate? Se entrenan fuertemente antes, para poderlo dar todo. Velad y orad para no caer en tentación.
Preparad la última estrategia. Os necesito fuertes, muy fuertes. Fortaleceos en la fe, la esperanza y la caridad.
Mirad a mi Madre, que os espera, está de brazos cruzados porque no le dais trabajo. Acudid a Ella, Ella realizará con vosotros el último entrenamiento para la última de las Batallas.
Es cruenta esta Batalla, y aparentemente será una Derrota. ¿Podré pediros que no desconfiéis de Mí? Yo me he estado manifestando para que no ocurra esto. No desconfiéis. Leed mis Mensajes, y sabed que al final, mi Corazón triunfará de mis enemigos, que estarán bajo mis pies.
Y aunque algunos sucumbáis en el combate, ofreceos a vosotros mismos como víctimas santas, puras y agradables a Mí, Dios de los Ejércitos, y vuestra oblación subirá al Cielo como ofrenda de suave olor a incienso.

La Virgen a Marga (4 dic 1999) (Mensaje completo)

Ve a la feroz batalla y diles: Revestíos con las Armas del Altísimo, tomad como coraza mi Corazón y empuñad certeramente mi Rosario, como defensa para desbancar a vuestros enemigos, que estarán bajo mis pies.
Yo, la Madre de todos, la Madre de la Humanidad lo he dicho. Porque al Señor le ha parecido bien.
¡Gloria al Señor Dios Nuestro!, ¡Gloria a su Nombre Santo!, ¡Gloria al Santo de los Santos, que quiere valerse de sus pobres criaturas para librar y vencer la última Batalla contra las tropas enemigas!
Sabed que vuestra Madre viene a librar continuamente batalla contra el enemigo, que se aferra a las almas de las que ha hecho presa y no las suelta.
Sabed que la mayoría de los hombres me desprecian cuando bajo hacia ellos, y me arrojan la inmundicia de sus odios, blasfemias e ingratitudes.
Sabed que, pese a esto, Yo continúo llamándoos y enviando a mis mensajeros, que no serán menos que Yo, correrán la misma suerte, ¡pero alegraos!, vuestros nombres están escritos en el Cielo.
Confesaos. Esta es la limpieza que quiero que me hagáis. Estad siempre blancos como la nieve. Y esperad en este estado, el día feliz de vuestra llegada al Cielo. Es peligroso ir al Campo sin llevar limpia y reluciente el alma.

Jesús a Marga (3 may 2000)

Que lo sepan las almas todas: cada vez que venís a Mí cansadas, fatigadas, agobiadas, pero confiadas, curáis mis Heridas de ingratitud, las que vosotras me hicisteis, y las que otros me hicieron. Porque no os buscáis, sino que venís a buscarme. El Dios del Consuelo, el Dios que necesita de vuestro consuelo. Venciéndoos a vosotras mismas, ganáis la batalla, y el enemigo sale nuevamente perdedor en el campo de vuestra alma. Y mi Gloria aumenta por este acto heroico de vencimiento. Y mi Corazón ensancha sus entrañas al mirar y veros allí, reverenciándome ante mi Altar, con las fuerzas humanas flaqueando, pero con las divinas venciendo. Venciendo y consolando, consolando así al Amor de tantas y tantas ingratitudes, olvidos y abandonos de las almas que pensaron: «primero yo», y olvidaron que Yo Soy su Dios, al que deben dar las primicias de todo, de su vida, al que deben dar su amor, su alabanza, su tiempo, sus obras. Así, en cada pequeño acto de vencimiento propio, Yo venzo. Multiplicad los actos de amor, los actos de vencimiento, y reverenciad así a vuestro Dios y Señor. Amén.

San Miguel a Marga (3 jun 2000)

Sí, y van a arreciar aún más las tentaciones. Sed firmes. Sed fuertes. Permaneced fieles. Yo os defiendo.
El Señor ya ha vencido, pero debe vencer en vosotros. Batalla ganada, aunque aún no ha tenido lugar.
Luchad, luchad hasta el final. Oh, final triunfante, final dichoso, final expectante de todo el Cielo, de toda la Creación.
Caminad. La senda se ha vuelto más oscura, y lo será aún más.
Daos la mano y congregaos junto a María.
Orad, inmolaos, llevad así a cabo la misión encomendada. Yo también estaré junto a todos. Yo os defenderé.

Jesús a Marga (20 oct 2000)

Mi Padre no puede contemplar ya por más tiempo el asesinato de sus propios hijos tan queridos, no puede asistir impávido a vuestra ruina, a la ruina que os estáis labrando con vuestras propias manos. Y mirad que cuando la batalla entre vosotros sea más cruenta, el odio más feroz, la destrucción más atroz, vendrá la Ráfaga Divina de Fuego a devoraros a todos los que con vuestras obras propiciasteis vuestra muerte y la de vuestros hermanos. Las obras de muerte, vuestras obras de muerte. Esos edificios que creéis haber construido teniéndolas como base, tienen los pies de barro, y mirad cómo quedarán desmoronados. No voy a consentir -dice el Señor- un minuto más de ofensa a Mí, Dios vuestro, de ofensa al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.


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