Aniversario 53° del "milagruco"

Hoy es un día muy especial: el 53° aniversario del “milagruco”. El 18 de julio de 1962 estuvimos en Garabandal varios miembros de nuestra familia (papá y mamá, q.e.p.d; y varios hermanos: los cuatro mayores, de 13, 12, 11 y 9 años de edad). 

Image:Garabandal-Message du 18-10-1961.jpg


Estuvimos esperando pacientemente durante todo el día (desde muy temprano), pues Conchita había anunciado, con varios meses de antelación, que ese día recibiría la Comunión de manos de San Miguel Arcángel. Era una prueba que quería dar la Virgen, de que era verdad que se aparecía Ella a las niñas de Garabandal.

Como sabemos, la niñas recibían con frecuencia la Comunión, que les traía San Miguel de algún Sagrario del mundo. Les traía formas consagradas por sacerdotes. Pero esas formas eran invisibles. La gente veía que las niñas abrían la boca y sacaban un poco la lengua, pero no se veía la forma consagrada. El día 18 de julio (en realidad ya era el día 19, hacia la una de la madrugada) sí se vio la forma blanca en la lengua de Conchita. La pudimos ver un buen grupo de personas (las que estuvimos ahí presentes haciendo varios círculos alrededor de la niña.

Algunos afirman que vieron la lengua vacía y, de pronto, aparecer la forma. Nosotros (los de nuestra familia) sólo vimos ya la forma en la lengua, que permaneció ahí algunos segundos (no sabría decir cuántos: no fue un tiempo largo). Después, Conchita cerró los labios y se quedó recogida, en oración, durante algunos minutos. Pasó aquel tiempo en el que todos guardábamos un respetuoso silencio, acompañando a la presencia eucarística de Jesús en Conchita. Luego continúo el éxtasis: ella se levantó y siguió caminando por las callejas del pueblo un buen rato más.

El “milagruco” no fue un milagro espectacular. Realmente, es necesario creer en la verdad de las apariciones para apreciar lo que ocurrió en Garabandal ese día como un gran don de Dios. No fue un “milagro” de los que manifiestan patentemente un orden preternatural (más allá de las leyes de la naturaleza) porque, como algunos que no creen afirman, la niña pudo haber tomado una forma en su casa, guardarla en la boca, y uno o dos minutos después pudo haber simulado la Comunión recibida del ángel. Es decir, no se puede “probar científicamente” (sólo racionalmente) que aquello fue un milagro. Pero si creemos en las apariciones, en la sencillez de Conchita, en su sinceridad y rectitud (que se podían comprobar, moralmente, en cuanto se la trataba un poco), entonces, todo aquello resultaba claramente sobrenatural y milagroso. Para creer en las apariciones de Garabandal hace falta tener una disposición abierta y sensible a las intervenciones de Dios en nuestra vida.

Nosotros, todos, estuvimos convencidos de que aquello fue algo de Dios. Era parte de lo que ya habíamos tenido la oportunidad de ver en aquel pueblo apartado del mundo en las ocasiones en que, anteriormente, habíamos estado ahí, presenciando los éxtasis de las niñas y hablando con ellas cuando estaban es sus casas, siendo chicas totalmente normales.

Siempre hemos dicho que no puede caber en la cabeza de una persona sensata que todo lo que sucedió en Garabandal, entre los años 1961 a 1965 haya sido un montaje, o fruto de una sugestión colectiva, o ─lo que es todavía más absurdo─ obra de Satanás.

Para una persona con un mínimo de fe y con sentido común, es claro que aquello fue obra de Dios. Todos los elementos concurren a afirmar esto. Además, están los cientos de testigos que podemos hablar de lo que vimos, porque estuvimos ahí.

Esto explica que algunos santos contemporáneos (principalmente el Padre Pío de Pietrelcina y la Madre Teresa de Calcuta) hayan creído en Garabandal y lo hayan manifestado abiertamente.   

Es verdad que aún los Pastores de la Iglesia no emiten su juicio definitivo. Todo está en estudio, y pueden tardar años antes de que se aprueben esas apariciones. Pero esto es algo con lo que tenemos que contar, pues la Iglesia es muy prudente en estos temas.

Lo importante es que no olvidemos los dos mensajes de Garabandal, que resumen con breves conceptos lo que la Virgen nos pide en estos momentos de la historia de la humanidad. Y que tengamos también presente lo que Nuestra Señora confió,  repetidamente, a las niñas sobre la necesidad de prepararnos para el Aviso, el Milagro y el Castigo. No sabemos cuándo tendrán lugar esos acontecimientos, pero sabemos al menos que los dos primeros tendrán lugar en vida de Conchita (ahora tiene 66 años de edad), pues ella tendrá que decir la fecha del Milagro (que ya conoce, pero no ha dicho a nadie) ocho días antes.

Algunos, como Antonio Yagüe (ver su página de internet y su canal de YouTube), han formulado hipótesis, muy bien fundamentadas (en la Sagrada Escritura, Apariciones Marianas, Astronomía Sagrada, Profecías de santos, Hechos históricos, Reflexiones y Oración), que apuntan a que esos eventos están ya a la vuelta de la esquina: el primero ─el Aviso─ podría ser en torno al 13 de noviembre del 2016.

Todos los que, de alguna manera, creemos en las apariciones de Garabandal (ya se sabe que no es propiamente una fe teologal, como la necesaria para creer en las Verdades de Fe), estamos a la espera, con la “expectación de los hijos de Dios” de la que habla san Pablo en Rom 18, 18-20: “Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada. Porque el anhelo profundo de la creación es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sometió, en la esperanza”.

Sí, es tiempo de esperanza, y también tiempo de lucha. Cada vez necesitaremos más fortaleza y fidelidad para perseverar en la fe hasta el final. Pero tenemos a Jesús en la Eucaristía, a quien hemos de adorar y amar cada vez más. Y también tenemos, junto a nosotros, a María, que nunca nos dejará solos. Ha venido al mundo en los últimos tiempos para consolarnos y asegurarnos que podemos contar con su protección maternal. Nos acogemos a Ella, bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen (16 de julio), que es como se apareció hace más de 50 años en San Sebastián de Garabandal.

Merece la pena recordar los dos principales mensajes que se dieron en Garabandal.

En el primero, la Virgen dijo: «Hay que hacer muchos sacrificios, mucha penitencia. Tenemos que visitar al Santísimo con frecuencia. Pero antes tenemos que ser muy buenos. Si no lo hacemos nos vendrá un castigo. Ya se está llenando la copa, y si no cambiamos, nos vendrá un castigo muy grande» (18 de octubre de 1961).

Cuatro años más tarde, el Arcángel San Miguel daba el segundo mensaje, de parte de María: «Como no se ha cumplido y no se ha dado mucho a conocer mi mensaje del 18 de octubre, os diré que este es el último. Antes la copa se estaba llenando, ahora está rebosando. Los sacerdotes van muchos por el camino de la perdición y con ellos llevan a muchas más almas. La Eucaristía cada vez se le da menos importancia. Debemos evitar la ira de Dios sobre nosotros con nuestros esfuerzos. Si le pedís perdón con vuestras almas sinceras Él os perdonará. Yo, vuestra Madre, por intercesión del Ángel San Miguel, os quiero decir que os enmendéis. Ya estáis en los últimos avisos. Os quiero mucho y no quiero vuestra condenación. Pedidnos sinceramente, y Nosotros os lo daremos. Debéis sacrificaros más. Pensad en la Pasión de Jesús» (18 de junio de 1965).


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