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Mostrando entradas de marzo, 2015

500° aniversario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús

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El miércoles 28 de marzo de 1515, a las 5 de la mañana, nació Teresa de Cepeda y Ahumada (Santa Teresa) en Gotarrendura, Ávila. Era hija de Don Alonso Sánchez de Cepeda, hijo de Juan Sánchez, un judío toledano, converso y buen comerciante, que se traslada a vivir a Ávila donde se casa su hijo (don Alonso), primero con Doña Catalina del Peso y luego fallecida ella, en segundas nupcias con Doña Beatriz Dávila de Ahumada y de las Cuevas.

Su padre, escribió en su diario las siguientes palabras, el día en que nació su hija Teresa:
“Hoy 28 de marzo de 1515, nació Teresa mi hija, a las cinco de la mañana. Su mamacita Beatriz está cumpliendo en este día sus veinte años. Gobierna el país el rey Fernando el Católico. Regente es el Cardenal Cisneros. Es el según año del Pontificado del Papa León X”.
Es bonito leer lo que dice Santa Teresa de sus padres, y cómo manifiesta su gran admiración y cariño hacia ellos:
“Era mi padre hombre de mucha caridad con los pobres y piedad con los enfermos y aun co…

Cuaresma y Esperanza

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La Primera Lectura (Jer 31, 31-34) del Quinto Domingo de Cuaresma, que meditaremos mañana, nos da pie para reflexionar sobre la esperanza que tenemos los cristianos en el Tiempo Cuaresmal.

«Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva (…).Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y no tendrá que enseñar uno a su prójimo, el otro a su hermano, diciendo: "Reconoce al Señor." Porque todos me conocerán, desde el pequeño al grande –oráculo del Señor–, cuando perdone sus crímenes y no recuerde sus pecados» (cfr. Jer 31, 31-34).
El año pasado, en la Fiesta de Cristo Rey, don José María Iraburu, sacerdote, doctor en teología y escritor, publicó un artículo  en su blog “Reforma o apostasía” titulado “La victoria final de Cristo: Parusía -y II”, en el que, al final, se pregunta lo siguiente:
“¿Hubieran podido los judíos salir de Egipto, y atravesar el desierto cam…

El Sacramento de la Penitencia trae sosiego al alma

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El Evangelio del Cuarto Domingo de Cuaresma (Ciclo B) recoge unas palabras que Jesús dirigió a Nicodemo, en Jerusalén, durante la Primera Pascua de su Vida pública (cfr. Jn 3, 14-21).


Son las siguientes: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se ac…

Los preceptos de la Ley y la sabiduría de la Cruz

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El Decálogo está contenido en dos lugares de la Sagrada Escritura: Ex 20, 1-17 (cfr. Primera Lectura del Tercer Domingo de Cuaresma) y Dt 5, 6-21.

Ningún otro cuerpo legal del Pentateuco se repite dos veces. Esto nos da idea de la importancia que tiene el Decálogo en la Torá.
Efectivamente, como afirma Santo Tomás de Aquino, en los preceptos del Decálogo (los 10 Mandamientos) está recogidos los preceptos de la Ley Natural, tanto los universales como los particulares.
La Ley Natural es la participación de la Ley Eterna en la creatura racional. Dios ha diseñado las leyes morales de su Creación y las ha grabado en la conciencia del hombre. Todo hombre nace con esta especie de “instructivo” impreso en el alma, de modo que tiene en sí, inscrita, la Ley de Dios.
Lo que pasa es que el pecado original ha oscurecido esa Ley en nuestra conciencia y, a veces, no es fácil acertar entre el bien y el mal. Por eso es necesaria la Gracia, que sana nuestra naturaleza caída.
El Decálogo es Ley de libera…