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Mostrando entradas de diciembre, 2014

Palabras de Jesús y de María, al concluir el año

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En este último post del año, quisiéramos aprovechar para transcribir dos mensajes de Jesús y de la Virgen, a Marga (cfr. La Verdadera Devoción al Corazón de Jesús. Dictados de Jesús a Marga, 1ª ed. en México, julio de 2012), que nos pueden ayudar a recomenzar nuestra lucha cristiana con más vigor y confianza en Dios.

Todos los mensajes a Marga, contenidos en los dos volúmenes que se han publicado hasta ahora (cfr. también El triunfo de la Inmaculada. Dictados de Jesús a Marga, Madrid 2012), son profundos y ricos. Pero hay algunos, como los que transcribimos ahora, que tienen una fuerza y una claridad que merece la pena destacar.
Nos parece que nos ayudarán mucho a terminar bien este año 2014 que concluye y comenzar el 2015, con dos características fundamentales de nuestra vida cristiana: a) la necesidad de una nueva conversión (reconocimiento de nuestros pecados y lucha decidida contra el mal) y, b) la paz y la alegría que tenemos porque somos hijos de Dios y confiamos plenamente en…

María, recogida en oración

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Mañana, Cuarto Domingo de Adviento, leeremos en el Evangelio de la Misa el texto de San Lucas sobre la Anunciación de la Virgen (cfr. Lc 1, 26-28).

San Josemaría Escrivá de Balaguer, en Santo Rosario, comienza así el comentario al Primer Misterio Gozoso: “No olvides amigo mío, que somos niños. La Señora del dulce nombre, María, está recogida en oración. Tú eres en aquella casa, lo que quieras ser: un amigo, un criado, un curioso, un vecino... -Yo ahora no me atrevo a ser nada. Me escondo detrás de ti y, pasmado, contemplo la escena".
María es la “Señora del dulce nombre” y está “recogida en oración”. El Adviento es un tiempo en el que podemos imitar a la Virgen y, nosotros también, recogernos en oración.
Ese “recogimiento interior” no impide a la Virgen viajar lejos de su casa para visitar a su prima Isabel —como consideramos en el Segundo Misterio Gozoso, un misterio del tiempo de Adviento también— y estar con ella tres meses sirviendo y ayudando con una caridad activa y dilig…

La Virgen María en el Adviento

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En esta semana hemos celebrado don Solemnidades de Nuestra Madre: la Inmaculada Concepción de María (8 de diciembre) y Nuestra Señora de Guadalupe (12 de diciembre). Hoy es sábado, día de la Virgen, y estamos en Adviento, un Tiempo eminentemente mariano.

A la espera de la Venida del Señor, acudimos a María, para que nos enseñe a prepararla como Ella lo hizo y lo sigue haciendo: con su humildad, su recogimiento, su escucha de la Palabra, su lucha decidida y permanente contra el pecado, su delicadeza de amor y su pureza de alma.
María está siempre muy cercana a cada uno, como se puede ver en sus palabras dirigidas a Juan Diego, el 9 de diciembre de 1531, en el Cerro del Tepeyac: «Yo soy la Siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios, y mi deseo es que se me levante un templo en este sitio, donde como Madre piadosa tuya y de tus semejantes, mostraré mi clemencia amorosa y la compasión que tengo de los naturales y de aquellos que me aman y me buscan, y de todos los que solicitaren mi …

El Adviento y la espera del Retorno del Señor

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El Adviento se divide en dos partes. Los primeros días, la liturgia de la Palabra nos presenta temas relacionados con el Fin de los tiempos y la Segunda Venida de Cristo. A partir del día 17, las lecturas y oraciones se dirigen, más bien, a prepararnos para la venida espiritual de Jesús a nuestras almas, recordando su Primera Venida al mundo.

Jesús no tardará en regresar a la tierra. No sabemos el día y la hora, pero sí podemos observar los signos que Él mismo nos dejó, y también los escritores sagrados.
¿Cuál ha de ser nuestra disposición ante el Retorno del Señor?
Benedicto XVI, en su catequesis del 12 de noviembre del año 2008, nos sugería fomentar tres actitudes ante las realidades últimas. Meditémoslas despacio, en estas próximas semanas del Adviento (las negritas son nuestras).
Primera actitud
La primera actitud es la certeza de que Jesús ha resucitado, está con el Padre, y por eso está con nosotros, para siempre. Y nadie es más fuerte que Cristo, porque Él está con el Padre, …