La ley de la abundancia

Mañana, Domingo XVIII durante el año, la Liturgia de la Palabra se centra en el cuidado que Dios tiene de sus hijos, a quienes nos proporciona todos los medios, en la Iglesia, para alcanzar el Reino de los Cielos.


Lecturas de la Misa:

Is 55, 1-3. Venid y comed.
Sal 144. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores.
Rm 8, 35. 37-39. Ninguna criatura podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo.
Mt 14, 13-21. Comieron todos hasta quedar satisfechos.

El milagro de la multiplicación de los panes y de los peces (ver Evangelio), en el que sobraron doce canastos de comida, es una manifestación de la sobreabundancia de los dones de Dios. Lo mismo sucede con el milagro de la conversión de unos 600 litros de agua en el mejor de los vinos, en Caná de Galilea.

“En la mente de los evangelistas ambos relatos tienen algo que ver con la Eucaristía, figura central del culto cristiano; la presentan así como la abundancia divina que supera infinitamente todas las necesidades y todo lo que legalmente puede exigirse” (J. Ratzinger, Introducción al cristianismo, p. 225).

Jesús hace las cosas como Dios: con magnanimidad. 

Sigamos leyendo el comentario del Card. Ratzinger en Introducción al cristianismo (las negritas son nuestras).

“Los dos relatos, pues, por su carácter eucarístico tienen algo que ver con Cristo y a él remiten: Cristo es la infinita autoprofusión de Dios.

Ambos relatos aluden también, lo mismo que el principio “para”, a la estructura fundamental de la creación en la que la vida produce millones de gérmenes para que nazca un ser viviente; en la creación se reparte todo el universo para preparar un lugar al espíritu, al hombre. La abundancia es el signo característico de Dios en la creación, porque Dios, como decían los Padres, “no reparte sus dones según una medida”.

La abundancia es también el auténtico fundamento y forma de la historia de la salvación que, a fin de cuentas, no es sino el acontecimiento por el que Dios, en su liberalidad incomprensible, no sólo da el universo, sino que se da a sí mismo para salvar a un grano de arena, al hombre. Repitámoslo: la abundancia es la más adecuada definición de la historia de la salvación.

Es absurdo para las personas calculadoras el que Dios deba prodigarse al hombre. Sólo el amante puede comprender lo absurdo del amor; la ley del amor es la entrega, lo suficiente es lo abundante; si es cierto que la creación vive de lo abundante, si el hombre es un ser para quien lo abundante es lo necesario, ¿nos extrañará de que la revelación sea lo abundante y, por eso, lo necesario, lo divino, el amor en el que se realiza el sentido del universo?”.

Por otra parte, el Señor, en el Sermón de la Montaña, nos presenta una meta muy alta a alcanzar, en la vida moral: “Se os ha dicho…, pero yo os digo”. “Porque os digo que si vuestra justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mt 5,2).

Siempre estamos en deuda con Dios. Nunca podemos justificarnos y pensar que ya hemos cumplido bien nuestro deber.

De esta manera, el Señor, al hacernos ver nuestra insuficiencia y su magnanimidad, nos pone en nuestro verdadero sitio: somos mendigos, delante de Dios, pero receptores de su infinito amor. Por eso, aunque somos mendigos, podemos seguir el ejemplo del Señor: ser liberales también nosotros, para dar con generosidad los dones recibidos tan abundantemente.

El Cardenal Ratzinger lo explica bien en su Introducción al Cristianismo: “Quien no es todavía cristiano calcula lo que debe hacer, y en sus artimañas casuísticas aparece con las manos limpias. Quien calcula dónde termina el deber y cómo se pueden prestar servicios excedentes mediante un opus supererogatorium, no es cristiano, sino fariseo. Ser cristiano no significa aceptar una determinada serie de deberes, ni tampoco superar los límites de seguridad de la obligación para ser extraordinariamente perfecto; cristiano es más bien quien sabe que sólo y siempre vive del don recibido; por eso la justicia sólo puede consistir en ser donante, como el mendigo que, agradecido por lo que le han dado, lo reparte benévolamente. Quien calcula, quien cree que él mismo puede lavarse las manos y justificarse, es el no-justificado. La justicia humana sólo se adquiere cuando se olvidan las propias exigencias, en la liberalidad para con el hombre y para con Dios. Es la justicia del “perdona, porque nosotros perdonamos”. Esta oración es la fórmula más adecuada a la justicia humana concebida cristianamente; consiste en perdonar, ya que el hombre vive esencialmente del perdón recibido.

Tan grande es el amor de Dios para los hombres que San Pablo se atreva a afirmar (ver 2ª Lectura) que nada nos podrá separar del amor de Dios, que está en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Reproducimos, a continuación, varios trozos de mensajes de Jesús y de la Virgen a Marga (ver sitios sobre el Tomo Rojo y el Tomo Azul), en los que el Señor y María le hablan de Don de Dios.

24-V-1999 (Virgen): “¡Qué poco conocéis el Amor de Dios, el Don de Dios! ¡A pesar de llamaros «los suyos»! Y si los suyos no le reconocen, ¿quién te reconocerá, oh, Dios mío?

4-IX-2000 (Virgen): Cuidad y proteged a vuestros Sacerdotes, son el máximo don de Dios para vosotros. Rezad por ellos, sostenedlos con vuestras oraciones, dadles vuestro cariño. Por vosotros se entregan, sed fiel rebaño y cariñoso para ellos. Cuidadlos como oro en paño, ¡son mis hijos muy amados! Mi Corazón se derrite de gozo y de agradecimiento, de paz y amor pensando en ellos, en lo que han donado a Dios y en lo que donarán”.

2-VIII-2001 (Virgen): “¿Quién podrá resistirse al Amor de Dios? Nadie, hijos, nadie que lo conozca verdaderamente puede resistirse al Amor de Dios, que excede cualquier amor, que excede todo conocimiento, toda cosa creada, toda persona creada, todo don en el mundo, el don de Dios excede a todo, todo conocimiento, toda creación, el don de Dios es irresistible. Abríos al don de Dios y acoged su Espíritu para que os transforme y podáis transformar al mundo”.

5-VI-2002 (Jesús): “En la Iglesia, cada ser humano -hombre y mujer- es la «Esposa», en cuanto recibe el amor de Cristo Redentor como un don, y también en cuanto intenta corresponder con el don de la propia persona». «En el ámbito del «gran misterio» de Cristo y de la Iglesia todos están llamados a responder -como una esposa- con el don de la vida al don inefable del amor de Cristo, el cual, como Redentor del mundo, es el único Esposo de la Iglesia. En el «sacerdocio real», que es universal, se expresa a la vez el don de la Esposa»”.

14-VIII-2003 (Jesús): “¡Si comprendierais cuál es el don de Dios! ¡Oh, si meditarais más a menudo en la Encarnación!, veríais cómo el Amor de Dios, del Dios Eterno, rezuma por los cuatro costados. Veríais que vuestra realidad de la tierra se encuentra ya redimida. Que brota ya como un surtidor hacia la vida eterna. Veríais... oh, hijos... ¡seríais felices! Os llenaría el gozo y la alegría, vuestra vida cambiaría”.

12-III-2004 (Jesús): “Sí, miraos a vosotros mismos como depositarios de un inmenso don para repartir a los demás. Miraos como cauce de mis Gracias para el mundo, para España”.

1-III-2005 (Jesús): “¿Cómo podréis escucharme, oh, cruel generación que matáis a los profetas? Os envío profetas. Os envío el Don de profecía, que prolifera en estos Días y al cual no hacéis caso y al cuál perseguís hasta dar muerte”.

30-V-2006 (Jesús): “Quienes me acogen. Me aman. Por eso, cada vez que os mando sufrimientos, acogedlos. Agradecedlos como un gran don. Reconoceos así privilegiados míos. Mis elegidos. En quienes me complazco. Cuanto más sufráis, más me amaréis y más os asemejaréis a Mí y a mi Madre.

19-VIII-2007 (Virgen): “Es sólo en la Cruz donde vas a alcanzar gloria. Por tanto, bendíceme por cada cruz que Yo te doy, agradéceme las cruces de tu vida. Míralas como un don de Amor de Dios a ti”.

9-V-2008 (Virgen): “Sí, entre vosotros, los hombres, estáis más unidos de lo que creéis. Yo os pongo en relación unos con otros para que os procuréis vuestro bien. ¡Cuánta gente te agradecerá, Marga, en el Cielo el que tú fueras fiel a este Don!”.

Comentarios

  1. Gracias, me ayuda mucho leer ecos, el día que nos demos cuenta de la fuerza de la unidad, todo ira a mejor....

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