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Mostrando entradas de marzo, 2014

Mirar con los ojos de Dios

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El IV Domingo de Cuaresma nos brinda la ocasión de reflexionar sobre el don de la vista y el peligro de la ceguera espiritual.

Los textos que vamos a meditar son los siguientes:
— 1 Sam 16, 7: “Pero Yahveh dijo a Samuel: "No mires su apariencia ni su gran estatura, pues yo le he descartado. La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero Yahveh mira el corazón”. — Sal 22, 4: “Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado, ellos me sosiegan”. — Ef 5, 8: “En otro tiempo erais tinieblas, ahora en cambio sois luz en el Señor: caminad como hijos de la luz”. — Jn 9, 6: “Dicho esto, escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, aplicó el lodo en sus ojos”.
La vista es uno de los cinco sentidos, con los que Dios nos ha dotado. Quizá es el que más apreciamos, pues ¡qué riqueza supone poder ver!
Pero, además de la vista física, existe una visión espiritual que es más importante, pues con esa v…

El Agua Viva

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Las Lecturas del Tercer Domingo de Cuaresma nos recuerdan que la presencia del Espíritu Santo en nuestras almas nos hace agradables a Dios y es como una fuente de agua que salta hasta la vida eterna.

Los textos de la Liturgia de la Palabra que meditaremos son los siguientes:
— Ex 17, 6-7: “Golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo." Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Aquel lugar se llamó Massá y Meribá”. — Salmo 94, 7-9: “¡Oh, si escucharais hoy su voz!: "No endurezcáis vuestro corazón como en Meribá, como el día de Massá en el desierto, donde me pusieron a prueba vuestros padres, me tentaron aunque habían visto mi obra”. — Rm 5, 5: “El amor de Dios ha sido difundido en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado”. — Jn 4, 13-14: “Todo el que bebe de esta agua tendrá sed de nuevo, pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed nunca más, sino que el agua que yo le daré se hará en él fuente de ag…

La fe de Abraham y la escucha del Señor

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Abraham es nuestro padre en la fe. Yahvé le prometió que sería bendecido su nombre en todos los pueblos de la Tierra. Esta promesa se ha hecho realidad en Jesucristo, el Hijo amado y predilecto del Padre. A Él hemos de escuchar para recibir la misericordia de Dios. Podríamos decir, en resumen, que esta es la idea central de la Liturgia de la Palabra en el 2° Domingo de Cuaresma.

Los textos que vamos a meditar son los siguientes (sacamos un texto breve de cada uno de ellos):
— Gen 12, 1-4ª: “En aquellos días, el Señor dijo a Abraham: –«Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré» (…). Abraham marchó, como le había dicho el Señor. Palabra de Dios”. — Salmo 32: “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti”. — 2 Tim 1, 8b-10: “Desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo; (…) que destruyó la muerte y saco a la luz la vida inmortal, por medio del Evangelio”. — Mt 17, 1-9: “Los cubrió con su so…

Lucha contra las tentaciones

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La Cuaresma es un tiempo de penitencia, es decir, de cambio, de conversión. Durante estos cuarenta días (hasta la Semana Santa) todos los cristianos nos preparamos para la Gran Solemnidad de la Pascua, el día más importante del Año Litúrgico.

Mañana, celebraremos el Primer Domingo de Cuaresma en el que meditaremos, una vez más, en las Tentaciones del Señor. En esta ocasión, lo haremos siguiendo el relato de San Mateo.
Escogemos una selección de los textos que leeremos en la Liturgia de la Palabra:  
—Gen 3, 6: “Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió”. —Salmo 50, 4: “Lávame a fondo de mi culpa, y de mi pecado purifícame”. —Rm 5, 19: “Pues como por la desobediencia de un solo hombre todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos”. —Mt 4, 1: “Entonces fue conducido Jesús al d…

El Don de la alegría

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Las tres lecturas de la Misa, de este VIII Domingo durante el año, nos invitan a reflexionar sobre la confianza y abandono en Dios, y a no preocuparnos ni angustiarnos por lo que sucede en esta vida. Es decir, nos ayudan a elevar la mira, para ver todo con más profundidad: con los ojos de Dios; y a buscar, ante todo, sus cosas y no las nuestras. Así estaremos siempre alegres.

La 1ª Lectura, de Isaías (49, 15)  nos recuerda la Providencia de Dios: “¿acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido”.
Se ha dicho que el Gran Pecado del Aborto “es una prefiguración del infierno y de la condenación eterna” (El Triunfo de la Inmaculada. Dictados de Jesús a Marga, Madrid 2012, p. 200). Una madre puede rechazar al hijo de sus entrañas, pero Dios nunca dejará a sus hijos. Y nosotros somos sus hijos.
Podemos confiar plenamente en la Providencia de Dios. No pasa nada sin que Él no lo encauce para nuestro b…