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Mostrando entradas de febrero, 2014

Llamada a la santidad

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En esta ocasión, meditaremos algunos textos de las Lecturas de este VII Domingo durante el año. Todos ellos nos orientan a reflexionar sobre la llamada universal a la santidad, proclamada por el Concilio Vaticano II y, particularmente, por San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei.

Los textos que meditaremos son los siguientes:
—“Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo” (Lev 9, 1-2).  —“El Señor es compasivo y misericordioso” (Salmo 102).  —“Hermanos: ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? (…). Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios” (1 Co 3, 16-23).  —“Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 38-48).
San Pablo escribe a los discípulos de la ciudad de Éfeso, y les recuerda que “ante constiutionem” —antes de la formación del mundo, antes de la Creación—, Dios nos eli…

Ley Moral y Conciencia

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En el texto del Evangelio que leeremos mañana, Domingo VI durante el año, Jesús continúa su enseñanza moral. Desde el “monte de las bienaventuranzas”, el Señor se dirige a un numeroso gentío. La predicación de Cristo es clara y atractiva. Tiene frescura y novedad, pero hunde sus raíces en la tradición de Israel.

Recordemos que Nuestra Señora de Garabandal, en su primer mensaje, dijo a Conchita: “Hay que hacer muchos sacrificios, mucha penitencia. Tenemos que visitar al Santísimo con frecuencia. Pero antes tenemos que ser muy buenos” (18 de octubre de 1961). Es decir: tenemos que vivir la Vida en Cristo; tenemos que aprender la moral cristiana, el arte de vivir según Jesucristo.
No ha venido a abolir la ley, sino a cumplirla. Moisés había recibido de Yahvé las Tablas de la Ley, el Decálogo, y lo había entregado al pueblo de Israel, que lo custodiaba como un gran tesoro. Los Diez Mandamientos nunca pasarán de moda. Son fiel reflejo de la Ley Natural, que Dios Creador ha inscrito profun…

Sal de la tierra y Luz del mundo

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La lectura del Evangelio, en los cuatro próximos domingos, será un texto del Sermón de la Montaña. San Mateo, después de haber hecho, en el capítulo 4° de su Evangelio, un resumen de la figura de Jesucristo (del contenido esencial de su predicación: “convertíos porque el reino de los cielos está cerca”; de su propósito de fundar la Iglesia, con la elección de los Doce; y de su misión de redentor, manifestada por medio de los milagros que lleva a cabo), se detiene en los siguientes tres capítulos (5°, 6° y 7°) a mostrar la enseñanza moral del Señor, en forma de sermón.

Jesús, rodeado de sus discípulos (todos aquellos que quieran escuchar su Palabra y seguirle), se sienta, como un nuevo Moisés, en el monte (su lugar preferido para hacer oración y dirigirse a su Padre). Desde el monte enseña con autoridad (cfr. Benecito XVI, Jesús de Nazaret I, El Sermón de la Montaña).
Todo el ambiente refleja la paz y belleza de Dios: la brisa suave y silenciosa que sintió el profeta Elías en el mont…

Purificación: como la plata en el crisol

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Mañana, domingo 2 de febrero, celebramos en la Iglesia una fiesta litúrgica que tiene dos nombres: “La Presentación de Jesús en el Templo” y “La Purificación de Nuestra Señora”.

Hoy nos fijaremos más en el segundo aspecto de la fiesta: la Purificación de la Virgen, como invitación a nuestra propia purificación. 
Como leemos en el Evangelio de la Misa (cfr. Lc 2, 22-40), María y José tenían cumplir una doble prescripción de la Ley de Moisés: la purificación de la madre y la presentación y "rescate" del primogénito. Ambos ritos estaban unidos en la vida de las familias israelitas (cfr. Lv 12, 2-8; Ex 13, 2.12).
María, que es Inmaculada, se somete a la ley como si estuviera inmunda. “¡Purificarse! ¡Tú y yo sí que necesitamos purificación! –Expiar, y, por encima de la expiación, el Amor. Un amor que sea cauterio, que abrase la roña de nuestra alma, y fuego, que encienda con llamas divinas la miseria de nuestro corazón” (San Josemaría Escrivá de Balaguer, Santo Rosario, 4° Mist…