Dos cartas de Conchita de Garabandal a los jóvenes

En agosto de 1970 y de 1972, Conchita, la vidente de Garabandal, escribió dos cartas a grupos de jóvenes franceses que visitaron el lugar de las apariciones. Ahora, aún reciente la Jornada Mundial de la Juventud, en Río de Janeiro, transcribimos esas dos cartas, escritas desde Garabandal, que contienen un rico y profundo mensaje, no sólo para los jóvenes de hace cuarenta años, sino para todos los jóvenes de todas las épocas. Destacamos algunas frases con negritas.


Carta del 24 de agosto de 1970

Queridos jóvenes franceses:

De vosotros la Virgen desea ayuda para convertir al mundo y evitar la ira de Dios sobre nosotros pecadores.

Ella confía en vosotros para que con vuestro ejemplo y abnegación seáis modelos para los demás jóvenes que no han tenido las gracias que vosotros tenéis de oír los Mensajes de la Virgen. Ella os pide mucho espíritu de penitencia, sacrificio y oración. Sin estas armas nada podemos hacer.

No es mucho el tiempo que tenemos, pero sí lo suficiente para evitar el gran castigo y contentar al Corazón Sagrado de Nuestra Madre.

Es en el Santísimo Sacramento donde encontraréis las suficientes fuerzas para emprender esta vida que la Virgen os está constantemente pidiendo: Ir a menudo al Santísimo, vaciar vuestro corazón de las cosas mundanas que no os dejan escuchar a Dios.

Si esto hacéis empezaréis a vivir la vida feliz, porque sólo la felicidad que nunca habéis sentido la encontraréis en la entrega a Dios y a la Virgen.

Pedid unos por otros, para vosotros mismos, pedidle a la Virgen. Pedidla con fe y confianza. Ella os dará todo lo bueno para vosotros.

Y ahora para mí y mis amigas os pido roguéis a Dios y a la Virgen para que seamos humildes y sacrificadas y todos juntos pensemos más en la Pasión de Jesús, para olvidarnos de nosotros mismos.

En unión de oraciones, y que un día para siempre nos podamos encontrar en el Cielo para ya ser eternamente felices.

Conchita González.

Carta del 15 de agosto de 1972

Quiero dirigiros estas palabras queridos amigos del grupo de los jóvenes franceses con la única intención de ayudaros en vuestra vida espiritual, del mismo modo que vosotros me ayudáis.

Habéis venido aquí por la gracia de Dios, pues la Virgen ha escogido a cada uno de vosotros. Quizá no se repita esta ocasión y a causa de esto sea necesario aprovecharla al máximo.

Esforzaros en emplear bien el tiempo que estéis aquí de tal manera que podáis hacer de toda vuestra vida una vida de oración y sacrificio. Sabéis bien que en esta vida no se puede caminar sin oración ni sacrificio, es decir, no podéis llegar allá donde vuestro Padre Dios os espera.

La Virgen os pide oración y sacrificio, visitas a la Eucaristía, respeto a la Iglesia, al Santísimo y, sobre todo, una gran confianza cuando pidáis a la Santísima Virgen; una gran fe, ésta, si no la tenéis, debéis pedírsela y Ella os la concederá.

Quiero deciros también que la vida es corta y quizá cuando tengáis más años echaréis de menos los años perdidos durante los cuales no habéis correspondido a la gracia de Dios. Quiero pediros, como la Virgen nos lo pidió, que cumpláis y hagáis cumplir el Mensaje.

Todos nosotros nos acordamos:

"Es necesario hacer muchos sacrificios, consagrar mucho tiempo a la penitencia, a la oración y a las visitas al Santísimo".

Aún os digo otra cosa; debéis rezar mucho por los sacerdotes, muchos de ellos no siguen el camino que Dios les pide; a menudo es culpa nuestra por falta de oración, de sacrificio, de buen ejemplo que deberíamos darles.

Os digo que os sacrifiquéis durante el periodo que estéis aquí; yo también os digo, como la Virgen lo ha dicho aquí, que estamos en los últimos tiempos, actualmente estamos "muy" en los últimos tiempos.

Por ello procuraremos cumplir al máximo lo que la Virgen nos dice; nos esforzaremos por hacer lo que podamos en reparación de aquellos que no hacen el bien, a fin de reparar por los que van por el mal camino.

Tú que escuchas estas palabras escucha a Dios que habla en tu alma, sigue la voz de tu conciencia. Párate tan solo algunos minutos cada día para pensar lo que tú has hecho de mal, lo de bueno que no has hecho y también lo de bueno que has hecho; pídele perdón por el mal que has hecho y por el bien que negligentemente no has hecho y reemprende tu vida de cristiano.

Pide la gracia a la Virgen.

Os pido que recéis mucho y que os sacrifiquéis durante el tiempo que estéis aquí en este pueblo. Quiero deciros también que la única felicidad que existe en la vida es hacer lo que podamos por el amor de Dios, esto es la única felicidad; en esta vida no existe ninguna felicidad, sólo se encuentra en el Cielo la felicidad.

Todos sabemos que venimos aquí en peregrinaje; nuestra vida es un peregrinaje hacia la casa de Dios y a causa de este peregrinaje por ningún motivo debemos mirar atrás nuestro.

Por todo el mal que hemos hecho pidamos perdón a Dios y la Santísima Virgen nos lo obtendrá. Debemos siempre mirar hacia adelante. Pensad a menudo que cada instante de nuestra vida la Virgen nos ve, ella nos escucha, es decir, cuando hacemos el mal, Ella nos ve, pero igualmente cuando hacemos el bien.

Rezad también cuando vayáis a hacer cualquier cosa y antes de hacerla preguntaros: ¿Lo haría la Virgen? ¿Qué es lo que la Virgen haría? Puede suceder que en este momento en que vayáis a hacer el mal, os apartéis de él.

También quiero deciros que la Virgen ha prometido un milagro aquí y que dicho milagro tiene por fin nuestra conversión. Este milagro se hará para que veamos el amor que Dios nos tiene.

Quiero deciros también que antes vendrá un aviso que es como un castigo que no martirizará el cuerpo, pero que hace sufrir, y después, si nosotros no cambiamos con estas cosas que son ya los últimos avisos que Dios nos envía, si no cambiamos nos vendrá un castigo.

Este castigo es para castigamos por el bien que no hemos hecho, por el mal que hemos hecho y también este castigo nos hará sufrir mucho, de tal modo que sería mejor estar muerto que pasarlo.

Así pues para vosotros que escucháis esto es necesario procurar por todos los medios de evitar este castigo, no tan solo para vosotros, sino para que nadie sea castigado.

No pidamos siempre por nosotros, ofrezcamos para no pensar sólo en nosotros mismos, sino que lo hagamos en nuestro vecino, en nuestro amigo; también en aquel que está allá abajo, a lo lejos, al que no conocemos pero que existe.

Y ahora para terminar, quiero que recéis por mí a fin de que yo corresponda a las gracias de la Virgen como Ella quiere, para que yo tenga más espíritu de sacrificio y oración, para que mi felicidad sea solamente el "amor a Dios", hacer el bien a las almas y aceptar con alegría todo lo que Dios me envíe, sea bueno o desagradable, sin tener en cuenta mis deseos, que sea como El quiera.

Pedid por mí y yo pediré por vosotros. Y os pido también que deis gracias a Dios por haberos conducido aquí y de haberos dado esta oportunidad de rezar y de estar más cerca de la Virgen.

Ella está aquí al mismo tiempo que se encuentra en Francia, como también está en todos los lugares donde os encontréis; pero de una cierta forma Ella está aquí. Ella ha venido aquí por alguna cosa y por esto es necesario agradecerle esta gracia que Ella nos ha dado.

Agradecérselo a través de la oración, el sacrificio, procurando también ahora, cuando regreséis, hacer el bien a todos los que volváis a encontrar. No tengáis vergüenza, procurar hacer todo el bien que podáis hablando de la Virgen, rezando y sacrificándoos.

Y ahora nada más; en unión de oraciones espero que un día nos veremos en el Cielo con la Santísima Virgen y con Dios Nuestro Señor.

Conchita González.

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