martes, 2 de julio de 2013

Primera aparición de la Virgen en Garabandal

Como ya recordamos en un post anterior, el primero en aparecerse a las niñas de Garabandal fue el Arcángel San Miguel, el 18 de junio de 1961. Al día siguiente, las cuatro videntes volvieron a la Calleja, con el deseo de verlo de nuevo, pero no se les apareció. 


En los días sucesivos, San Miguel se les apareció varias veces al final de la tarde, sonriente pero sin hablarles, con el fin de prepararlas para la primera venida de la Virgen María, que ocurriría en la tarde del domingo 2 de julio de 1961, hoy hace cincuenta y dos años.

Como la noticia de que las niñas veían al ángel, y había muchos comentarios en el pueblo, Don Valentín Maricharlar, párroco de Cosío y Garabandal, que llevaba ahí desde 1942 y había bautizado a las cuatro niñas y les había dado la Primera Comunión, quiso hablar con cada una con el fin de preparar un informe para el Obispo de Santander. 

El día 21 de julio, por primera vez, varias personas vieron a las niñas en éxtasis, y quedaron muy conmovidas. Y el día 1 de julio, el Arcángel San Miguel, rompiendo el silencio de días atrás les dijo: “Vengo a anunciaros la visita de la Virgen, bajo la advocación de la Virgen del Carmen, que se os aparecerá mañana domingo”. Las niñas disfrutaron de la conversación con Él durante un éxtasis de dos horas. Conchita comentó que “ese día nos habló de muchas cosas”. 

Veamos ahora cómo fue esa primera aparición de Nuestra Señora, y sigamos el relato escrito en "Con Voz de Madre".

Como la noticia se había divulgado por los alrededores, ese primer domingo de julio acudieron al pueblo mucha gente, deseosa de ver lo que allí decían que iba a pasar. Entre esa gente había varios sacerdotes y médicos. La aparición se produjo a la tarde. Así lo cuenta Conchita en su Diario (p. 29) (Cfr. EUSEBIO GARCÍA DE PESQUERA, Se fue con prisas a la montaña. Los hechos de Garabandal, parte I, cap. III, donde describe con detalle lo ocurrido): “Nos fuimos para la Calleja, a rezar el rosario; y sin llegar allí, se nos apareció la Virgen con un ángel a cada lado. Uno era San Miguel; el otro, no sabemos. Venía vestido igual que San Miguel: parecían mellizos”. Años después Jacinta comentó que ellas no supieron que el Ángel de sus apariciones era el Arcángel San Miguel hasta que se lo dijo la Virgen este día 2 de julio. También dijo que el otro Ángel era San Gabriel. Permanecieron largo rato en éxtasis en conversación íntima y sencilla con Ella. Conchita lo explica así: "Ese día hablamos con la Virgen mucho, y Ella con nosotras: le decíamos TODO... y Ella se reía porque le decíamos tantas cosas... Era como una madre, a la que hace mucho que no la ve su hija, que ésta le cuenta todo. ¡Y mucho más nosotras, que no la habíamos visto nunca, y que era nuestra Madre del cielo!". Esta forma de proceder sería la de las sucesivas apariciones.

En esta primera aparición hubo gran conmoción en los testigos presenciales. Muchos creyeron. El lunes 3 y el martes 4 de julio también se apareció la Virgen. Esta última fue de mucha importancia, porque la celestial Señora les reveló un mensaje “para que vosotras el 18 de octubre se lo digáis al público”, explicó. “Y nos lo dijo", añade Conchita en su Diario. Más adelante lo comentaremos. 

Con frecuencia, después de caer en éxtasis, se dirigían por una ladera de mucha pendiente al lugar llamado los Pinos, un pequeño pinar en un cerro sobre la aldea. Los Pinos se ha convertido en uno de los lugares emblemáticos de Garabandal, ya que las niñas anunciaron que allí quedará una Señal sobrenatural, permanente y visible, del Milagro anunciado por la Virgen. Son nueve pinos, sin ningún otro árbol a su alrededor, y es lo primero que se ve de San Sebastián –junto con la capillita de San Miguel Arcángel– cuando empieza a subirse desde Cosío. Es precisamente en estos pinos donde se construirá una capilla en honor de San Miguel Arcángel, distinta de la capillita actual.

Conchita contó en octubre de 1966 algunos detalles a la Madre María Nieves García, directora en Burgos del colegio a donde se trasladó Conchita en ese año: "Hablábamos con Ella de todo, hasta de nuestras vacas... Se reía mucho. También jugábamos. ¡Qué felices éramos entonces! No sufríamos nada, aunque alguien se metiera con nosotras... Parecía como de 17 años”. En su Diario describe cómo era María: "La Virgen viene con el vestido blanco; el manto, azul; una corona de estrellucas doradas; no se le ven los pies; las manos (brazos), estiradas, y el escapulario en la derecha: el escapulario es marrón, el pelo, largo, color castaño oscuro, ondulado, raya en el medio; la cara, alargada; la nariz, también alargada, fina; la boca, muy bonita, con labios un poquito gordos; el color de la cara, trigueño, más claro que el del ángel, diferente; la voz, muy bonita..., una voz muy rara, no sé explicarla: ¡no hay ninguna mujer que se parezca a la Virgen, ni en la voz, ni en nada!; algunas veces trae al Niño en brazos, muy chiquitín, como un nene recién nacido, una carina redonda (de color, como la Virgen), una boquina pequeña, y pelín un poco largo...; el vestido, como una túnica azul". Después se hicieron bocetos siguiendo la descripción de las videntes que, lógicamente, no pueden reflejar plenamente la hermosura de la Santísima Virgen. Doña Isabel de Daganzo, pintora santanderina, siguiendo las indicaciones de Conchita y bajo su dirección, hizo un boceto de Nuestra Señora del Carmen de Garabandal, del que ha salido la imagen que se venera en la capilla de San Miguel en Garabandal y se ha reproducido en estampas de color para el uso de los fieles. Esta imagen es la que aparece en la portada del libro. Cuando Doña Isabel le presentó el boceto Conchita le hizo algunas observaciones: “Tu Virgen está bien; sólo tienes que hacerle el vestido más airoso. No había nubes: sólo LUZ... A veces sonreía tanto, que se le veían los dientes. El cabello lo tenía algo más ondulado. Las flores del vestido eran como bordadas en blanco... El escapulario, todo de una pieza, y algo mayor”.

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