Apariciones marianas en Amsterdam

Los mensajes de la Virgen de Ámsterdam tienen un lugar propio en la historia de las apariciones marianas, precisamente porque en nuestra época María viene con un nuevo título de Señora de todos los Pueblos, y pide también que se declare el quinto dogma mariano, reconociendo a Nuestra Señora como Corredentora, Medianera y Abogada (cfr. Pueblo de María, Con Voz de Madre, pp. 64 a 85, y "La Señora de todos los Pueblos"). 


Estas apariciones han acaparado la atención en los últimos años. Se ha creado un movimiento en la ciudad de Ámsterdam en torno a la Señora de Todos Los Pueblos y cada 31 de mayo numerosas personas provenientes de todos los continentes se reúnen para celebrar el Día Internacional de Oración en Honor de la Santísima Virgen bajo esa advocación.

El 25 de marzo de 1945, la Santísima Virgen se apareció a una sencilla mujer, Ida Peerdeman (†1996), que vivía en Ámsterdam con sus hermanas. Esa fue la primera de 56 apariciones que ocurrieron entre los años 1945 y 1959. Ida lo describe así: “Era el 25 de marzo de 1945, fiesta de la Anunciación. Mis hermanas y yo estábamos sentadas, charlando en nuestra sala, alrededor de una salamandra. La guerra todavía continuaba, y era el año de aquel terrible ‘invierno de hambre’. El padre Free (su director espiritual) andaba por la ciudad y pasó brevemente a saludar (…). Estábamos en plena conversación, cuando de repente –hasta el día de hoy no entiendo ni cómo ni por qué- me sentí con ganas de ir al cuarto contiguo. Miré en esa dirección y vi que se acercaba una luz. Me dije: ¿de dónde bien esa luz? ¡Y qué curiosa es! Me puse de pie y sentí la necesidad imperiosa de ir hacia allá. Allí en la esquina del cuarto vi que la luz se acercaba. La pared desapareció ante mis ojos (…) se abrió un océano de luz y un espacio vacío. Y saliendo de él, vi de repente una figura que venía hacia mí, una figura real, con forma de mujer (…). Pensé: debe ser la Santísima Virgen; no puede ser otra cosa. Entonces, de golpe, la figura comenzó a hablarme. Me dijo: “Repite lo que yo digo”. Así pues, comencé –hablaba muy lentamente- a repetir palabra por palabra lo que ella decía (…) el padre Free (le dijo a una de mis hermanas: ‘Escribe lo que dice’ (…)”.

En todas las apariciones que siguieron, los mensajes fueron recibidos del mismo modo por la vidente y luego transcritos por uno de los presentes.

Los mensajes se pueden dividir en tres partes: (ver mensajes)

1) En los primeros veinticinco mensajes (1945-1950), la Señora muestra sobre todo un impresionante panorama del mundo y de la Iglesia en la segunda mitad del siglo XX.

2) El 1º de noviembre de 1950 el Papa Pío XII proclamó el dogma de la Asunción de María. Los mensajes toman entonces un nuevo giro. Gradualmente se revela la plenitud del mensaje que Ella nos trae, como Señora de todos los Pueblos, y se despliega el gran plan con el que desea salvar al mundo. En ellos nos da su oración y su imagen, y la Señora habla ampliamente del último dogma mariano, el de María Corredentora,
Medianera y Abogada.

3) A partir de mayo de 1954 la Señora se aparece cada año el 31 de mayo. Finalmente, el 31 de mayo de 1959, en una grandiosa visión, la Señora se despide con un adiós celestial, como se recoge en 6.3 c).

Oración (palabras de la Virgen) 

"Hija, esta oración es tan breve y sencilla que cada uno puede decirla en su propia lengua, ante su propia cruz. Y los que no tengan una cruz, pueden rezarla a solas. Éste es el mensaje que hoy precisamente quiero dar, porque ahora vengo a decir que quiero salvar las almas” (11.02.1951).

Señor Jesucristo,
Hijo del Padre,
manda ahora tu Espíritu sobre la Tierra.
Haz que el Espíritu Santo habite
en el corazón de todos los pueblos,
para que sean preservados
de la corrupción, de las calamidades
y de la guerra.
Que la Señora de todos los Pueblos,
la Santísima Virgen María,
sea nuestra Abogada.

El Obispo de Haarlem-Ámsterdam, Mons. Jozef Marianus Punt, ha confirmado la autenticidad de las apariciones de la Señora de todos los Pueblos: “Observando así todos estos consejos, testimonios y acontecimientos, y bajo profunda oración y reflexión teológica, he llegado a la conclusión de que las apariciones de Ámsterdam son de origen sobrenatural. ... Francamente estoy convencido que la devoción a la Señora de todos los Pueblos puede ayudarnos a encontrar el buen camino en medio de la dramática situación de nuestro tiempo; el buen camino hacia una nueva y especial venida del Espíritu Santo, que es el único que puede sanar las grandes heridas de nuestro tiempo”.

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