¿Por qué renuncia el Papa?

En una entrada precedente, escribíamos que "cuando algo pasa en Roma los misterios se multiplican". Roma, la Ciudad Eterna, es un lugar lleno de misterios. Dios la ha elegido para ser cuna del Imperio Romano, que tanto ha influido en la historia de la humanidad, y sede del sucesor de Pedro. 

Ahora, de una manera patente para todos, nos hemos topado nuevamente con el misterio, al escuchar el anuncio de la renuncia de Benedicto XVI a su ministerio petrino. El Papa decidió hacerlo en una reunión de Cardenales, señalando que el motivo principal es su incapacidad para dirigir la Iglesia en estos momentos, y dándonos a conocer su deseo dedicar el resto de su vida a la plegaria.

 

Vittorio Messori, gran conocedor del Papa, desde aquella entrevista que le hizo en los años ochenta (Informe sobre la Fe), ha escrito sus primeras reflexiones sobre esta noticia tan sorpresiva para todos (cfr. el artículo completo en Religión y Libertad).

De una manera atractiva y sugerente, Messori se hace cuatro preguntas. Son interrogantes que seguramente nos hemos planteado también nosotros, y que nos pueden ayudar a conocer y comprender mejor la decisión de Benedicto XVI. Las tres primeras preguntas tienen que ver con lo que dijo el Papa el 11 de febrero a los Cardenales. La cuarta pregunta va más al fondo.  

En primer lugar, nos gustaría saber por qué escogió el Papa el 11 de febrero para comunicar su decisión. La razón -dice Messori- seguramente tiene que ver con que ese día se celebra a la Virgen de Lourdes y, además, es el Día Mundial del Enfermo. El Papa, en su breve discurso, dijo lo siguiente: «He llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino». Y también: «El vigor tanto del cuerpo como del espíritu, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado». Como bien dejaron escrito los antiguos literatos romanos "senectus ipsa est morbus", "la vejez es ya una enfermedad". 

En segundo lugar, nos preguntamos por qué decidió el Papa anunciar su renuncia ante un grupo de Cardenales. Vittorio Messori nos explica que probablemente se debe a que San Celestino V -que es el único Papa en la historia, antes de Benedicto XVI, que renunció de manera formal, es decir, no por otras causas (como violencias o por necesidades externas de otro tipo)-, cuando decidió dejar su ministerio, preguntó si bastaba con marcharse de Roma. En esa época le aconsejaron que podría informar su decisión ante un grupo de Cardenales, y así lo hizo. 

En tercer lugar, quisiéramos también saber por qué escogió el Papa, como lugar de su retiro, el ex-monasterio "Mater Ecclesiae" dentro de los muros del Vaticano. La respuesta de Messori es clara: el Papa quiere rezar. "El corazón de la Iglesia no está donde se proyecta, se administra o ser gobierna, sino donde se reza". Es verdad que se puede rezar en todos sitios, también durante el trabajo, en la vida familiar y social, en el descanso... Todo depende de que tengamos presencia de Dios y le ofrezcamos todo lo que hacemos, con deseo de agradarle siempre.

Sin embargo, también es cierto que, a veces, si es posible (por ejemplo, cuando las fuerzas decaen), se siente uno empujado a estar más tiempo con Jesús, en la Eucaristía...; hay una como necesidad del alma de vivir inmersos en Dios, sin que nada nos distraiga. El Papa puede hacerlo, ha visto en su oración que Dios quiere eso de él. Siempre lo ha anhelado. Pues bien, alegrémonos de que haya decidido servir a la Iglesia de ese modo tan admirable, y siga muy metido en el corazón de la Iglesia desde su silencio meditativo, que será un gran bien para toda la humanidad.

Y aquí llegamos a la última pregunta que todos nos hacemos (también Vittorio Messori): ¿no sería más agradable a Dios que el Papa confiara en la gracia que tiene y, aunque esté enfermo (como también lo estaba Juan Pablo II) permaneciera en la vocación a la que ha sido llamado (1 Co 7, 17) -es decir, su ministerio petrino- hasta el final, sin bajarse de la Cruz (como dijo el Arzobispo de Cracovia, Mons. Stanilsaw Dziwisz) en una declaración, que luego matizó, mostrando su adhesión al Papa)?

Vittorio Messori apela a la libertad cristiana para solucionar la duda. Juan XXIII decía con frecuencia: "in dubiis libertas, in necesariis unitas, in omnibus caritas", "en las cosas dudosas libertad, en las necesarias unidad y en todas caridad". El Papa hace uso de la libertad que le da su conciencia y el Derecho de la Iglesia, que prevé la posibilidad de que un Papa renuncie a su ministerio sin que tenga que dar explicaciones de las causas que le llevaron a esa decisión.

El Papa lo ha viso delante de Dios y ha decidido que eso es lo mejor para la Iglesia, en estos momentos. Puede haber otras razones, que o conocemos, de la renuncia del Papa. Por ejemplo, las "sombras del Vaticano", los "lobos" de los cuales él deseaba no huir al comienzo de su pontificado... (ver artículo de José María Zavala en Religión y Libertad). Pero no hay que preocuparse demasiado de todo esto porque "quien se preocupa demasiado por la difícil situación de la Iglesia, demuestra no haber entendido que esta pertenece a Cristo. A Él toca dirigirla y salvarla" (ver artículo de Messori). Dios, de los grandes males saca grandes bienes. Nosotros no somos más que siervos inútiles ("Servi inutiles sumus, quod debuimus facere fecimus": cfr. Lc 17, 10) y lo que el Señor nos pide es que cumplamos cada uno nuestro deber, lo mejor posible: como lo ha hecho el Papa, con humildad, hasta el final.

"Ahora, confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice" (Discurso del Papa, 11 de febrero de 2013).

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