"Pero antes tenemos que ser muy buenos"

El 18 de octubre de 1961, en Los Pinos (San Sebastián de Garabandal), a las 9 de la noche, se leyó el primer mensaje de la Virgen al mundo. Nuestra Señora pedía hacer muchos sacrificios y penitencia, visitar con frecuencia al Santísimo, "pero antes decía tenemos que ser muy buenos". Si no lo hacemos nos vendrá un castigo.

Photo: Summer storm in the Peak District

Una multitud había acudido a la cita, anunciada previamente por las niñas. Para muchos, que no comprendieron la hondura del mensaje en su sencillez–, las palabras leídas fueron una decepción. 

Albrecht Weber explica, en su libro en alemán "Garabandal, der zeigefinger gottes", lo qué quieren decir esas palabras de la Virgen. En concreto, el "pero antes tenemos que ser muy buenos" significan que, antes que nada, lo que Dios nos pide es que guardemos sus mandamientos, que nos alejemos del pecado, que llevemos una vida recta, que cumplamos la voluntad de Dios en todo. En otro lugar, este autor afirma que Conchita le confirmó que está conforme con el sentido que da a esas palabras (cfr. Pueblo de María, Con Voz de Madre. Saber escuchar, p. 154).

Es muy significativo que en los mensajes de Jesucristo o de María a videntes actuales (por ejemplo, Maria Divine Mercy, Jabez, etc.), también se da un gran relieve a la necesidad de ser obedientes, de escuchar con total docilidad sus palabras, y de aceptar la Voluntad de Dios cada mañana. 

Hoy, leíamos en la Liturgia de la Palabra, de la Santa Misa, un texto de la Carta a los Hebreos (10, 1-10): "Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad" (palabras atribuidas al Hijo), que están tomadas del Salmo 40. También leíamos las palabras de Jesús en el Evangelio (Mc 3, 31.35): "El que cumple la voluntad de Dios es mi hermano y mi hermana y mi madre".

Podemos decir que hay como tres etapas en el cumplimiento de la voluntad de Dios, para ser buenos, que ilustraremos con tres textos de San Josemaría Escrivá de Balaguer.

1°) Aceptarla. Aceptar la Providencia de Dios, su Plan sobre nuestra vida. Todo es bueno. Todo es gracia. Así seremos cada vez más buenos, viviendo plenamente identificados con lo que Dios quiere para cada uno. Aceptar la voluntad de Dios especialmente en los momentos de tribulación. La bondad a los ojos de Dios está, principalmente, en acoger con espíritu de obediencia todo lo que el dispone en nuestra vida, aunque a veces no lo entendamos del todo.
Camino 691. ¿Estás sufriendo una gran tribulación? –¿Tienes contradicciones? Di, muy despacio, como paladeándola, esta oración recia y viril: 
"Hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada la justísima y amabilísima Voluntad de Dios, sobre todas las cosas. –Amén. –Amén." 
Yo te aseguro que alcanzarás la paz.
2°) Cumplirla. Una vez que hemos visto, en conciencia, con la cabeza, lo que Dios nos pide, hay que hacerlo, y hacerlo bien. El cumplimiento fiel de nuestro deber es fuente de bondad, de santidad. La bondad que Dios nos pide es objetiva, es decir, es saber salir de nosotros mismos para obedecer sus mandatos y confiar plenamente en que Él nos guía siempre hacia la Verdad. 
Camino 815. ¿Quieres de verdad ser santo? –Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces.
3°) Amarla. No basta con cumplir el deber. Podríamos hacerlo de una manera "ordenada" y "confortable", pero quizá "fría", es decir, sin tener en cuenta que "el Espíritu sopla donde quiere" (Jn 3, 8).  Hay que poner el corazón en lo que Dios quiere de nosotros y nos pide "hoy y ahora"; estar abiertos al misterio, a lo imprevisto; ser flexibles para adaptarse al ritmo de Dios, para amar a quien pase a nuestro lado y lo necesite. La caridad sobrepasa la justicia. Todo esto implica tomar la Cruz con alegría.
Surco 795. Lo que se necesita para conseguir la felicidad, no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado.
El próximo sábado, 2 de febrero, tenemos la oportunidad de meditar, una vez más, el misterio de la Presentación del Niño en el Templo y de la Purificación de Nuestra Señora. Vemos a la Virgen someterse alegremente a la Ley, escuchar asombrada las palabras proféticas del anciano Simeón, quedarse pensativa ante el anuncio de que una espada atravesaría su alma (cfr. Lc 2, 35), para aceptar con gozo la voluntad de Dios sobre Ella. 

Comentarios

  1. Hola soy de Guadalajara, Jalisco. Me firmé en el grupo de oración por internet de María Divine Mercy... El testimonio que está ahí es tuyo? Si es asíSería grandioso poder contactarnos, es difícil hablar de estos mensajes a quien no te comprende o no quiere comprender... Saludos!

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    1. Hola Susana. Si te refieres al testimonio sobre las visitas que hice con mi familia a Garabandal, durante el verano de 1962, sí, el testimonio es mío.
      Si quieres, para comentar los mensajes, puedes escribirme a: vcanos@gmail.com

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